Pedro Puigvert

Introducción
La oración de fe
Resistencia a la tentación
La obediencia a la palabra
La acepción de personas
La importancia de la ley
La fe y las obras
La inutilidad de la fe sin obras
El uso de la lengua
La sabiduría que desciende de lo alto
La amistad del mundo
La acusación contra los ricos
La conducta del creyente
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Tenemos aquí el concepto de sabiduría que necesita ser explicado: en el pensamiento griego era muy apreciada, puesto que los filósofos (filo y sophia amadores de la sabiduría) eran muy respetados por su saber.
a) Este concepto en la filosofía, consiste en la acumulación de conocimientos. Sin embargo, el concepto bíblico es completamente distinto: el sabio es aquel que conoce la revelación divina y la pone en práctica. Para demostrarlo ahí está la literatura sapiencial: Job, Proverbios y Eclesiastés.
b) La sabiduría en la Biblia se opone a la necedad, no a la ignorancia. Desde el AT, la principal finalidad de la sabiduría era orientar la vida práctica en consonancia con la fe, aplicando las múltiples situaciones de la vida humana a las enseñanzas de la ley de Dios.
1. La importancia de la oración con fe (vv. 5-6)
Por la fe somos salvos. Hemos puesto nuestra confianza en la obra de Cristo que por su palabra nos dice que si creemos en él tenemos vida eterna. Pero ahora también vivimos por fe confiando en el Señor. Es así, o ¿confiamos más en nuestras fuerzas que en la oración? El que pide no debe distraerse en otras cosas o dejarse dominar por la duda. Ahora bien, es necesario tener la mirada puesta en Dios (Ejemplo: Pedro en Mt. 14:28-31). Es preciso que no haya en el orante vacilaciones entre dos caminos. El hombre de corazón dividido, indeciso o inconstante, de aquello que Dios ha obrado y anunciado en él. La fe es la respuesta que damos a Dios frente a una acción suya (por ejemplo, el sacrificio de Cristo en la cruz). La fe es un don de Dios, pero ejercida por el hombre como respuesta a la acción de Dios. El grupo de palabras que poseemos en el NT que tienen como base la fe, su sentido más corriente es creer, obedecer, convencer, persuadir, confiar, confianza, seguridad. Estas palabras adquieren una importancia peculiar y un contenido específico al aplicarse a la relación con Dios en Cristo y, por consiguiente, caracterizan la aceptación y el reconocimiento, confiados en sus promesas. Por un lado, la fe se cultiva mediante la instrucción o sabiduría, que también es un don de Dios (Pr. 2:6-7; Ec. 2:26) fruto de la acción inspiradora del Espíritu Santo. Si todas las enseñanzas, con sus múltiples aplicaciones prácticas hubieran de resumirse en una sola frase, sería el principio de la sabiduría es el temor de Yahweh (Pr. 1:7); Job 28:28; Pr. 9:10). Este temor guía a un mayor discernimiento moral, a la vez que inspira mayor amor a Dios y obediencia a sus leyes en un plano de piedad integral que no admite compartimientos separados.
2. La importancia de la fe (vv.7-8)
Una de sus grandes lecciones es que no puede haber separación entre lo espiritual y lo material, entre lo religioso y lo secular, porque toda nuestra vida depende de Dios. Nuestra vida es una y no podemos vivir de una manera de lunes a sábado y de otra el domingo. Los grandes principios de la ley moral de Dios que nos han sido revelados deben encarnarse en nuestra vida afectando a la totalidad de nuestra conducta en todo momento. Por eso Santiago se refiere a la sabiduría de la vida cristiana que encierra al mismo tiempo el conocimiento de la verdad y la santidad de la conducta.
2.1. La oración de fe (v.7). El que no está en la fe no puede esperar recibir alguna cosa del Señor. Tanto para Jacobo como para Pablo, la fe es el alma de la vida cristiana, de la oración y de la comunión con Dios. Pida con fe sin dudar (v.6). No podemos engañarnos a nosotros mismos y quedar frustrados si no recibimos lo que pedimos al Señor. La figura de la ola agitada por el viento llevada de acá para allá ilustra la idea de la incertidumbre de un corazón dividido. La fe es el ancla que afirma el corazón en Dios (He. 6:19).
2.2. El hombre de doble ánimo (v.8). Literalmente es el hombre de dos almas, un modismo para mostrar que tiene dos disposiciones contrarias, una mira hacia Dios en la oración, la otra al mundo y a sí mismo. Es una persona inconstante, no solamente en la oración, sino en todos sus caminos. El v. 8 no es una cláusula separada del v. 7, sino una continuación lógica. Lacueva traduce: siendo hombre de doble ánimo. El artículo “el” al principio del v. 8 es suplido e induce a pensar en otro tema, cuando es el mismo del v. 7. A partir del v. 9 se inicia un nuevo asunto, aunque relacionado con el anterior, por eso lo veremos por separado.
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