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Pablo… apartado para anunciar el evangelio de Dios
(Epístola a los Romanos 1:1)

El apóstol Pablo dirige estas palabras a los creyentes de la iglesia de Roma, presentándose como siervo de Jesucristo que ha sido llamado para anunciar las buenas nuevas de salvación. Evangelio significa la recompensa que recibe el mensajero que trae la noticia de una victoria. Su buena noticia trae felicidad al que la recibe, por eso es recompensado. Este es el sentido de la palabra castellana “albricias” que es de origen árabe (se alegró). Pero significa también el mensaje mismo y designa ante todo las buenas noticias del reino que se ha hecho presente en este mundo por medio Jesucristo.

El origen del evangelio de Dios
En este epígrafe tenemos explicitada la procedencia del evangelio. No se ha originado en los hombres, sino en Dios, por tanto, tiene un origen divino. Por este motivo, lo más sabio es considerar con detenimiento en qué consiste esta buena nueva. Se trata de un mensaje revelado, es decir, que no podría conocerse de otra forma que no sea a través de la revelación que Dios ha dado de sí mismo. No es el fruto de la especulación intelectual de ningún hombre, porque aun siendo un mensaje, lleva el sello del sacrificio de Cristo, sin el cual el evangelio carecería de la virtud principal de dar salvación a los que creen en él. Tampoco es una invención religiosa, como ocurre con las religiones de este mundo a excepción del cristianismo que se fundamenta en él. Por su carácter, el evangelio es único, distintivo y exclusivo.

El fundamento del evangelio de Dios
Que por medio de sus profetas ya había prometido en las Sagradas Escrituras (Romanos 1:2). El evangelio no es algo nuevo que nos trajo el Señor Jesucristo, aunque en él toma un carácter especial, sino el cumplimiento de las promesas de Dios en el Antiguo Testamento, a través de los profetas que había llamado. Profetas y apóstoles constituyen el fundamento de la iglesia, cuya piedra angular es Jesucristo (Efesios 2:20). Ellos fueron los transmisores de la revelación del evangelio. Por eso todo anuncio del evangelio que no se base en las Sagradas Escrituras es una caricatura del mismo.

La sustancia o contenido del evangelio de Dios
Este evangelio habla de su Hijo que según la naturaleza humana era descendiente de David, pero que según el Espíritu de santidad fue designado con poder Hijo de Dios por la resurrección (Romanos 1:3-4). El núcleo fundamental del evangelio es la persona y la obra de Jesucristo como se describe en esta frase. De ahí se desprende que Jesucristo es un ser preexistente. El término Hijo, con relación a Dios, expresa que su naturaleza es divina, es decir, participa del ser mismo de Dios, un Dios que existe eternamente en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero al mismo tiempo y como consecuencia de su encarnación participó de la naturaleza humana, es decir, fue hecho semejante a los hombres, pero sin pecado. La mención a su resurrección presupone que previamente murió. Efectivamente, dio su vida en la cruz del Calvario y fue sepultado, pero al tercer día resucitó de los muertos. Todo esto pertenece a su obra de salvación para todos aquellos que creen en él. Su declaración como Hijo de Dios con poder, concierne a su exaltación y glorificación en los cielos.

El propósito del evangelio de Dios
Por medio de él y en honor a su nombre, recibimos el don apostólico para persuadir a todas las naciones que obedezcan a la fe (Romanos 1:5). El propósito del anuncio del evangelio es conducir a los hombres y mujeres de este mundo a que crean en Cristo y su obra redentora. Esta es la respuesta que el evangelio demanda. No se trata solamente de fe, sino también de obediencia, porque el evangelio comporta una serie de exigencias, como por ejemplo, el arrepentimiento para el perdón de pecados. Y así como el Padre glorificó al Hijo en su exaltación, el fin último del evangelio es buscar la gloria y el honor de Jesucristo, no nuestra reputación o proyección personal. Soli Deo gloria. Como dijo un eminente pensador: “solo hay un imperialismo que es cristiano: dar la gloria a Jesucristo.

Conclusión
El resumen de las palabras que hemos considerado podría encerrarse en esta frase: “el evangelio de Dios conforme a las Sagradas Escrituras acerca de Jesucristo” es el que tú, amigo lector debes aceptar para tener la salvación. El evangelio de Dios tiene dos caras como una moneda. Por un lado, señala que el ser humano es pecador, por cuanto todos somos pecadores, y por tanto, estamos condenados a la eterna perdición. Pero por otro lado, es una buena noticia que nos dice que Dios ha enviado a su Hijo Jesucristo al mundo para morir a favor de los pecadores, que arrepentidos hacen suya la obra de Cristo mediante la fe y se salven. ¿Cómo responderás a este ofrecimiento divino?

Pedro Puigvert