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NAHUM

                                El autor del libro es el profeta Nahum, cuyo nombre quiere
                                decir “consuelo” o “consolación”, siendo una abreviación de
                                Nehemías (“consuelo de Yahweh”). La profecía nos informa
                                que era originario de Elcos, si bien se desconoce con exac-
                                titud la situación de dicha localidad.

                                Lo que sí es posible deducir de manera aproximada es la
                                fecha de la profecía. Nahum menciona la caída de Tebas
     (3:8-10) en manos de Asurbanipal rey de Asiria, un acontecimiento fechado entre el año
     663 a.C. y el 661 a.C. Por otra parte, la caída de Nínive, capital de Asiria, tuvo lugar en el
     año 612 a.C. Así pues, el ministerio de Nahum tuvo lugar entre ambas fechas.

     El libro de Nahum es una profecía contra Nínive, capital de Asiria. El imperio neo-
     asirio era el dominante de la región en aquella época. El imperio vivió su máximo esplendor
     con el reinado de Sargón II (721-705 a.C.), el rey que completó la conquista de Israel - del
     reino del norte - en el año 721 a.C.; y con Asurbanipal (668-627 a.C.), probablemente el
     monarca que reinaba en tiempos de Nahum, el imperio ejercía un dominio titánico.

     Aproximadamente un siglo antes que Nahum, Dios ya había enviado un profeta a Asiria:
     Jonás. Al mensaje de Jonás el pueblo de Nínive se arrepintió de su pecado; pero pronto
     Asiria volvió a su pecado, entregándose a la mentira, al robo, a la violencia y al libertinaje
     (3:1-4). El imperio asirio se creía indestructible (2:11-12), era un pueblo muy numeroso
     (1:12); pero Dios estaba contra ellos (2:13) y no podrían escapar de su castigo a causa de
     su maldad (3:19).

     Una posible estructura de la profecía es la siguiente:

       1. El Dios airado contra los asirios (1:2-8). Los asirios se creían invencibles (1:12,
       2:11-12), pero el Dios omnipotente, el Dios ante cuya presencia los montes tiemblan, los
       collados se derriten y la tierra y los que la habitan se conmueven (1:5), estaba contra
       ellos. Se muestra a Dios airado en gran manera, siendo su ira la reacción de su justicia
      perfecta (no tendrá por inocente al culpable, como dice en 1:3) manifestada en el
       tiempo adecuado, cuando el pecado ha llegado a su colmo (tardo para la ira, también
       en 1:3). De hecho, lo que frena la ira de Dios es su misericordia, por eso aun en medio
       del contexto de la ira de Dios sale a relucir su bondad: Yahweh es bueno, fortaleza en
       el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. (1:7).
       2. La destrucción de Asiria como vindicación de Judá (1:9-2:12). El pueblo de
      Judá era afligido por el imperio asirio (1:12b). Pero Dios tiene buenas nuevas para su pue-
      blo (1:15): Yahweh destruiría el yugo de los asirios (1:13) y restauraría la gloria de Judá
      (2:2). En realidad, esta promesa apunta a algo mayor que la destrución de Asiria, apunta
      al evangelio de Cristo (Ro. 10:15): He aquí sobre los montes los pies del que trae
       buenas nuevas, del que anuncia la paz. (1:15a).
      3. La destrucción de Asiria, consecuencia de su maldad (2:13-3:19)

                                                        Recopilado de diversas fuentes.
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