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Sermones sobre la epístola de Santiago

La fe y las obras

Pedro Puigvert

 

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La fe y las obras (Stg.2:14-19)

En la primera parte de la epístola, Jacobo ha señalado la inconsecuencia del cristiano que no vive de acuerdo con lo que dice o que no es obediente a la palabra de Dios poniéndola en práctica. Ahora, en este pasaje, da un paso más acerca del engaño de tener una fe sin obras.

    1. Las obras son un testimonio de la fe (vv.14-19)

    Aquí surge el problema que se ha discutido con pasión sobre el lugar de la fe y las obras en la vida del creyente. Una lectura superficial de este pasaje parece dar la impresión que las obras ocupan un lugar relevante en la salvación del creyente. El énfasis de los reformadores en la salvación por la sola fe aparte de las obras, hizo que esta epístola se colocara bajo sospecha por algunos, como Lutero al principio, debido a la importancia de los méritos en la doctrina de la salvación de la iglesia católica. Pero bien leído esta pasaje y examinado a la luz de todas las Escrituras, no hay ninguna contradicción entre lo que enseña Pablo y lo que dice Jacobo aquí. En la 2ª Confesión Helvética, suscrita en 1566 por los pastores de todos los cantones suizos, debida a Bullinger, sucesor de Zuinglio en la iglesia de Zúrich, dice lo siguiente: “por eso no nos referimos aquí a la fe hipócrita, vacía, muerta, inactiva, sino a la fe viva y creadora de vida. Se denomina a esta fe viva porque lo es; ya que sabe lo que es Cristo, el cual es la vida y crea vida y se manifiesta como viviente en obras vivas. En modo alguno contradice Santiago nuestra doctrina (se refiere a la justificación por la fe) pues él habla de una fe vacía y muerta, de la cual algunos se gloriaban. Y si Santiago ha dicho que las obras justifican, tampoco pretende con esto contradecir al apóstol Pablo, sino lo que pretende señalar es que Abraham demostró por obras su fe viva y justificante, como los justos lo hacen, que confían solamente en Cristo y no en sus propias obras”. Este párrafo evidencia que los reformadores conocían claramente el significado de esta doctrina.

      1.1. La fe sin obras está muerta (vv.15-17). Santiago pone un ejemplo práctico de lo que ha dicho en el v. anterior. Las personas mal vestidas por carecer de ropa y hambrientas porque no pueden adquirir alimentos son hermanos en la fe de la congregación. Si los hermanos necesitados son despedidos con palabras vacías sin tenderles la mano para ayudarles, ¿de qué les sirve? De nada. Hay un giro interesante aquí, empieza por si alguno en singular, pero después cambia al plural no les dais, nos enseña que no solo el que ha dicho: id en paz, abrigaos bien y alimentaos, es responsable, sino toda la congregación es responsable de lo que ha dicho y ha hecho de manera insensible. De ahí extrae, lógicamente, que la fe si no tiene obras que surjan de ella está muerta en sí misma, porque no produce lo que debe como el árbol que no da fruto es por estar muerto. La fe que no se preocupa por medio de la participación activa en las necesidades de los hermanos, no es en absoluto fe, es como si estuviera muerta, inútil e inaceptable.

      1.2. La demostración de la fe por las obras (v.18). Este versículo, tiene dificultades de comprensión debido a la variante que hay el Texto Recibido y el Sinaítico. Además es difícil de puntuar porque el griego se escribía todo seguido. Veamos esta frase:

        a) Alguien o alguno dirá o podría decir. Santiago introduce un interlocutor imaginario como recurso literario, para resaltar que la fe sin obras, no solo es inútil, sino indemostrable. El sentido completo sería este: tú pretendes tener fe, muéstrame, pues, tu pretendida fe sin las obras, yo te mostraré al contrario la verdadera fe por los frutos que ella necesariamente produce y que son sus señales ciertas, es decir, por mis obras. La diferencia estaría aquí: yo te mostraré a base de mis obras, mi fe.

      1.3. La fe de los demonios (v.19). En este versículo Santiago viene a demostrar lo que es la falsa fe. Aprueba que su interlocutor crea en la unicidad de Dios, pero el valor de esta fe es semejante a la de los demonios que también creen que existe un solo Dios y tiemblan. Su fe no es más que un mero conocimiento intelectual que deben admitir a la fuerza, por más que quieran negarlo. Pero este conocimiento solo produce en ellos espanto, y no puede salvarlos. Así ocurre con la certidumbre de la existencia de Dios, cuando no produce efectos en la conducta cristiana por medio de las obras. Observemos el uso del plural demonios en la Biblia: nunca vemos el singular demonio para referirse al diablo, así como nunca vemos el plural diablos para mencionar a los espíritus malignos.

Conclusión Si no equilibramos la enseñanza bíblica, podemos quedarnos con una parte de una doctrina y entonces estar al descubierto con parcialidad. Como en una moneda debemos ver las dos caras. Por un lado, en esta doctrina, la fe que salva es por gracia sin mérito de nuestra parte. Pero esta fe tiene que manifestarse y aquí vemos la segunda parte, la necesidad de las obras como testimonio de que realmente hemos creído. Estas obras surgen de un corazón agradecido y tienen su recompensa: os aseguro que no perderá su recompensa (Mt. 10:42).

 


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