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Si esta pregunta es contestada por la ciencia, dirá que se trata de un homínido del sexo masculino, pero también puede tener un sentido más amplio para referirse a la humanidad en general, es decir, el género humano sin distinción de sexos, al englobar al varón y la mujer. Otros dirán que el ser humano es una especie que ha evolucionado desde una célula original. Pero a nosotros nos interesa descubrir lo que dice la revelación de Dios y en esta encontramos los siguientes aspectos:

El hombre es un ser creado por Dios
En el primer libro de la Biblia leemos lo siguiente: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. En estas palabras, destacan dos perspectivas esenciales: el ser humano en general, es obra de Dios y ha sido hecho a imagen y semejanza de su Creador. De ahí que el salmista David se haga la misma pregunta del título de este escrito y se responda: le has hecho un poco menor que un dios y lo coronaste de gloria y de honra (Salmo 8). De esta frase se desprende el valor que para Dios posee el hombre y la dignidad de la persona humana. La imagen y la semejanza no son dos realidades diversas, sino dos sinónimos que aclaran un único concepto de “imagen semejante”. ¿En qué sentido el ser humano es semejante a su Creador? No puede ser en lo corpóreo, porque Dios es Espíritu. Pero también el libro de Génesis describe las características por las que el hombre es un sujeto superior al resto de la creación y semejante a Dios: en virtud del soplo de Dios por el que el ser humano es un ser viviente, aparece con carácter espiritual, como participante de la vida divina. Adán participa también de la inmortalidad de Dios. En tercer lugar, el hombre tiene una voluntad libre y moral y es capaz de conocer y amar a Dios y de tener comunión con él. El ser humano tiene capacidad para señorear y sojuzgar la tierra. Este señorío, imprime en el hombre la imagen de Dios el Padre. Además, la semejanza tiene que ver con la inteligencia, pues tiene la facultad de poner nombres a los animales. El hombre se parece a Dios por su personalidad. Cuando fue creado, tenía el dominio en la tierra, era inteligente y libre, con iniciativa e inventiva creadora.

El hombre es un ser caído en el pecado
La noción de caída aplicada al hombre es un sentimiento universal y no solo una doctrina de la revelación hebreo-cristiana. De alguna manera todas las religiones recogen este concepto en su seno porque como realidad está presente de manera continua en nuestra vida con sus manifestaciones palpables, como la maldad del hombre, su inclinación al mal, su iniquidad, las contiendas que emprende, las guerras, los asesinatos, las envidias y una larga lista que harían la nómina interminable.

Nuestros primeros padres fueron tentados por Satanás. Se trata de un relato histórico corroborado por el NT. El propósito del autor, no es explicar el origen del mal, lo que le interesa mostrar es la entrada del pecado en la raza humana. El mal ya existía antes, pero su origen no lo sabemos. Relata la responsabilidad humana en un acto de su libre albedrío, es decir, de su libertad. La serpiente que se menciona en el relato de Génesis era una serpiente real, literal, no una serpiente simbólica. Eso por tres razones:

a) porque se compara con otras bestias del campo, más astuta que todas. No se puede comparar una cosa con otra si no hay semejanza entre las dos.

b) Si fuera simbólica, su castigo carecería de sentido.

c) El NT también nos habla de una serpiente literal (2 Co. 11:3).

La serpiente no era Satanás. La serpiente en sí era buena como todos los animales que Yahweh había creado, pero el diablo la usó para sus propósitos malos. La palabra hebrea “astuta” se usa aquí en un sentido malo para indicar el espíritu maligno que operaba por medio de la serpiente. Jesús presenta a Satanás como mentiroso y padre de mentira, porque en la tentación empleó las medias verdades que son las peores mentiras: Dios no había dicho que no podían comer de todo árbol, sino de uno solo. La respuesta de Eva está orientada en la dirección del diablo, porque Dios no había dicho ni le tocaréis y además cambia el ciertamente moriréis por un para que no muráis o por si acaso muráis”. El “bien y el mal” es una expresión sinónima de “todo”.

Hasta entonces, el hombre tenía conocimiento del mal por revelación, cuando cayó lo tuvo por experiencia. En la caída de Adán y Eva jugaron un papel principal los malos deseos: el fruto era bueno para comer (los deseos de la carne); agradable a los ojos (los deseos de los ojos); codiciable para alcanzar la sabiduría (la vanagloria de la vida). Los resultados de la caída fueron: separación de Dios, la muerte, separación de sí mismos, separación de los demás, separación de la tierra, dolor y sufrimiento en el parto y trabajo físico agotador para subsistir.

El hombre es un ser que necesita salvación
La condición pecadora del ser humano le lleva inexorablemente a la condenación eterna. Sin embargo, Dios en su gracia ha querido tomar la iniciativa para salvar al pecador. Tentado por Satanás, el hombre quería ser como Dios, pero paradójicamente, Dios el Hijo tuvo que hacerse hombre para poder salvarle muriendo en una cruz. Así la muerte de Jesús, provee el remedio para redimir a todo aquel que cree en él. En la cruz, fue realizada nuestra redención pagando el precio del rescate, siendo aplicada por gracia mediante la fe. La fe que salva incluye necesariamente el arrepentimiento o cambio de manera de pensar y emprender una nueva vida por el poder del Espíritu Santo. El que cree en Cristo no es condenado, pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.

Conclusión
Podemos tener diferentes puntos de vista sobre la naturaleza humana, ya sean científicos, populares o de otro tipo. Pero aparte de las teorías humanas, la realidad se impone: Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza dándole una dignidad personal acorde con su Creador. En lugar de obedecer a Dios, Adán escuchó al diablo y quiso ser como Dios. Y en Adán todos somos pecadores destituidos de su gloria. Por eso Cristo tuvo que morir en la cruz para redimirnos de nuestros pecados. Solamente aquellos que creen en él y se arrepienten de sus pecados tienen vida eterna y pasan de muerte a vida.

Pedro Puigvert