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No tendrás otros dioses (Ex. 20:1-3)

por Pedro Puigvert
Sermón sobre los Diez Mandamientos

En el año 1993 la Asamblea General de la Iglesia de Escocia se enfrentó a una resolución con el fin de hacer un llamamiento a las iglesias para que reafirmaran que Cristo es el único camino de salvación, perdió por 300 votos a favor y 400 en contra.

Probablemente, los representantes de las iglesias sabían más que Pablo cuando escribió: "porque hay un solo Dios y un solo Mediador entre Dios y los hombres" (1 Ti. 2:5), o que el apóstol Pedro cuando dijo: "en ningún otro hay salvación" (Hch. 4:12), o que Isaías cuando declaró en nombre de Dios: "Yo, yo Yahvéh, y fuera de mí no hay quien salve" (Is. 43:11).

El pluralismo se convierte en sincretismo cuando nuestro mutuo reconocimiento de los dioses ajenos se expresa en la unidad última de un acto de adoración multiconfesional.
Se supone que esto es positivo para las buenas relaciones de la sociedad, como hace el Foro Internacional de las Religiones, pero la certeza cristiana de que sólo hay un Dios verdadero en este mundo y que todos los demás son dioses falsos es concebido como una postura intolerante.
Nuestro compromiso con la verdad nos empuja a afirmar que no hay más Dios que el que se ha revelado en la Biblia y en Jesucristo.

1. ¿Pluralismo o exclusivismo?

Vivimos en una sociedad pluralista. Esto quiere decir que en nuestra comunidad hay una mezcla de culturas, religiones, etnias e idiomas, y cada uno aporta su modo de pensar que debe ser tolerado y respetado.
Pero el término pluralismo se usa también para describir que todas las diferencias y principalmente las religiosas contribuyen a la existencia de una verdad espiritual sin importar lo que una persona crea por más ilógico o excéntrico que sea, ya que dicen que esto nos ayuda a mantener al armonía en nuestra sociedad. Nadie debe reivindicar el monopolio de la verdad: (Cuando el Vaticano divulgó su declaración Dominus Iesus reclamando tener exclusividad eclesial, hubo muchas reacciones contrarias, aunque es verdad que este tipo de exclusivismo debe ser rechazado).

Nos dicen los pluralistas que el Cristianismo debe ser una religión más entre otras y ésta es la visión "políticamente correcta" que se da en los medios de comunicación y enla que están cayendo algunos líderes religiosos.

Sin embargo, nuestro texto dice claramente: "no tendrás dioses ajenos delante de mí". No nos es lícito hacer como los israelitas cuando salieron de Egipto ( Ex. 32:1 y ss.) o fueron castigados con el exilio (2 R.17:7-11). El Señor Jesucristo declaró: "Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí" (Jn. 14:6).

Estas palabras son exclusivistas, no para aplicar a una religión, sino a una persona. Nosotros estamos en la verdad en tanto estamos en Jesucristo, no por pertenecer a una religión. La religión no es lo importante, Cristo sí lo es.

Cuando leemos en los diez mandamientos "no tendrás dioses ajenos" muchos responden que esto está bien para los judíos, ya que ellos tienen su Dios. Pero para los musulmanes, los hinduistas, los budistas, los confucionistas, los zoroastristas, o lo que sea, hay otros dioses igualmente válidos.

El pluralismo afirma que todas las religiones tienen los mismos objetivos, todas se dirigen a un mismo fin, solamente que cada una le da un nombre distinto: unas le llaman el cielo, otras el nirvana, otras el paraíso, etc.o a través de Krishna, Buda, Alá, el Gran Arquitecto o Gaia, la madre tierra. Tanto si consultamos los "canales" de la Nueva Era, a los médium espiritistas, a los Hare Krishna, cantamos mantras hindúes en nuestra clase de yoga o simplemente vamos a la iglesia el domingo, todo es lo mismo.

2. Exclusivismo e intolerancia

La afirmación del primer mandamiento "no tendrás dioses ajenos delante de mí" no es un simple comentario negativo de que todas las religiones son inútiles, sino una declaración positiva de la exclusividad del Dios único y verdadero.

