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JUDAS

                                La epístola de Judas es el cuarto libro más corto del Nuevo
                                Testamento, pero es a la vez la carta más larga de todas las
                                que están formadas exclusivamente por un solo capítulo, su-
                                perando así en extensión a Filemón, a 2ª de Juan y a 3ª de
                                Juan.

                                Su autor se identifica, en el v.1, como Judas, siervo de
                                Jesucristo, y hermano de Jacobo. Aunque es cierto que
     al apóstol Judas Tadeo (Mt. 10:3 cf. Lc. 6:16) se le llama en la Biblia “hermano de Jacobo”,
     es mucho más probable que el Judas que escribió esta carta sea el hermano según la carne
     del Señor Jesús (Mt. 13:55). Tenemos argumentos de peso para pensar que fue así:
       • Por un lado, el Jacobo más conocido en la iglesia primitiva era, en palabras del apóstol
       Pablo, Jacobo el hermano del Señor (Gá. 1:19), quien junto a Pedro y a Juan era con-
       siderado columna de la iglesia (Gá. 2:9). Identificándose como el “hermano de Jacobo”,
       sin más apelativos, la iglesia primitiva entendería que estaba refiriéndose a Santiago, el
       medio hermano de Jesús.
       • Por otro lado, en los vv. 17-18 de la carta, Judas no se identifica a sí mismo como apóstol,
       sino que se refiere a ellos en tercera persona del plural, descartándose así la autoría de
       Judas Tadeo.

     La intención inicial de Judas al escribir la carta era hablar acerca de la salvación. Sin embargo,
     las circunstancias le obligaron a posponer tal idea, pues se estaban infiltrando en las iglesias
     falsos maestros. Así lo vemos en los vv. 3-4 de su carta: Amados, por la gran solicitud
     que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario
     escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una
     vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente,
     los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres im-
     píos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el
     único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo. Los falsos profetas constituían un peligro
     apremiante que era urgente atajar. Por consiguiente, la carta de Judas es una carta de
     advertencia contra los falsos maestros y los engañadores. La condena que Judas
     hace de los falsos profetas va en la misma línea de la del capítulo 2 de la segunda carta del
     apóstol Pedro.
     Así pues, inmediatamente después de la salutación (vv. 1-2), Judas aborda el tema de los
     falsos profetas (vv. 3-16). Es cierto que los falsos maestros son muy peligrosos, pero Judas
     acaba recordando a sus lectores que ellos pueden resistirlos, pues son guardados por Dios
     (vv. 17-23). Por esta razón Judas finaliza su carta glorificando al Dios que nos guarda del
     mal con su poder. Realmente la carta no podía finalizar de manera más gloriosa: Y a aquel
     que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de
     su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y
     majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén. (vv. 24-25).


                                                        Recopilado de diversas fuentes.
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