Pedro Puigvert

Introducción
La oración de fe
Resistencia a la tentación
La obediencia a la palabra
La acepción de personas
La importancia de la ley
La fe y las obras
La inutilidad de la fe sin obras
El uso de la lengua
La sabiduría que desciende de lo alto
La amistad del mundo
La acusación contra los ricos
La conducta del creyente
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Santiago continúa su argumento que es el pensamiento general de toda la carta: la vida cristiana no es teórica, sino práctica. Aquello que decimos creer debe verse reflejado en la conducta o lo que es lo mismo, la fe debe manifestarse por las obras que prueban que dicha fe es genuina. Santiago ha ilustrado la enseñanza de la fe y las obras por medio o a través de la actitud que tenemos frente a las necesidades materiales de nuestros hermanos, en donde la fe que no está corroborada por las obras, en realidad es ficticia o inexistente. Hace dos siglos, dentro del fundamentalismo evangélico de corte norteamericano apareció una corriente que decía a grandes rasgos: “lo importante es creer en Cristo, no importa tanto como vives tu fe”. A este concepto replicó John F. MacArthur (1939-2025) con el libro titulado “El evangelio según Jesucristo”, cuyo mensaje ha sido etiquetado como “salvación de señorío”. Su tesis es que Jesucristo no debe ser reconocido solamente como salvador, sino también como Señor. En el prólogo, dice James I. Packer: “el mero asentimiento del evangelio, divorciado de una dedicación transformadora al Cristo vivo, es menos que fe conforme a la norma bíblica y no sirve para la salvación”. En el segundo prólogo, James Montgomery Boice, cita seis puntos fundamentales:
a) No hay justificación sin regeneración (Jn. 3:7).
b) La fe sin obras es muerta (Stg. 2:20).
c) La señal de la verdadera justificación es la perseverancia en la justicia hasta el fin (Mt. 10:22).
d) La fe en un Jesús que es salvador, pero no Señor, es fe en un Jesús de invención propia.
e) Si uno quiere servir a Cristo, debe negarse a sí mismo (Lc. 9:23).
f) Que sin la santidad, nadie verá al Señor (He. 12:14).
1. La incomprensión del hombre necio (v.20).
Este hombre es el mismo interlocutor imaginario introducido en el v.18 como alguno. En el original, en lugar de “muerta” dice estéril. Así traduce correctamente la NVI. Esta diferencia, como en otros casos, es debida a que RV sigue el Textus Receptus de inferior calidad, en lugar del texto griego de Nestlé, usado ahora para las traducciones actuales. Posiblemente, algún copista quiso igualar este v. con los vv. 17 y 26, donde dice muerta. Se trata de una fe estéril, porque no puede salvar al no manifestarla por sus frutos.
2. El fundamento bíblico de las obras (vv.21-24). Santiago busca el apoyo de la Escritura para demostrar mediante la vida de Abraham que esto es así. Menciona dos episodios de la vida de Abraham:
a) v. 21. En este texto, Abraham demostró mediante la obediencia que había sido justificado por la fe al entregar a su hijo Isaac en sacrificio, aunque no llegara a realizarse.
b) v.22. Es la conclusión que Santiago saca del ejemplo de Abraham, su fe no permanece estéril, sino que obraba de modo que tenemos la expresión completa de lo que es la justificación. Su fe le empujaba a hacer obras y de ahí que su fe fue hecha perfecta, se desarrolló en la prueba y fructificó en un acto de obediencia.
c) v. 23. Aquí menciona el episodio anterior en que la fe de Abraham le fue imputada para justicia o justificación (Gn. 15:6), una promesa que se cumplió en el sacrificio de Isaac (en realidad fue sacrificado un cordero). Ya le fue imputada en vista de que se desarrollaría hasta su perfección. El título de amigo de Dios no es dado a Abraham en Génesis, pero se encuentra en la oración de Josafat (2 Cr. 20:7; Is. 41:8).
Esta parte final, tomada en sentido absoluto y separada del contexto, entraría en contradicción con la enseñanza de Pablo (Ro.3:20, 28 y Gá. 2:16). Pero las obras que Pablo niega que puedan justificar al pecador, son los esfuerzos por los que el hombre procura salvarse al margen de Dios que es el que justifica. Santiago, al contrario se refiere a las obras que son el fruto de la fe y el amor. Un último ejemplo (v.25). El autor de Hebreos, cita la acción de Rahab, como una prueba de su fe (He. 11:31). Santiago, ve en ella como en Abraham, una prueba de la manifestación de su fe. En el v. 26, cierra la argumentación con una comparación que atañe a la ausencia del espíritu en un cuerpo y el abandono de las obras, como señales de muerte. Lo que Santiago quiere establecer es que las obras prueban que la fe es viva, como el espíritu evidencia que el cuerpo no es un cadáver.
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