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Ciertamente, la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad. Carta del apóstol Pablo a los Romanos 1:18

El Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados Evangelio de Marcos 2:10 El perdón de los pecados supone la existencia de alguien que puede darlo y quien puede recibirlo; de un ofendido y de un ofensor, así como de la existencia de un transgresor y una culpa que debe ser limpiada. Desde la antigüedad perdonar se relaciona con soltar y remitir, dejar en libertad a una persona sobre la que se podía disponer de hecho o de derecho y enviarla, ya sea por haber cumplido una pena o por haber sido indultada. Después, este significado secular de las relaciones humanas, tomó una dimensión religiosa, especialmente asociada a la expiación -borrar las culpas por medio de un sacrificio- en que se restablecen las relaciones entre Dios y el hombre que estaban rotas por el pecado. Queremos plantear a los lectores lo siguiente: ¿Sobre qué base es posible perdonar pecados? ¿Quién puede perdonar pecados, el hombre o Dios? ¿Quiénes se benefician del perdón? ¿Qué debe hacerse para conseguir el perdón? ¿Por qué es necesario recibir el perdón de los pecados?

La base del perdón de los pecados.
Cuando alguien está cumpliendo condena por un delito cometido, su pena puede ser rebajada porque existe una ley que lo permite cuando por méritos propios alcance una reducción o porque dicha ley consiente a alguien que tiene autoridad, indultar en un acto soberano. Pero tanto un aspecto como el otro están excluidos de la Biblia por cuanto las buenas obras o méritos no sirven para obtener el perdón de pecados, ni Dios perdona sin que exista previamente la expiación del pecado y la culpa. Dios ha provisto un único medio, el sacrificio expiatorio tal como vemos en la Biblia.

a) Los sacrificios expiatorios del AT. Tanto el pecado como la culpa requerían un sacrificio para ser perdonados, de modo que la víctima llevaba sobre sí misma el pecado del oferente después de identificarse con ella al poner su mano sobre su cabeza. Sin embargo, estos sacrificios de animales eran imperfectos pues debían repetirse continuamente, de manera que hizo falta otro tipo de sacrificio:

b) El sacrificio de Cristo. El cual habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios (…) porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Este sacrificio es el fundamento inamovible y único para la remisión de pecados. La sangre de Cristo es el signo del nuevo pacto y el pago en rescate del pecador para darle perdón y vida eterna.

c) Las riquezas de la gracia. En Cristo tenemos redención por su sangre y el perdón de los pecados. El sacrificio de Cristo ha provisto un caudal inmenso e inagotable de riqueza para ser otorgada por gracia, es decir, gratuitamente, donde además de ser rescatados del pecado somos perdonados. Hay gracia suficiente para redimir a todo pecador, excluyendo la idea de que la gracia se puede adquirir.

El dador del perdón de los pecados.
La frase que encabeza este escrito se encuentra en un episodio en que el Señor Jesús sanó a un hombre paralítico que fue traído hasta él por cuatro amigos en una litera y Jesús le dijo al hombre: hijo, tus pecados te son perdonados. Cuando lo oyeron los escribas que estaban allí, preguntaron: ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? Y estaban en lo cierto. Su error fue en no saber ver que Jesús era Dios y Hombre y como tal podía perdonar pecados. En la Biblia no encontramos nada que nos permita intuir que exista algo así como una absolución sacramental mediada por un hombre. Lo que la Biblia dice es que los dadores del perdón son:

a) Dios el Padre. Los salmistas reconocían por experiencia que habían gustado el perdón de Yahweh: Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador (Sal. 86:5). Asimismo, los profetas también testifican de ello: ¿Qué Dios hay como tú que perdone la maldad? (Mi. 7:18). Los levitas reconocen que tú eres Dios que perdonas (Neh. 9:17). El AT, testifica desde los sacrificios del Levítico hasta el retorno del exilio que Dios es el único que puede perdonar pecados.

b) Dios el Hijo. El incidente de Jesús con la mujer pecadora en casa de Simón el fariseo provocó una pregunta de los comensales: ¿Quién es este que también perdona pecados? Este, no era otro que Jesucristo, el Hijo del Hombre que tiene potestad en la tierra para perdonar pecados, como demostró sanando al paralítico que fue traído a su presencia; es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo con referencia a su sacrificio. Por esto el testimonio apostólico de Jesús es: Dios lo exaltó como Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados (Hch. 5:31).

Los requisitos para el perdón de los pecados.
¿Cómo puede el ser humano pecador recibir el perdón de sus pecados? Veamos las exigencias que encontramos en la Palabra de Dios:

a) El arrepentimiento. Cuando Pedro terminó de predicar el día de Pentecostés, los oyentes le preguntaron qué debían hacer y el apóstol respondió: arrepentíos y bautizaos cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados (Hch. 2:38). El bautismo no borra los pecados, como dirá Pedro en su segunda carta, es el símbolo del arrepentimiento y testimonio de la fe en la obra de Cristo. El arrepentimiento es un don de Dios que al hacerlo suyo el pecador, toma la firme decisión de cambiar su forma de pensar y actuar, sintiendo pesar por haber pecado y va acompañado de la confesión de pecado al verse impotente de librarse del pecado a no ser por la gracia de Dios.

b) La conversión. Acompaña al arrepentimiento por cuanto es la acción del cambio del pecador. Es volverse a Dios después de haber caminado en dirección contraria durante su vida y empezar una nueva existencia con una nueva orientación. Por tanto, para que sean borrados vuestros pecados, arrepentíos y volveos a Dios (Hch. 3:19).

c) La fe en Cristo. Es la respuesta en obediencia al mensaje de la cruz. No es la fe en cualquier cosa, como ocurre con los objetos religiosos, ni siquiera en una doctrina, sino en una persona, Cristo. De él (Cristo) dan testimonio todos los profetas, que todo el que cree en él recibe, por medio de su nombre, el perdón de los pecados (Hch. 10:43). Como puede verse claramente, existe una interrelación entre arrepentimiento, conversión y fe como requisitos para recibir el perdón de pecados.

Conclusión.
Los receptores del perdón de los pecados son todos aquellos que siendo y reconociéndose pecadores, acuden a Cristo para ser perdonados y entrar a formar parte de la comunidad del Rey de Reyes. Todo ser humano es pecador por naturaleza, un hecho que no necesita ser argumentado porque la historia humana es la mayor evidencia de esta verdad que enseña la Biblia. El hombre, varón y mujer, ha fallado en el propósito original por el que fue creado por Dios y ha transgredido la ley de Dios. El sacrificio de Cristo es de valor infinito y el fundamento para que Dios perdone al pecador. Para recibir los beneficios de la cruz, el pecador debe volverse en arrepentimiento para con Dios y fe en el Señor Jesucristo y así recibirá el perdón de pecados y la salvación.

Pedro Puigvert