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Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras.
(Evangelio de Mateo 25:31-32)

El escenario de este pasaje es extraordinario: aparece el Hijo del Hombre, no en su humillación, sino en su gloria, acompañado de todos sus ángeles dispuestos a ejecutar su voluntad. La dignidad regia de Cristo sentado en su trono real, ahora velada a nuestros ojos, aparecerá con todo su esplendor dispuesto a dar la recompensa a los que separará en dos grupos. No se trata aquí de la salvación de unos y la condenación de otros, sino de que aquellos que ya somos salvos recibiremos la recompensa por haber realizado las obras de amor, a favor de los más necesitados. Los que han rechazado la salvación ofrecida por Cristo, sus obras no cuentan y lo que les espera es la condenación eterna.

1. La bendición de la herencia del reino
Entonces dirá el rey a los que estén a su derecha: "Venid vosotros a quien mi Padre ha bendecido; recibid vuestra herencia, reino preparado para vosotros desde la creación del mundo" (Mateo 25:34). Como el reino ya estaba preparado desde la fundación del mundo, la recompensa de los justos es un don de la misericordia divina y no tanto el premio de las obras que se mencionan a continuación. En realidad, Dios espera que sus hijos hagamos estas obras como testimonio y fruto de la fe y del amor. Veremos estas obras en relación con la situación de riesgo de los niños en todo el mundo.

a) Tuve hambre y me disteis de comer. La falta de acceso a una alimentación equilibrada causa graves problemas a la niñez. Los desastres naturales y las guerras provocan la falta de alimentos y los niños son los primeros en sufrir. Cada año, los países más desfavorecidos sufren graves inundaciones que azotan diversas partes del mundo. En las comunidades más pobres a menudo no hay alternativas que generen fuentes de ingresos y alimentos. Los cambios climáticos también perjudican la economía de muchas regiones y los niños están expuestos a grandes riesgos. Las guerras han causado unos tres millones de desplazamientos y los padres no tienen con qué alimentar a sus hijos. Pero los niños también tienen que ser alimentados con la palabra de Dios, por eso el trabajo con los niños es sumamente importante, como hacemos aquí con la educación de tiempo libre, una obra que debe ser apoyada por toda la iglesia. Cuando estamos obrando a favor de los niños hambrientos es como si lo hiciéramos al mismo Señor: Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, por mí lo hicisteis (Mateo 25:40).

b) Tuve sed y me disteis de beber. En muchas comunidades de diferentes lugares del mundo, a menudo los niños deben caminar varios kilómetros para llegar a una fuente de agua potable. Otros no encuentran agua potable y se hallan en peligro de contraer varias enfermedades. Los cambios climáticos están causando que muchas fuentes de sequen y que el desierto se extienda invadiendo regiones fértiles. El mar de Aral (Asia central) se ha secado en tres cuartas partes en los últimos 50 años y el agua no solo escasea, sino que en muchas áreas está contaminada por sal y pesticidas. Los niños de estas áreas sufren problemas pulmonares, serios cuadros de diarrea y daños que afectan a su crecimiento. También se toman iniciativas para calmar la sed espiritual de los niños, cuando los maestros creyentes tienen la oportunidad de impartir valores cristianos a los niños y adolescentes, lo que permite que puedan experimentar la salvación en Cristo. En este sentido es muy importante la labor de las escuelas dominicales, los clubes cristianos, los campamentos y todo tipo de actividad encaminada a proclamar la buena nueva a los niños.

