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Sermones sobre la epístola de Santiago

La conducta del creyente

Pedro Puigvert

 

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La conducta del creyente (Stg. 5:12-20)

El v. 12 no parece que tenga relación directa con el contexto precedente, sino que a partir de este v., hasta el final de la epístola, tenemos una serie de preceptos sin conexión lógica entre sí. Por eso, estas instrucciones debemos verlas a la luz de la grandeza de Dios, cuyos atributos son la justicia, la inmutabilidad y la fidelidad. Lo que Santiago dice aquí es un eco de la enseñanza de Jesús sobre la justicia en el sermón del monte (Mt. 5:34-35). No se trata del juramento como fórmula en las relaciones privadas, sino que Santiago insta al deber de decir la verdad o hablar con veracidad. Con una afirmación es suficiente. El cristiano no necesita jurar por nada grande para apoyar lo que dice, con un sí o un no es suficiente.

1. Los estados de ánimo y la enfermedad (vv. 13-16)

    1.1. El valor de la oración (v.13). Todo tipo de sufrimiento o de gozo en la vida del cristiano debe transformarse en oración o en cántico. Las emociones que expresan nuestros sentimientos, pueden llegar a convertirse en un peligro porque el enemigo puede tomarlas y hacernos caer. La oración y la alabanza son nuestras armas para defendernos de sus ataques.

    1.2. Fortaleza en tiempos de aflicción (vv.14-15). El enfermo puede llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él, ya que forma parte de su ministerio (Hch. 6:4). Estas oraciones pueden acompañarse de la unción con aceite en el nombre del Señor. No se dice nada del don de sanidades, ni que el aceite actúe de una manera milagrosa, aunque en aquella época podía tener propiedades medicinales, pero simbólicamente alude al Espíritu Santo. Santiago se refiere a un aspecto de la enfermedad, aquella que tiene su origen en el pecado. Esta relación entre enfermedad y pecado está también presente en el ministerio de Jesús (Mt. 9:2). Sin embargo, en otros casos no es así (Jn. 9:2-3).

    1.3. La confesión mutua v.16). No lo podemos separar de los vv. precedentes, pues debemos confesar nuestros pecados (erróneamente, el catolicismo se basa en este v. para la confesión auricular). El término pecados, cuyo significado es errar el blanco, pero es más que esto: es el término más inclusivo de distorsión moral. Se trata del principio o fuente de la acción o un elemento interno de acciones. El verbo expresa la acción de pecar principalmente contra Dios y unos contra otros y de ahí que debamos orar unos por los otros en fraternal comunión, pues será el medio de atacar el mal en su origen y para obtener la sanidad. Este v. es consecuencia de los vv. 14-15, como lo demuestra la partícula conclusiva pues (por eso en la NVI, omitida RVR) que está en el original. La oración y la unción, tienen la finalidad de curar y restaurar, no de preparar la muerte, como hace el catolicismo que lo ha convertido en el sacramento de la extremaunción. La oración eficaz del justo puede mucho, con el ejemplo de Elías. La petición de Elías consistió en la súplica a Dios de que ejerciera su juicio sobre Israel con la intención de que sirviera para hacer volver al pueblo de la idolatría en que había caído, siguiendo a los baales. Este juicio consistía en castigarles con una sequía que duró tres años y medio. Luego oró de nuevo y volvió a llover. El problema que tenemos aquí es que en el libro de los Reyes no se menciona la doble oración de Elías (1R.17:1; 18:41-46). En este libro solo se nombra que no habrá lluvia en los próximos años y después iba a llover. Tampoco se dice el tiempo preciso de la sequía, solamente que en el tercer año Dios le anunció que llovería. ¿Cómo sabía Santiago estas cosas? Seguramente, lo tomó de la tradición, del libro apócrifo Eclesiástico 48:3.

Conclusión. (vv. 19-20) En el v. 19 falta míos después de hermanos, pues está en el original, y en la NVI. Extraviarse de la verdad, no es cometer una falta aislada, sino una actitud pertinaz en contra de la verdad, es decir, de la palabra, tanto en su modo de pensar como de actuar (1:18). Hemos nacido por la palabra de verdad, el evangelio. Por eso si alguno le hace volver de su error, lo que nos lleva a pensar en la herejía, debe saber que ha salvado a un alma de la muerte. En lugar de sepa debe ser sabed, habiéndose traducido así para adecuarlo a “alguno”, pero literalmente es alguien, sabed es un imperativo plural porque se dirige a todos, hermanos míos. Será usado por Dios para traer al extraviado de nuevo al camino verdadero. Con ello habría conseguido salvarle de la muerte. ¿En qué sentido debemos entender “muerte” aquí? Si decimos que es la muerte espiritual estaríamos contradiciendo la doctrina bíblica de la seguridad de la salvación o perseverancia de los santos. Por tanto, se refiere a la muerte física de acuerdo con 1 Jn. 5:16-18; 1 Co. 11:30-32. Los pecados son cubiertos por Dios, es decir, perdonados.

 


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