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Nadie que mire atrás después de poner la mano en el arado, es apto para el reino de Dios
(Evangelio de Lucas 9:62)

El cristianismo es fundamentalmente seguimiento de la persona de Jesucristo. Empieza con la conversión al evangelio, pero no se detiene ahí, sino que se prolonga a lo largo de toda la vida del cristiano. Sigue tras la persona a la que ha entregado su vida.

El eminente teólogo, pastor y mártir del nacismo, Dietrich Bonhoeffer, dijo a propósito del seguimiento: “El seguimiento es vinculación a Jesucristo; el seguimiento debe existir porque existe Cristo. Una idea sobre Cristo, un sistema de doctrina, un conocimiento religioso general de la gracia o del perdón de los pecados no hacen necesario el seguimiento; de hecho, todo esto excluye el seguimiento y le es hostil. Al ponernos en contacto con una idea, nos situamos en una relación de conocimiento, de entusiasmo, quizás de realización, pero nunca de seguimiento personal. Un cristianismo sin Jesucristo vivo, sigue siendo, necesariamente, un cristianismo sin seguimiento, y un cristianismo sin seguimiento es siempre un cristianismo sin Jesucristo, es idea, mito”.

En cierta ocasión, Jesús se encontró con tres hombres que querían seguirle, pero en la conversación que mantuvieron con el Señor se observa que pueden existir maneras equivocadas de querer seguir a Jesús o de no responder adecuadamente a su llamada a seguirle caracterizadas en cada uno de los personajes. Las respuestas de Jesús nos ofrecen la forma verdadera de seguirle.

El falso seguimiento del entusiasta
El primer hombre que se encontró Jesús por el camino le dijo: “te seguiré a dondequiera que vayas”, llevado por un entusiasmo cuya razón desconocemos. Este le propone a Jesús ser un seguidor suyo. La decisión parte de él mismo y no de un llamamiento del Señor. La respuesta de Jesús fue: “las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza”. Con estas palabras, el Señor muestra al entusiasta que no sabe lo que dice porque desconoce la vida de Jesús y no se ha parado a valorar las consecuencias del seguimiento. A lo mejor estaba pensando que conseguiría andar por un camino de gloria y no se da cuenta que Jesús tiene que marchar por el camino del sufrimiento que le llevará a la cruz. ¿Cómo puede haber alguien que elija este tipo de vida? No había sido llamado a seguir a Jesús. ¿Era un entusiasmo pasajero y por eso Jesús le hace ver los obstáculos para que salga de su error? Muchas personas entusiasmadas por el mensaje del evangelio y la figura de Jesús, se lanzan sin medir el costo del discipulado y cuando vienen los contratiempos en su vida por ser cristianos, se vuelven atrás al no ser aptas para el reino de Dios. No habían sido llamadas por la Palabra de Dios, solo habían sentido una emoción temporal. Esto mismo puede ocurrir en cuanto al servicio o ministerio. Algunos se dejan seducir por la contemplación del lado aparentemente atractivo de ciertos ministerios y luchan por conseguirlos sin haber sido llamados por el Señor, sin vocación. Optan por un sentimiento humano sin haber recibido una llamada divina.

Las excusas del legalista
En el caso del segundo hombre hay un llamamiento claro: “A otro le dijo: Sígueme”, pero la respuesta de este fue negativa poniendo una excusa: “Señor, primero déjame ir a enterrar a mi padre”. Piensa que es más importante cumplir con la ley que seguir a Jesús. De acuerdo con la ley tenía el deber de honrar a sus padres y no podía dejarlos abandonados sin cuidado material, posponiendo la decisión de seguir a Jesús hasta la muerte de su progenitor. La frase déjame ir a enterrar a mi padre, no significa que este acababa de morir y debía cumplir con su obligación de enterrarle y que Jesús era incapaz de esperarle hasta que fuera sepultado. Se trata de un hebraísmo –una manera de hablar de los judíos- que quería decir, “espera a que mi padre se muera” y entonces estaré libre de responsabilidades familiares y podré seguirte. La respuesta de Jesús va en la misma dirección: deja que los muertos entierren a sus propios muertos, es decir, deja que se encarguen de esta responsabilidad los otros miembros de la familia. Cuando Dios llama, nada puede interponerse, aunque sea la ley divina. Al fin y al cabo él está por encima de la ley. La llamada a este hombre a seguirle, es en realidad una invitación a traspasar la ley por amor a Jesús. Seguir a Jesús es evitar caer en el legalismo, un hecho patente a lo largo del ministerio del Señor, cuando era acusado por los legalistas de transgredir el sábado y definirse como Señor del sábado.

