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“Quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios”
(Evangelio de Juan 3:3)

Muchas personas que han tenido una experiencia traumática en su vida, suelen decir que han vuelto a nacer. Sin embargo, las palabras de Jesús tienen un sentido mucho más espiritual, profundo y trascendente que el hecho de haber sido liberados de la muerte física en un accidente cualquiera. Porque nacer de nuevo se trata de una experiencia espiritual en el presente que tiene efectos para la eternidad.

¿Qué significa nacer de nuevo?
La frase que aparece debajo del título fue pronunciada por Jesús en una conversación que mantuvo con un principal de los judíos llamado Nicodemo. Este hombre que, con toda probabilidad, era rico, pues trajo para la sepultura de Jesús una mezcla de mirra y áloes que solo estaba al alcance de alguien adinerado, pertenecía a los fariseos, una secta judía que se caracterizaba por su celo por la ley de Dios, hasta el punto que cayeron en el legalismo. Estaba impresionado por los milagros que hacía Jesús, aceptando que solo alguien que venía de Dios podía hacerlos y por eso fue a verlo de noche, fuera de las miradas inoportunas de sus correligionarios. La respuesta del Señor fue enigmática: tenía que nacer de nuevo. Esta frase tiene varios sentidos: puede significar “nacer de arriba abajo”, es decir de Dios, o también “nacer por segunda vez” y los dos sentidos están incluidos en nacer de nuevo. Hay un paralelo entre el nacimiento físico y el nacimiento espiritual, porque nacer de nuevo es experimentar un cambio tan radical en la vida de una persona que es como si fuera otra, pues todas las cosas en su vida son hechas nuevas. Se trata de un proceso que no es consecuencia del esfuerzo humano, sino de la gracia y el poder de Dios. Nicodemo tomó la frase de Jesús en sentido literal y manifestó su extrañeza, pues un hombre mayor como él no podía entrar otra vez en el vientre de su madre y nacer.

Nacer de nuevo es un acontecimiento espiritual
A lo largo del Nuevo Testamento hallamos otras expresiones semejantes a nacer de nuevo. Así, por ejemplo, Pedro, en su primera carta habla de renacer por la gran misericordia de Dios, o de renacer no de simiente corruptible, sino incorruptible. Santiago, en su epístola nos dice que Dios nos hizo renacer por la palabra de verdad. Pablo, se refiere al lavamiento de la regeneración y que los cristianos hemos muerto con Cristo y resucitado a una nueva vida. Cuando una persona se convierte a Cristo es como si hubiera sido creada totalmente de nuevo, es una nueva criatura en Cristo. Nicodemo no podía entender como funcionaba eso. Jesús le explicó que se trata de nacer del agua y del Espíritu. El agua es símbolo de limpieza y la manera en que se produce esta limpieza es por medio de la Palabra de Dios, como lo enseña el apóstol Pablo, cuando dice respecto a la Iglesia que Cristo la ha purificado en el lavamiento del agua por la palabra. Cuando Jesús toma el control de nuestras vidas, cuando le amamos de todo corazón, nuestros pecados son perdonados y olvidados. En cuanto al Espíritu, actúa en nosotros regenerándonos, dándonos vida espiritual porque estamos muertos en nuestros pecados. Pero no solamente lo hace inicialmente, sino que viene a morar en nuestros corazones y nos da fuerzas para vivir de la manera que por nosotros mismos no podríamos vivir. El agua de la palabra y el Espíritu, son los medios que Dios pone a nuestro alcance para limpiarnos de nuestros pecados y darnos la victoria en el futuro.

El objetivo del nuevo nacimiento
Quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios, fueron las palabras taxativas de Jesús. Por tanto, el objetivo del nuevo nacimiento es entrar en el reino de Dios. Este reino, por el que debemos pedir que venga en su consumación, como nos enseñó Jesús en el Padrenuestro, es una entidad en la que la voluntad de Dios se hace en la tierra de la manera en que se hace en el cielo. Cuando entramos en este reino al nacer de nuevo, debemos llevar una nueva vida en la que nos sometemos voluntariamente a la voluntad de Dios. Entrar en el reino de Dios es posible porque al nacer de nuevo, hemos sido hechos hijos de Dios y participamos de la vida eterna. Ahora bien, como somos pecadores, por nuestras fuerzas estamos absolutamente incapacitados, no solo para entrar en el reino de Dios, sino también para vivir una vida en obediencia a Dios y su Palabra. Solo cuando la gracia de Dios toma posesión de nuestras vidas y podemos darle a Dios la adoración que merece. Nacemos de nuevo por medio de Cristo y le entregamos nuestro corazón y vida. Sin embargo, esto tuvo un precio, la muerte de Cristo en la cruz. De ella procede la gracia por la que podemos ser salvos.

Conclusión
En la conversación de Jesús con Nicodemo, el Señor dejó sentado que para obtener la vida eterna es necesario nacer de nuevo. Un nacimiento que se produce por la acción de la Palabra de Dios que nos hace ver nuestra condición de pecadores y recurrir al Señor con arrepentimiento y fe para que el Espíritu obre en nosotros dándonos vida eterna. Entonces pasamos a pertenecer al reino de Dios, es decir, a la esfera o dominio de la voluntad de Dios. Sin este nuevo nacimiento no podemos ver ni entrar en este reino de justicia y paz. Cristo vino al mundo para dar su vida a favor nuestro y así por medio de él podemos obtener la vida eterna. Acude, pues, a Cristo y pídele el perdón de tus pecados, acogiéndote a su gracia por la cual serás salvo, el Espíritu vendrá a morar en tu vida y entrarás en el reino de Dios. Pedro Puigvert