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“Así que creyó él con toda su familia”
(Evangelio de Juan 4:53)

Por regla general, la gente suele decir “ver para creer”, pero en el relato que cuenta la sanidad del hijo de un funcionario por Jesús, un cortesano del rey Herodes Antipas, experimentó lo contrario pues creyó la palabra de Jesús para ver a su hijo sanado. La fe siempre va por delante de la visión.

El funcionario que acudió a Jesús
El evangelista Juan relata la historia de un hombre de posición elevada, el cual se dirige a Jesús, que era conocido como el hijo del carpintero de Nazaret. El funcionario había recorrido 35 kilómetros, la distancia que hay entre Capernaum y Caná y, por eso tardó tanto entre ir y volver a casa. El oficial real, tenía una necesidad tan imperiosa que tuvo que dejar a un lado los convencionalismos de la época, tragándose su orgullo, e ir a buscar a un joven carpintero de un pequeño pueblo para pedirle un favor. Superados los inconvenientes de la posición social –el qué dirán- y la distancia, por la necesidad de sanidad que tenía su hijo, fue en busca de Jesús para obtener la ayuda que tanto necesitaba. Aquello sería visto por la gente como algo excepcional, pero a él no le importaba con tal de obtener lo que precisaba. Aquí tenemos un ejemplo de que cuando nos dirigimos a Dios para pedirle algo, ningún inconveniente, por grande que sea, puede interponerse delante nuestro.

La reacción de Jesús (48-49)
El Señor le recibió con unas palabras que nos llaman la atención y que podían desanimar a cualquiera que no tuviera una necesidad indiscutible, diciéndole que la gente solo busca señales y milagros para creer. Seguramente, estas palabras de Jesús no iban dirigidas al alto funcionario, pues el Señor conocía el corazón de todos, sino a la gente curiosa que estaba alrededor, que solo buscaba presenciar un hecho extraordinario, es decir, deseaba ver un espectáculo, como ocurre hoy en día aunque el espectáculo sea religioso y no se crea en aquello, pero hay que verlo. La gente quería ver para creer, pero el Señor rechazaba esta actitud y perseguía lo contrario. Con estas palabras, Jesús pretendía asegurarse que la fe de aquel hombre era auténtica, porque si hubiera desistido mostraría que la necesidad no era genuina. Cuando oramos al Señor presentándole nuestras necesidades, las peticiones deben estar aseguradas por la necesidad, ya que si lo hacemos por rutina no recibiremos nada. Todo ser humano tiene una necesidad imperiosa: cancelar sus pecados que le mantienen alejado de Dios, muerto espiritualmente. Pero para ello debe ir a Jesús sinceramente, para pedirle el perdón de sus pecados. Cristo vino a este mundo para expiar nuestros pecados en la cruz y manifestar su triunfo sobre la muerte resucitando de los muertos.

El funcionario que creyó para ver (50-54)
El dignatario pretendía que Jesús viera a su hijo, porque estaba a punto de morir, pero el Señor le comunicó que su hijo vivía. Aquel hombre no tenía otra prueba que la palabra de Jesús, en la que creyó y regresó a su casa. Pertenece a la esencia de la fe el creer que lo que Jesús dice es verdad, de la manera que un náufrago se agarra a una tabla para salvarse. En esta ocasión, como en alguna otra, Jesús hizo el milagro a distancia, como lo prueba el que los siervos del funcionario fueron a encontrarse con él para darle la buena noticia de que su hijo vivía. Al preguntar por la hora en que experimentó la mejoría se dio cuenta de la trascendencia de la palabra de Jesús. Los hombres siempre quieren ver primero y creer después, pero este cortesano tuvo que creer para ver. Así es también en el día de hoy. Si queremos ver la salvación que Dios nos ha provisto en Cristo, primero tenemos que creer, porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios. La fe tiene que acompañarse con el arrepentimiento de nuestros pecados, porque sin arrepentimiento no hay perdón de pecados.

Conclusión
El oficial real, no solo afirmó su fe por la experiencia vivida, sino que además, toda su familia vino a la fe. En el primer milagro de Jesús en Caná, los discípulos creyeron en él, en el segundo milagro, una familia aristócrata hizo lo mismo. Por eso Juan, dice al final de su evangelio que lo escribió para que creamos que Jesús es el Cristo el Hijo de Dios y creyendo tengamos vida en su nombre. Amigo lector: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? ¿Crees en todas sus palabras? Él dijo: el que cree en mí tiene vida eterna. Por tanto, cree en Él y recibirás aquí y ahora la vida eterna.

Pedro Puigvert