Muchos que han sido llamados, tanto inicialmente, como durante su carrera cristiana, han desobedecido al Señor interponiendo cosas lícitas, pero que estaban subordinadas a la norma superior del llamamiento. ¿Cuándo el Señor te ha hablado por la palabra del evangelio has rehuido entregarte a él y seguirle, poniendo excusas?

El falso seguimiento del contradictorio
Como sucedió con el primero, otro hombre afirmó: “Te seguiré, Señor; pero primero déjame despedirme de mi familia”. Este se ofreció seguir a Jesús, pero poniéndole condiciones, lo que demuestra que, en realidad, no tenía muchos deseos de seguirle. Es como sile hubiera dicho: “Señor, te seguiré de acuerdo con el programa que yo mismo he confeccionado”. Hablando así cae en una contradicción. Quiere seguir a Jesús, pero por otro lado, pone algo que se interpone al seguimiento: primero debe despedirse de su familia. No es un entusiasta como el primero, es alguien muy racional que valora el seguimiento como una posibilidad de realización, si Jesús está de acuerdo con sus condiciones. No sabe que la llamada divina es soberana y que el único que pone las condiciones es el Señor y él tenía que obedecerlas, no negociarlas. Incluso hay cristianos que actúan de manera parecida. No esperan la llamada del Señor y se toman la vida cristiana como si fuera una larga negociación entre empresarios y sindicatos o entre partidos políticos para formar gobierno. Pero el hecho de presentar una oferta invalida el seguimiento y pone al discípulo en contradicción, tanto con Jesús como consigo mismo. No quiere lo que Jesús quiere, ni siquiera lo que dice querer. De ahí la respuesta de Jesús: no es apto para el reino de Dios.

El verdadero seguimiento de Jesús
Del examen de estos tres casos, podemos extraer principios orientativos sobre el verdadero seguimiento, el cual consiste en:
1. Obedecer la llamada de Jesús. En el momento en que dirige su palabra a una persona, exige que esta responda. No se le puede poner excusas, aunque sean verdaderas, ni programas condicionantes. Negarse es desobedecerle. ¿Cómo se sabe si se ha recibido un llamamiento de Dios? De la misma manera que hacemos para conocer su voluntad y tomar decisiones: por la Palabra de Dios, por la oración y por la providencia divina. ¡Cuidado con el entusiasmo irreflexivo que no valora el costo del seguimiento, deslumbrado por las apariencias!
2. Cambiar de condición. El que ha sido llamado al arrepentimiento y la fe para seguir a Jesús no puede permanecer en el mismo estado de vida que antes. Arrepentimiento del pecado y fe en Cristo, producen una situación nueva incompatible con la vida anterior. Mateo tuvo que dejar el banco de los tributos, Pedro, Santiago y Juan tuvieron que abandonar sus redes. Todos ellos siguieron a Jesús. Todo aquel que responda al llamamiento de Jesús, debe renunciar a algo y cargar su cruz siguiendo a Jesús como discípulo.
3. Alcanzar un objetivo. No se trata de un seguimiento pasivo, sino de perseguir el objetivo establecido por el mismo Señor y no por nosotros: anunciar el reino de Dios. Proclamar la buena nueva del evangelio del reino, para reconciliar a los hombres con Dios. El verdadero seguimiento tiene puesta la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, porque todo aquel que mira atrás, no es apto para el reino de Dios.

Conclusión
¿Pretendes seguir a Jesús sin haber sido llamado, como el entusiasta? ¿Pones impedimentos como el legalista? ¿Dices que quieres seguirle, pero en el fondo no lo deseas, como el contradictorio? Si has sido llamado por Jesús y le sigues, ¿te caracterizas por seguirle en obediencia a su Palabra, habiendo roto con la vida de pecado cuya paga es la muerte, comprometido, confiando solamente en Cristo, extendiendo su reino y sirviéndole de manera incondicional?

Pedro Puigvert