Església Evangèlica
Església Evangèlica
av. Mistral, nº 85-87
08015-Barcelona
Email:
tel.: 93 372 1632

El boletín de la iglesia

Estudios

Selección de sermones

Conferencias

Boletín Evangelístico

Boletín Verdad Viva

Palabras de vida

Salva pantalles

Clic aqui
Para descargar este salvapantallas gratuito con un verso bíblico en cada paisaje.

Con estas palabras el apóstol Pablo quiere expresar el cambio profundo operado por Cristo en su vida, de manera que era una nueva criatura. Lo viejo ha pasado y todas las cosas son hechas nuevas. De forma parecida podríamos decir del año que ha pasado, un año en que la crisis, política, social, económica, ética y espiritual ha dominado el panorama mundial. Ahora ha llegado un nuevo año, ¿cómo esperas afrontarlo?

Una mirada al pasado
Cada uno de nosotros tiene un pasado que Dios conoce mejor que nosotros mismos. Aunque nos parezca que desde el punto de vista de la sociedad, nuestra vida no se diferencia mucho de la de los demás y somos personas cabales y responsables, desde la óptica divina el panorama cambia por completo. Cuando echamos la vista atrás, y como suelen hacer las empresas en esta época, inventariamos nuestra vida, nos damos cuenta que hay muchas cosas que quisiéramos cambiar de nosotros mismos porque no nos gustan. Hemos venido a este mundo con una naturaleza inclinada al mal a causa del pecado. Porque por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron. De la misma manera que la muerte es una realidad insoslayable, el pecado que mora en nosotros también lo es. ¿Es posible cambiar esta situación? ¿Cómo podemos dejar de lado lo viejo, es decir, nuestra naturaleza corrompida por el pecado? Lo que no podemos hacer es poner remiendos para ir tapando los agujeros que hemos ido haciendo por el camino. En la experiencia del apóstol, fue necesario que se operara un cambio total de dirección en su vida, algo que no hizo por sí mismo sino que otro fue el que cambió su rumbo a la perdición, todo y siendo un hombre muy religioso. Fue necesaria una transformación total en su forma de pensar y actuar.

Una mirada al presente
El presente se sitúa en la mitad justa entre un pasado que necesita ser cambiado y un futuro que se espera sea mucho mejor. Cuando empieza un año nuevo, todo el mundo hace grandes propósitos para su vida. Sin embargo, en primer lugar, es necesario solucionar el pasado, que como un pesado fardo sobre nuestras espaldas nos agobia. En lo personal, pues, debemos buscar la solución fuera de nosotros y en aquel que tiene poder para sepultar para siempre nuestros pecados. Hace pocos días hemos recordado que Dios envió a su Hijo al mundo para salvarnos. No obstante, este hecho que está muy presente en el corazón de los cristianos, el mundo lo oculta con el ejercicio del consumismo, el desenfreno orgiástico y las tinieblas del conocimiento entenebrecido por la ignorancia que deja de lado a Dios. Ahora es el momento de arreglar nuestras cuentas con Dios.

Para eso vino Cristo: "al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios" (2ª Corintios 5:21). El ser humano que no está en comunión con su Creador, a causa del pecado, vive en permanente enemistad contra él, haciéndose objeto de su juicio condenatorio y por eso es necesaria la reconciliación. ¿Cómo podemos reconciliarnos con Dios? No somos nosotros, que mediante nuestros esfuerzos intentamos reconciliarnos con Dios, sino que él ha tomado la iniciativa "porque todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo (…) esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus pecados" (2ª Corintios 5:18-19). Cristo cargó sobre sí con nuestra culpa, pagó con ella con su muerte y en base a su sacrificio abrió la puerta para que el hombre vuelva arrepentido a Dios: "Porque si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo ¡con cuánta mayor razón habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida!" (Romanos 5:10).

Una mirada al futuro
A partir del momento en que nos reconciliamos con Dios, todas las cosas cambian de manera que ¡ha llegado lo nuevo! Afecta a la totalidad de la personalidad, pues la experiencia del verdadero conocimiento de Cristo equivale a una nueva creación, a un nuevo nacimiento. Entonces se produce una distinta orientación de la vida y empezamos a andar por los caminos del Señor. Todas las cosas son hechas nuevas, el pasado queda atrás y la perspectiva de vivir cada día con Dios se hace realidad, de modo que la esperanza llena nuestros corazones. Empezar un año nuevo, sin haberse previamente reconciliado con Dios es seguir por los caminos del pasado tenebroso de pecado. ¿Quieres que tu vida, en el próximo año tome un rumbo diferente? Reconoce que eres pecador, que estás perdido y vuélvete a Dios. Él te está esperando como el padre del hijo pródigo aguardaba que este volviese a su casa con él.

Conclusión
Para Dios, mil años son como el día de ayer que ya pasó, son como unas cuantas horas de la noche. Para él, el tiempo no cuenta, Dios es eterno, pero nosotros recordamos el año que pasó y celebramos el año que empezamos. Delante de nosotros se extiende un futuro, en que lo único irreversible es que un día tendremos que comparecer enfrente del trono de Dios para ser juzgados. El hombre que fue formado del barro, vuelve al polvo. La vida humana es breve, aún hoy, en que gracias al progreso de la medicina se ha dilatado la edad de los hombres. Sin embargo, para aquellos que hemos confiado en la obra de Cristo y nos hemos reconciliado con Dios por medio de él, ya no hay ninguna condenación, sino que nos aguarda un glorioso futuro en casa de nuestro Padre celestial.

Pedro Puigvert