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Sermones sobre la epístola de Santiago

El uso de la lengua

Pedro Puigvert

 

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El uso de la lengua (Stg.3:1-12)

Es un pasaje muy conocido con el que estamos de acuerdo con lo que dice por experiencia, pero en la práctica no acabamos de aprender lo que significa controlar las palabras que salen de nuestra boca. Santiago se refiere, en varias ocasiones a la facultad que tenemos los seres humanos de expresarnos (1:19,26; 4:11,12; 5:12) y a los peligros o consecuencias de no hacerlo guiados por Dios. En este pasaje, se dirige de manera especial a los maestros para advertirles de la responsabilidad que tienen en el uso de la palabra. Dice un refrán popular que “cada uno es dueño de los silencios, pero esclavo de sus palabras”. Otro: “prefiero tener la boca callada, aunque me llamen tonto, porque si la abro lo confirmaría”.

    1. El control de la lengua (vv.1-6)

    La tendencia de algunos, que Santiago censura, no era la maledicencia o las murmuraciones, sino el hecho de creerse que estaban en disposición de convertirse en maestros de sus hermanos, cuando no habían sido llamados a ello.

      1.1. Por maestros sin vocación (v.1). Es decir, sin haber recibido la llamada de Dios, ni tener la preparación adecuada y el don necesario. Algunos se habían hecho a sí mismos didaskaloi (maestros) una palabra que procede de didasko (enseñar). También se traduce por doctores en Lc. 2:46, y en los evangelios es un título que se emplea frecuentemente para dirigirse a Cristo (Mt. 8:19). El maestro, en el contexto judío era algo más que un profesor –alguien que enseña de palabra- ya que se trata de una persona que enseña con su ejemplo. Por tanto, pretender hacerse maestro entraña una responsabilidad por cuanto está destinado a recibir mayor condenación. Una cosa es que lo sea, y reciba el debido reconocimiento por ello y otra pretender ser o creerse ser algo que no es. Así han nacido la mayoría de las sectas, cuando alguien que se ha otorgado el liderazgo y no quiere someterse a los demás. Por eso Pablo, dice con relación a los dirigentes de la iglesia que no puede ser un neófito, porque corre el peligro de envanecerse y caer en la condenación del diablo (1 Ti. 3:6). Santiago está pensando en los judeo-cristianos de su tiempo formados en la escuela de los fariseos: su espiritualidad era de labios afuera, querían aparentar cuando se ponían delante de la asamblea. Esta tendencia producía los pecados de la lengua que Santiago describe en los versículos siguientes. Pablo combatía a los judíos de su tiempo por ese mismo pecado (Ro. 2:17-23). La libertad de tomar la palabra dominando la lengua se puede someter todo el cuerpo.

      1.2. Ilustraciones de este principio (vv.3-6).

        a) El freno en la boca de los caballos, es un medio en que se puede gobernar todo su cuerpo. Así también nosotros, solo que tenemos que ser los que nos pongamos freno a nuestra lengua para dominar todos nuestros actos.

        b) El timón de las naves y el pequeño fuego.

      Dos figuras magníficas que dibujan con exactitud y fuerza la acción poderosa de la lengua, ya sea para bien o para mal. La lengua puede jactarse de grandes cosas, es una ocasión para estar vigilantes ya que puede volverse un mundo de maldad. El v. 6 es espectacular. Ha asido construido de maneras diversas según las traducciones: siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno prende a su vez fuego a todo el curso de la vida (NVI). La lengua es un fuego. Es un mundo de maldad puesto en nuestro cuerpo, que contamina toda la persona. Está encendido por el propio infierno, y a la vez hace arder todo el curso de la vida (DHH). La frase mundo de maldad, se refiere a todos los elementos malos de un mundo caído, como por ejemplo, la codicia, la idolatría, la blasfemia, la lujuria y la avaricia que podemos identificar con las obras de la carne a las que la lengua da expresión o saca afuera y en consecuencia contamina todo el cuerpo. En las asambleas facilitaba las ocasiones para manifestarse así. Eso pasa también en nuestro culto de adoración que es nuestra mayor grandeza y nuestra peor miseria, pues a veces la lengua juega una mala pasada. La lengua también inflama la rueda de la creación, es decir, toda la existencia humana o curso de la vida. La lengua se constituye como un fuego en el sentido de ser el centro de esta esfera o rueda de la vida donde el fuego se expande por toda la circunferencia y ella misma es inflamada por el fuego de la gehenna (infierno). Aquí, infierno no debemos tomarlo como el lugar definitivo de condenación que es un lugar para el estado eterno, sino como la influencia del diablo que es la manera que Santiago emplea para referirse a la maldad y las pasiones provocadas por Satanás, el cual está preparado para el infierno. Prácticamente, no hay pecado que la lengua no venga a ser la causa y el instrumento del diablo.

