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¿Quién dice la gente que soy yo? – Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros uno de los profetas - contestaron. - ¿Y vosotros quién decís que soy yo?
(Evangelio según san Marcos 8:27-29)

En el pasaje paralelo de Mateo, se añade al profeta Jeremías y la bienaventuranza a Pedro. Probablemente, Marcos, que recibió el evangelio de Pedro, no la conocía porque el apóstol no la mencionaba por modestia. Este, en sus predicaciones no contaba lo que habría podido exaltarle ante sus oyentes, aunque sí menciona la reprensión que le dirigió el Señor (v. 33). La declaración de que Jesús era el Mesías no fue debida a la perspicacia del apóstol, sino que la recibió por revelación de Padre. Seguidamente, le dio la promesa de la edificación de la Iglesia. En el NT, como a lo largo de la historia, los hombres han dicho muchas cosas sobre la persona de Jesús, pero lo importante es que tú, amigo, sepas realmente quien es.

Lo que decían de Jesús sus contemporáneos
Todas estas opiniones equivalían a considerar a Jesús como un precursor del Mesías. Juan el Bautista, el auténtico precursor, ya había muerto asesinado. Aquellos que decían que Jesús era Juan redivivo, compartían la misma superstición que Herodes (6:14). Los que pensaban que era Elías, desconocían que Juan vino con el espíritu del profeta. Jeremías era el profeta mártir que había contemplado la ruina de Jerusalén y se había formado una leyenda en torno a él que está recogida en los libros apócrifos. La idea de la reaparición de antiguos profetas era general entre los judíos desde el destierro babilónico.

Lo que decían de Jesús sus adversarios
Además de las opiniones de la gente, recogidas por los apóstoles, los adversarios de Jesús, e incluso su propia familia, también se había formado su criterio:

Decían que era un trastornado mental (Evangelio de Marcos 3:20-21). La escena ocurre en su casa de Capernaum y estas palabras solo se encuentran en Marcos. Pero no son los adversarios los que opinan así de Jesús, sino sus familiares. Querían sacarlo de entre la multitud que le agobiaba, pues ni tan solo le dejaban comer. Pensaban que la actividad frenética que llevaba Jesús, le había trastornado.

Decían que era un endemoniado (Evangelio de Marcos 3:22). Aquí no se explica la razón del por qué decían esto, pero por los pasajes paralelos sabemos que fue a consecuencia de haber sanado a un endemoniado. Jesús les deja sin argumentos, a aquellos que venían de Jerusalén con la idea de acusarle.

Decían que era un comilón y un borracho (Evangelio de Lucas 7:34). Jesús compara a aquella generación con niños descontentos a los que no les interesa nada. Juan llevaba una vida austera y decían que estaba endemoniado, Jesús vive en la libertad del nuevo pacto y le calumnian de vivir en disolución.

Decían que era amigo de publicanos y pecadores (Evangelio de Mateo 11:19). Le acusan de violar las prescripciones de la ley, pero Jesús se acercaba a los que necesitaban de él para predicarles el evangelio.

Decían que era un blasfemo (Evangelio de Marcos 2:7). Allí donde los adversarios de Jesús veían una blasfemia, por haber perdonado los pecados del paralítico, era en realidad la más conmovedora manifestación de la misericordia de Dios.

Decían que era un impostor (Evangelio de Mateo 27:62-63). Ellos no se referían a lo que Jesús había dicho a sus discípulos, sino a los fariseos cuando les habló de la señal de Jonás. La realidad les dejó en evidencia.

Decían que era un sedicioso (Evangelio de Lucas 23:2). Esta es una acusación política, en tres aspectos:
a) pervierte a la nación con sus enseñanzas;
b) Impide pagar los tributos, lo que podía ser muy grave;
c) pretende ser el Mesías.

Estas opiniones sobre Jesús, recuerdan la profecía que dice: despreciado y desechado por los hombres, experimentado en quebranto (Isaías 53:3).

Lo que decían de Jesús sus amigos
Estos habían recibido sus beneficios o reconocían en él a alguien diferente de los dirigentes religiosos de Israel.

Decían que era inigualable (Evangelio de Marcos 2:12). En este caso, era la gente que se había congregado en la casa donde estaba Jesús y sanado al paralítico. A diferencia de los escribas y fariseos que le acusaron de blasfemia, ellos recibieron una impresión tan profunda que quedaron asombrados, dando gloria a Dios y confesando que nunca habían visto una cosa así.

Decían que lo había hecho todo bien (Evangelio de Marcos 7:37). Se maravillaban con una expresión de admiración que se refiere a la sanidad del sordomudo que acababa de realizar y la frase final es un reconocimiento general del poder de Jesús sanando a sordos y mudos.

Decían que era un maestro extraordinario (Evangelio de Marcos 1:22). La admiración de la gente por las enseñanzas de Jesús es algo que lo encontramos varias veces en los evangelios. Mateo coloca esta autoridad de Jesús en la enseñanza a continuación del sermón del monte y Lucas hace una observación semejante en la misma ocasión que Marcos. Era un verdadero Rabbi.

Así como las opiniones contra Jesús estaban profetizadas, las que le reconocían como alguien extraordinario también: Yahweh el Señor me dio lengua de sabios para saber hablar palabras al cansado (Isaías. 50:4).

Lo que decimos nosotros de Jesús
¿Cuál es la imagen que tienes de Jesús? ¿Quién es para ti, querido lector, Jesús? Debes responder a esto con las Escrituras para formarte una idea correcta de su persona, ante las barbaridades que se han dicho de él en la historia.

Confesar que Jesús es el Cristo (Hechos de los apóstoles .2:36). Muy pronto los cristianos adquirieron el hábito de asociar el término Cristo con el de Jesús (Jesucristo). Pablo en la introducción a la carta a los Romanos lo cita 4 veces y en la carta a los Filipenses lo pone al revés (Cristo Jesús) 10 veces. En total Pablo usa la expresión 63 veces. Esta abundancia es el reconocimiento de la persona de Jesús como el Mesías prometido en cumplimiento de las profecías del antiguo pacto y del hecho que vemos en él al rey que vino en humillación y volverá en gloria y poder.

Confesar que Jesús es el Salvador (Efesios 5:23). Este nombre es una transferencia del atributo divino de la salvación del AT a Cristo. Jesús es el Salvador porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Su propio nombre Jesús, significa Salvador, el cual va unido a la noción de la obra de expiación realizada por Jesús en la cruz. Su nombre forma parte de la antigua fórmula del pez (IXTUS): Jesucristo es el Hijo de Dios Salvador.

Confesamos que Jesús es el Señor (Romanos 10:9). Confesar y creer van juntos y esta es la confesión de fe por excelencia, acompañada por la de Filipenses 2:11, en donde reconocemos su señorío sobre nuestras vidas ahora y en el futuro.

Conclusión
Podríamos decir muchas más cosas de Jesús, como por ejemplo, que es el Logos hecho carne, el Hijo de Dios, que es Dios hecho Hombre, el Hijo de David, el Hijo del Hombre, el postrer Adán, el Siervo Sufriente, el Cordero de Dios, el Obispo, Pastor y Príncipe de los pastores. Si Jesús te preguntara hoy "¿Quién dices que soy yo?", podrías darle más respuestas que la que le dio Pedro, pero como él, también las conocemos por revelación divina. Cuando te arrepientas y creas debes confesar a Cristo como tu Señor y Salvador. Es el soberano de nuestras vidas gobernándolas por medio de su palabra y su Espíritu. Reflexiona y actúa en consecuencia.

Pedro Puigvert