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nados con su realeza. Los tres primeros implican su divinidad confirmado por otros tex-
     tos bíblicos y el cuarto enfatiza su gobierno. Los títulos son cuatro: cada nombre lleva
     su correspondiente adjetivo.
       1. Consejero admirable. O también maravilloso, una expresión que en  las Escrituras
       significa “sobrenatural” y está referido al Ángel de Yahweh al que identificamos como
       Dios el Hijo (Jueces 13:18). De Yahweh se dice que su consejo es admirable (Isaías:
       28:29). El Mesías, pues, tiene los mismos atributos que Dios.
       2. Dios fuerte. El segundo título es una expresión que el mismo profeta otorga a Yah-
       weh, el Santo de Israel (Isaías 10:20-21). Por tanto, el Mesías tiene la misma natura-
       leza de Dios. Sin necesidad de recurrir al NT, podemos ver ya en el AT la divinidad de
       Jesucristo.
       3. Padre eterno. El tercer título indica su origen increado (es eterno) y se da la para-
       doja de dar el nombre de Padre a un niño que aún no ha nacido. Padre tiene el sentido
       de benevolencia paternal del gobernante perfecto sobre su pueblo al que ama como
       hijo. No  confundamos este título con la primera persona de la Deidad que es única,
       pues se trata de un título mesiánico.
       4. Príncipe de paz. El último título subraya el rango de su gobierno relacionándose
       con el término “imperio”, “señorío” o “soberanía”, así como con el de “paz” e indicando
       de manera explícita que el príncipe será del linaje de David. Su gobierno será de paz,
       que traduce shalom e implica tanto la prosperidad y el bienestar en el más amplio
       sentido de la palabra como la tranquilidad. La participación en esta paz incluye la co-
       munión en los dones salvíficos que lleva consigo. Todo esto pertenece al niño que
       nos es nacido, indicando así su carácter único y que recordamos cada año por estas
       fechas.

     Conclusión
     Aparentemente el niño que nació en Belén era frágil, pero era la luz del mundo y el li-
     bertador de su pueblo que trajo alegría. En realidad, era Dios fuerte que venía al en-
     cuentro del hombre para aconsejarle, ser su Dios, su Padre y su Rey.


                                                              Pedro Puigvert

                                     Por medio de Cristo, Dios reconcilió
                               consigo todas las cosas, así las que están en la
                             tierra como las que están en los cielos, haciendo la
                                     paz mediante la sangre de su cruz.









                                                                  Colosenses 1:20
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