Església Evangèlica
Església Evangèlica
av. Mistral, nº 85-87
08015-Barcelona
Email:
tel.: 93 372 1632

Estudios


 

Conferencias

 

El boletín de la iglesia


 
Boletín Verdad Viva
 

Palabras de vida

 

Salva pantalles

Clic aqui
Para descargar este salvapantallas gratuito con un verso bíblico en cada paisaje.

“Entonces la gente comenzó a suplicarle a Jesús que se fuera de la región.” (Evangelio de Marcos 5:17)

Este relato del Evangelio cuenta la historia de lo que sucedió en las afueras Gádara o Gerasa cuando Jesús expulsó los espíritus malignos de un hombre que vivía en los sepulcros y les permitió entrar en unos cerdos y la piara se precipitó en un lago. Los habitantes de la ciudad recibieron la desagradable noticia de que el hato de cerdos que pacía en el monte, unos dos mil, se despeñaron y ahogaron en el lago. Fueron los propios porqueros quienes comunicaron la fatal noticia a la ciudad y los pueblos. Se llevaron un disgusto de muerte: ¡Aquel año se habían quedado sin jamones!

Réquiem es un término que procede del latín. Se trata de un vocablo que significa descanso, reposo, y por extensión se usa para nombrar la música para difuntos. Aquí lo empleamos para referirnos a la endecha por los cerdos muertos de los gadarenos rogando a Jesús que se marchara de aquel lugar. ¿Sabían realmente lo que hacían expulsando a Jesús de sus vidas?

El hombre poseído por los espíritus inmundos
Gádara era una ciudad griega que pertenecía a la Decápolis, un conjunto de diez ciudades gentiles. Eusebio nos cuenta que estaba a unos 9,5 km al sudeste del Mar de Galilea. Al no ser una ciudad judía se entiende que tuvieran cerdos. En esta ocasión Jesús hizo una incursión por tierras gentiles porque allí había dos hombres esclavizados por el diablo que necesitaban ser liberados. Marcos centra la atención en uno de ellos, probablemente el que estaba más poseído porque no era uno solo, sino muchos los demonios. Hacía poco tiempo que Jesús había desembarcado con sus discípulos después de cruzar el mar de Galilea y allí le salieron al encuentro dos endemoniados que vivían en los sepulcros. Uno de ellos era extraordinariamente violento y nadie podía sujetarle, ni siquiera con cadenas. La descripción del lugar cumple exactamente con lo que dice el evangelio. Cerca de Gerasa hay un precipicio abrupto, que desciende escarpado en una estrecha estribación de la costa. Una piara aterrorizada, bajando corriendo esta cuesta, no podía haberse detenido ante el agua e inevitablemente los animales serían lanzados al lago. Todo aquel terreno circundante estaba lleno de cavernas y cuevas para tumbas en donde vivían los poseídos por espíritus malignos. Muy pocos se atrevían a pasar por aquel paraje, la gente tenía miedo. Al ver a Jesús de lejos, aquel hombre corrió y se postró delante de él. Inducido por los demonios, empezó a gritar: ¿Por qué te entrometes Jesús, Hijo del Dios Altísimo? ¡Te ruego por Dios que no me atormentes! Presintiendo que iban a ser expulsados del cuerpo de aquel hombre, le hicieron a Jesús una extraña súplica: “Mándanos a los cerdos, déjanos entrar en ellos”.

La liberación del poseído por los espíritus inmundos
Jesús atendió la petición de los demonios después de haberlos expulsado de aquel hombre, cuyo nombre era Legión porque eran muchos. Y los dos mil cerdos enloquecidos se lanzaron por aquel precipicio al mar. El espectáculo debió ser impresionante. Ver a tantos animales con un peso alrededor de cien kilos cada uno corriendo en estampida y ahogándose en las aguas del lago de Tiberíades. Los porqueros salieron huyendo porque aunque habían estado presentes en todo lo que provocó aquel acontecimiento, no sabían muy bien cómo había ocurrido y se fueron a la ciudad a contar a todo el mundo lo que había sucedido. Quizás pienses que no era necesario que Jesús, al hacer aquel milagro de liberación de los endemoniados, hubiera tenido que destruir una piara de cerdos y arruinar la economía de mucha gente. Sin embargo, debemos fijarnos en que Jesús hizo un gran bien a aquellos hombres y los que provocaron el mal fueron los demonios, al echar al agua y ahogar a toda la piara. Los demonios provocaron la catástrofe para que el pueblo descargara su animadversión sobre Jesús. El Señor no solo liberó a los endemoniados sino que permitió bondadosamente que los espíritus malignos se refugiaran en los cerdos tal como habían pedido, no que echaran los cerdos al mar. Pero los secuaces del maligno hacen el mal incluso cuando ellos han sido objeto del bien.

La reacción de los habitantes de Gádara
Los que tuvieron conocimiento de los hechos, fueron en seguida a ver lo que había pasado y se encontraron que el hombre que había estado poseído por la legión de demonios había sufrido una transformación total: en lugar de estar gritando y destrozando cosas, se hallaba tranquilamente sentado, vestido y en su sano juicio. Esto no quiere decir que antes aquel hombre era un perturbado mental, sino que la posesión demoníaca había afectado íntegramente su vida. Tenemos que diferenciar entre posesión demoníaca y enfermedad mental. Ellos reaccionaron de dos maneras: primero sintieron miedo, porque el caso era insólito y luego empezaron a suplicar a Jesús que se marchara de la región porque pensarían que con su presencia y milagros de este tipo les arruinaría económicamente. No fueron sensibles a la necesidad de un ser humano que había sido rescatado de las garras del diablo y podría hacer una vida normal, solo les importaba no ver perjudicados sus intereses. Así es el hombre que le importa más lo material que el bienestar moral y espiritual de los demás.

Conclusión
Las consecuencias de una reacción equivocada fueron funestas para los gadarenos, como lo son también para todos aquellos inconsecuentes que arrojan a Cristo de su vida y dan lugar al diablo practicando el pecado. Pero no satisfechos con eso, hay gente que se pasa la vida en un continuo lamento, un réquiem perpetuo, no por la pérdida de Jesús, sino por una piara de cerdos endemoniados que se les acaba de ahogar. ¿Cómo es tu vida? ¿Estás dominado por demonios que han actualizado su manera de hacer? Piensa que solo Cristo te puede librar de todos ellos ya que con su muerte y resurrección derrotó al diablo y tiene poder para darte una nueva vida. El que había estado endemoniado pide a Jesús que le deje ir con él, pero el Señor no se lo permite porque tenía una misión que cumplir: volver a su casa y a su familia y contarles lo que el Señor había hecho por él. Aquel hombre se convirtió en el primer evangelista de aquella región.

Pedro Puigvert