Page 2 - verdad
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1. Era un temor infundado: Jesús les preguntó: ¿Por qué os
      asustáis tanto? ¿Por qué dudáis? Mirad mis manos y mis pies.
      ¡Soy yo mismo! Tocadme y ved; un espíritu no tiene carne ni
      huesos, como veis que tengo yo (vv.38-39). Jesús se encarga
      en hacerles ver que sus temores provienen de sus pensamien-
      tos o de la imaginación de su corazón. Para demostrarlo, les
      declara abiertamente que es el mismo que ellos conocían con el que habían estado con-
      viviendo durante tres años, un extremo que podían comprobar por las señales de su cru-
      cifixión en las manos y los pies, invitándoles a tocarlas a fin de cerciorarse y convencerse
      que no estaban delante de un fantasma, porque obviamente un espíritu es invisible e in-
      tangible y Jesús tenía carne y huesos. Esta referencia a las manos y a los pies es una
      constatación de que Jesús fue crucificado en el instrumento de muerte llamado crux im-
      missa que estaba formado por un palo horizontal y otro vertical. Subrayamos esto porque
      algunos niegan que Jesús fuese crucificado en este aparato de suplicio que usaban los
      romanos, suponiendo que solo le habían atado las manos a un madero vertical.
      2. Un temor cambiado en gozo. Después de mostrarles las manos y los pies, como ellos
      no acababan de creerlo a causa de la alegría y del asombro, les preguntó: ¿Tenéis aquí
      algo de comer? Le dieron un pedazo de pescado asado, así que se lo tomó y se lo comió
      delante de ellos (vv.41-43). Al constatar que se trataba de Jesús, se llenaron de gozo, un
      sentimiento que sigue a la tristeza y el temor, pero todavía se mantenía en ellos la turba-
      ción por el sobresalto con que acogieron la presencia de Jesús, que unido al gozo les im-
      pedía creer, un fenómeno muy natural si tenemos en cuenta la experiencia vivida. De ahí
      que Jesús les diera una nueva prueba de que era él resucitado, pidiéndoles  alimentos y
      le ofrecieron una parte de un pez asado y tomándolo se lo comió delante de ellos. Aunque
      Jesús mostró que podía comer con el cuerpo resucitado, en realidad no será necesario
      que lo hagamos nosotros cuando resucitemos porque los alimentos son para el estómago
      y el estómago para los alimentos; así es, y Dios los destruirá a ambos. (1 Corintios 6:13).
      Lo uno es adaptado a lo otro, pero solo de manera temporal mientras estemos en este
      mundo, porque vendrá un tiempo cuando los hombres ya no serán sustentados con ali-
      mentos porque el cuerpo de resurrección no los necesitará en el estado eterno, como tam-
      poco existirá el matrimonio.

    La confirmación de la obra redentora de Cristo por la resurrección
    Además de la evidencia de contemplar a Jesús resucitado con un cuerpo real, estaba el
    testimonio previo que les había dado a sus discípulos sobre el acontecimiento de su pasión,
    muerte y resurrección en cumplimiento de las Escrituras.
      1. Una confirmación anticipada proféticamente por Jesús. Cuando todavía estaba yo
      con vosotros (v. 44ª).  Se refiere al periodo de tiempo de su ministerio de discipulado, por-
      que Jesús, una vez resucitado, ya no considera que sus antiguas relaciones vayan a ser
      renovadas, puesto que serán reemplazadas por la comunión espiritual, por cuanto él par-
      tirá de este mundo. Los episodios de que fueron testigos los apóstoles, es decir, de su
      muerte y resurrección, eran el cumplimiento de las palabras que les había hablado en va-
      rias ocasiones mientras estaba con ellos.
      2. Una confirmación anticipada por las Sagradas Escrituras. Os decía que tenía que
      cumplirse todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los sal-
      mos. Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras. Esto es
      lo que está escrito –les explicó-: que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día. (vv. 44b-
      46). Dicha confirmación obedecía a la necesidad del cumplimiento de lo que estaba escrito
      en el Antiguo Testamento. Era necesario que pasara por los padecimientos para llegar a
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