c) Fui forastero y me disteis alojamiento. Cuando nace un niño se le dota de identidad inscribiéndolo en un registro. Muchas familias viven en lugares remotos y otras están refugiadas lejos de su tierra sin tener acceso a este derecho. Según Unicef 50 millones de niños no tienen este derecho, es como si no existieran. En muchas regiones, los niños se quedan solos en sus casas porque sus padres han emigrado para poder trabajar. Según la O.I.T., un millón doscientos mil niños son víctimas cada año del tráfico, es decir, trasladados a otros lugares para ser explotados. En Asia del este, la mayor parte del tráfico de niños tiene como resultado la explotación sexual en burdeles y bares. En la India, los niños que son explotados terminan trabajando como esclavos para poder pagar las deudas contraídas por sus familias. Acoger a los niños inmigrantes y atenderles forma parte de nuestros deberes cristianos y haciéndolo es como si acogiéramos al mismo Señor.

d) Necesité ropa y me vestisteis. En muchos lugares la situación de los niños de la calle es lastimosa. Sobreviven de las limosnas o buscando en los basureros y durmiendo tapados por cartones (Ej. La smoke mountain de Manila). Sin el apoyo de una familia, los niños son vulnerables a muchos males. Se calcula que hay 15 millones de niños huérfanos por el Sida que se ha llevado a sus padres. Su esperanza renace cuando familias cristianas deciden servirles. Organizaciones cristianas trabajan en este campo acogiendo a los menores en centros en donde les dan lo que necesitan, ropa para vestirse, un techo para alojarse, alimento para su cuerpo y formación para educarles.

e) Estuve enfermo y me atendisteis (v.36). Cada minuto, un niño menor de 15 años muere por una enfermedad relacionada con el Sida, y ahora hay que añadir la Covid-19. La mayoría son infectados al nacer, por medio de la leche materna. Si ellos o sus madres, recibieran el cuidado que necesitan, muchos estarían protegidos por el virus y podrían crecer libres de este mal. Las medicinas y el cuidado médico son muy caros para los pobres del tercer mundo. Solo el 10% de las mujeres embarazadas vulnerables, son atendidas para prevenir que sus bebés se infecten. Uno de los objetivos de la ONU es combatir las enfermedades de las familias más pobres y vulnerables. Con una simple vacuna que cuesta unos centavos de dólar se puede proteger a los niños de muchas enfermedades comunes. Usando mosquiteras e insecticidas se disminuye la infección de la malaria, una enfermedad que causa el 10% de todas las muertes infantiles en el mundo.

f) Estuve en la cárcel y me visitasteis. En ocasiones los menores están en la cárcel porque sus madres les dieron a luz allí y ningún familiar puede cuidar de ellos. La vida en la cárcel es dañina para el niño, porque carece de modelos positivos. Otra forma de prisión es cayendo en la adicción de las drogas. También cuando son explotados sexualmente, ya que se estima en 700.000 menores que son víctimas de ello obligados contra su voluntad, con el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual y las niñas quedan embarazadas a muy temprana edad.

2. La maldición del infierno
Aquellos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna (Mateo 25:46). Estas palabras de Jesús se hallan en contraste con las que hemos citado más arriba. Los que todavía no se han reconciliado con Dios por medio de Cristo solo pueden esperar la maldición de la condenación eterna. Algunas expresiones pueden parecer iguales, pero otras son distintas de manera intencionada: los de este grupo son malditos, pero no del Padre; irán al fuego eterno preparado, pero no desde la fundación del mundo, ni preparado para ellos, sino para el diablo y sus ángeles. Esto nos lleva a considerar que la causa de la condenación no es Dios, sino de ellos por sus propias faltas. El pecador se condena por sus pecados, pero todavía está a tiempo de arrepentirse y creer en la obra de Cristo en la cruz para escapar del castigo eterno.

Conclusión ¿Cómo responderemos el día que nos tengamos que presentar ante el Rey? Para empezar podemos pensar en oración y acción. Las oportunidades son muchas. Sin embargo, para los que no están cubiertos por el sacrificio de Cristo, el juicio de condenación será terrible, porque les espera una eternidad en el infierno. Puedes empezar un año con Cristo o alejado de él para siempre. Pero las consecuencias serán distintas: bendición o maldición.

Pedro Puigvert