Si el primer mandamiento empieza con un NO, no se queda ahí, sino que implica también que no hay más que un Dios (1 Co.8:4). La exclusividad de Dios se muestra igualmente cuando dice: "yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios" (Is. 44:6).
Nuestra sociedad puede pensar que todos los dioses son verdaderos, pero eso no lo podemos aceptar los cristianos a menos que estemos dispuestos a reducir a nuestro Creador Soberano al nivel de los dioses de este mundo, es decir, convertirlo en un ídolo.

El Dios que dio este mandamiento, nunca aceptó a los dioses de las naciones cercanas de Israel, por el contrario ordenó a su pueblo que los destruyera. En esto no hay tolerancia alguna.
Dios no dio nunca indicios de que haya otro camino para otras personas, él no habla como una deidad local al que se adora en un territorio determinado, como pensaban los que repoblaron Samaria y lo añadieron a su catálogo de dioses.

En cualquier caso, el exclusivismo y la certeza que tenemos nosotros no deben ser agresivas e intolerantes. Aunque Dios fuera intolerante con las religiones de las naciones que rodeaban a Israel, él permitió que se extendieran por el mundo y sólo las destruyó cuando eran una amenaza para su pueblo.
En el NT vemos que a las otras religiones hay que combatirlas con el poder del Evangelio convenciéndolas de su falsedad. Los cristianos tenemos que vivir pacíficamente en esta sociedad pluralista aunque mantengamos la exclusividad del Evangelio y de Cristo.

2.1. La singularidad de Cristo.

El Dios que dijo: "no tendréis dioses ajenos delante de mí" es el mismo del que hablaba Cristo cuando declaró que el mandamiento más importante es: "amar a Dios con todo nuestro corazón, mente y alma" (Mt. 22.37). Pensar que Cristo se refería sólo a los judíos ya los cristianos, o que podía tolerar una definición de "Dios" que incluyera a musulmanes, hindúes, budistas o Nueva Era, es algo que está fuera de lugar.

Cuando Cristo afirmó: "el que me ha visto a mí ha visto al Padre"¿estaba acaso diciendo que Mahoma, Krishna o Gautama eran alternativas visibles de Dios? En ninguna manera, porque si no tendríamos que decir que estaba equivocado sobre su propia singularidad.

Pero si Cristo es exclusivo y singular, ¿por qué hay cristianos que hacen concesiones al decir de él que es la más cercana o la mejor expresión de Dios en lugar de decir que es la única?

3. El Dios único y exclusivo.

Dios empezó con este mandamiento para mostrar la clase de Dios que es al declarar primero: "yo soy Yahvéh tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre" (Ex.20: 2).

Es importante subrayar que Dios tiene un nombre.

En Ex. 3:14, Dios se presentó ante Moisés en una zarza ardiendo. Éste se excusó preguntando por su nombre. El término Elohim (Dios) es genérico y servía para todo tipo de divinidad, Moisés quería conocer el nombre personal y el Señor le respondió con el nombre especial que los patriarcas le habían conocido: YO SOY EL QUE SOY, el Dios autosuficiente, con existencia propia, sin principio ni fin, el Dios Creador que no necesita nada del hombre, el sustentador del universo.

Él era el Dios del pacto que había elegido a Israel de entre en las naciones para que fuera de bendición a todas ellas. Por este motivo, le importaba utilizar este nombre en la introducción de los diez mandamientos.
Además , él es el Dios que actúa –los sacó de Egipto- con hechos poderosos; al decir "delante de mí" señala que siempre está presente.

Conclusión

El primer mandamiento es el más importante y el que más quebranta a nuestra sociedad supersticiosa y fabricante de ídolos de todo tipo que ocupan el lugar del Dios único y verdadero.

¿Qué ocurre con los cristianos?

¿Tenemos también otros dioses a los que damos culto en lugar de adorar a Yahvéh? Todo aquello que ocupa el lugar de Dios en nuestra vida es un ídolo que debe ser desterrado porque Yahvéh es el único Dios que debe gobernar nuestra vida.