Page 2 - verdad
P. 2

El acontecimiento de Pentecostés
     Fue un acontecimiento excepcional que inauguraba la era de la iglesia. El Espíritu Santo
     es el otro Cristo que tenía que venir a ocupar su lugar una vez el Señor hubiera ascen-
     dido a los cielos, pues él mismo dijo: y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador,
     para que esté con vosotros para siempre (Evangelio de Juan 14:16). Este derrama-
     miento del Espíritu en Pentecostés constituye, por tanto, un acontecimiento histórico
     de la mayor importancia que tuvo lugar una vez para siempre y que no se volverá a re-
     petir. Sin embargo, el hecho de la venida del Espíritu Santo, implica  que todos los que
     hemos creído en Cristo somos bautizados en el Espíritu y corresponde exactamente a
     la regeneración o nuevo nacimiento, el acto por el cual somos incorporados al cuerpo
     de Cristo que es la iglesia.
     El propósito de Dios
     Hemos considerado la existencia de una profecía y su cumplimiento que tuvo lugar  el
     día de Pentecostés, un acontecimiento anunciado por el mismo Señor Jesucristo, lo
     que dio pie a que el Espíritu Santo obrara en los que habían de creer para ser incorpo-
     rados a la iglesia mediante el bautismo del Consolador,  del que el bautismo en agua
     lo simboliza. En este sentido John Stott ha contribuido a esclarecer el texto que enca-
     beza este escrito mediante una sencilla regla: en todo bautismo encontramos cuatro
     componentes:
       1. El agente, es el que realiza el acto. En este caso es Dios, pero al no especificarse,
       el evangelio nos dice que es Cristo (Ev. Juan 1:33).
       2. El sujeto, es el que recibe el bautismo. Somos todos los que hemos creído en
       Cristo.
       3. El elemento, en donde se sumerge o identifica, que es el Espíritu Santo.
       4. El propósito, u objetivo del acto es formar un cuerpo, o sea la iglesia.
     Si nos preguntamos, ¿cuándo fuimos todos bautizados para formar un cuerpo? Res-
     pondemos que se trata de un bautismo único que constituye a la iglesia en Pentecostés,
     en el que cada creyente es incorporado en el momento de su regeneración y conver-
     sión.

                                 Significado de ser bautizados en el Espíritu
                                 Esta expresión se encuentra en cuatro ocasiones en los
                                 evangelios y una en Hechos. En Hechos 1:5, se des-
                                 cribe el acontecimiento histórico, el derramamiento del
                                 Espíritu Santo el día de Pentecostés. En los evangelios
                                 (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33), las
                                 palabras pertenecen a Juan el Bautista, el cual quiere
     resaltar el contraste entre el bautismo que él practicaba y el que Jesús haría. En cambio
     las palabras en Hechos pertenecen al mismo Jesús. La frase dentro de no muchos días
     manifiesta que Jesús se refiere al acontecimiento que los discípulos han de aguardar
     en Jerusalén. Notemos que Jesús se refiere a Juan el Bautista y también contrasta el
     bautismo en agua y el bautismo en el Espíritu como lo había profetizado Juan que se-
     ñalan el acontecimiento de Pentecostés. Por tanto, no significa  una experiencia que el
   1   2   3   4