      1.3. Las ofensas con la lengua (v.2). Por ello, todos estamos expuestos a este peligro, sobre todo si nos aprovechamos de las reuniones públicas para erigirnos en maestros. De manera especial, los que tenemos que hacer uso de la lengua públicamente, aunque vayamos con cuidado, pero a veces cometemos muchas faltas tropezando en la palabra. Si alguien no cae en este pecado, ofender de palabra, sería un varón (así en el original) perfecto, porque se supone que los maestros son hombres que enseñan públicamente en las asambleas, no las mujeres, además de tener la capacidad de dominar todo el cuerpo. De ahí que debemos ejercer una estrecha vigilancia para no ofender. El término perfecto, traduce el griego teleios que significa llevar a la totalidad, que ha llegado a su fin, o sea que ha alcanzado la madurez, no la perfección moral que equivaldría a no pecar, porque nadie llega eso.

    2. La imposibilidad de domar la lengua (vv. 7-8)

    Desde una perspectiva humana, ninguno puede domar con sus propias fuerzas su lengua o la de los demás. Solamente por medio del poder del Espíritu regenerando por gracia el corazón del ser humano, que es de donde procede el mal, lo hace posible, y con todo es un área que no parece totalmente eliminada con la conversión. El ser humano es capaz de domar o de dominar a todos los animales de la creación, ya sean terrestres, alados o marinos. Muchos animales salvajes han sido domesticados por el hombre, pero un apéndice tan pequeño como la lengua es imposible, por ser un mal irrefrenable. Esto viene a demostrarnos hasta qué punto el pecado afectó nuestra naturaleza. Una lengua viperina, llena de veneno mortal, es una alusión a la serpiente, que para los antiguos era portadora de veneno.

      2.1. Aplicación de la exposición (vv.9-10. Es una aplicación para los creyentes, no queramos endosarla a los inconversos. Jacobo dice: hermanos míos, y esto no debe ser así. Claro que los que hacen tales cosas tienen una creencia formal, sin vida, una piedad de labios que está en total contradicción con la conducta. En algunos manuscritos se lee semejanza del Señor en lugar de Dios, una variante que no cambia el significado. Bendecirle, es decir bien o lo bueno de su persona, es pronunciar su alabanza. Maldecir a los hombres no significa solo pronunciar sobre ellos una maldición, sino todo el mal que podemos hacerles con el pecado de la lengua. Este mal es tanto más horrible por cuanto lo hace a una persona que ha sido creada a imagen y semejanza de Dios o el Señor. Por más deteriorada que esté esta imagen que somos nosotros, conserva aún este sello y de ahí que debe haber un respeto mutuo. Pensando en la contradicción entre lo que decimos y lo que hacemos, cuando leo en PD la información que tal o cual estrella de cine, cantante, futbolista o famoso se ha convertido al evangelio, es para echarse a temblar. Recuerdo cuando pusieron a Neymar y la “profecía de un pastor” no me creí nada y el tiempo me ha dado la razón.

      2.2. La ilustración de la fuente (vv.11-12). Relacionado con el v. 10, viene la comparación con la fuente, la higuera y la vid, para seguidamente referirse a la conducta del cristiano que está descrita en la sabiduría que es de lo alto. De la manera que es contradictorio que de una misma boca salga bendición y maldición, lo es que de una fuente brote literalmente lo dulce y lo amargo. Que una higuera produzca aceitunas y una vid higos es lo mismo que literalmente lo salado produzca agua dulce. Es evidente que este bendecir a Dios (v.9) no es un acto de reconocimiento o de piedad sinceros que surge de una vida regenerada, sino de una fe muerta e hipócrita.

Conclusión En este pasaje hemos podido comprobar cuánto mal causa la lengua cuando no es debidamente empleada. Por una parte, están todos los que quieren erigirse en maestros sin haber sido llamados. Por otro lado, los que públicamente tenemos la responsabilidad de hablar y de alguna manera estamos enseñando como maestros, tenemos que saber muy bien lo que decimos y evitar ofender a los hermanos. Uno de los mayores problemas en las iglesias es producido por la lengua en sus diferentes aspectos de ofensas, calumnias, murmuraciones, maledicencias, hipocresías y un largo etcétera. Así que, ¡cuidado con lo que decimos! El diablo puede estar detrás de nuestras palabras. En lugar de ser un mundo de maldad, debería ser de amor y de dominio propio.

 


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