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¿QUIERES TENER LA VIDA ETERNA?

Al leer esta pregunta así de golpe, habrás pensado que si se trata de mantener el mismo tipo de vida que llevas en la actualidad de manera indefinida, ya te parece suficientemente larga y no tienes ningún interés en que sea eterna. ¿Para qué perdurar una vida monótona, repetitiva, llena de problemas, enfermedades y sinsabores, viendo las injusticias alrededor tuyo y sufriéndolas? Quizás, en lugar del ofrecimiento de una vida eterna, lo que realmente necesitas es una vida más corta. Cuando observas tu vida sin sentido y que todo es jactancia en tu entorno, no eres la única persona en expresar este sentimiento. Hace muchos siglos el Predicador, que fue rey sobre Israel, contemplando el devenir de la vida en este mundo dijo: “Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí que todo ello es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 1:14). Sin embargo, no es este el tipo de vida que te invitamos a tener cuando nos referimos a la vida eterna, sino a la que el Señor Jesucristo expuso como dador de la misma: “De cierto de cierto os digo: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida“ ( Juan 5:24).

¿Qué es la vida eterna? Cuando Jesús usa esta expresión no está diciendo que si oyes su palabra y crees en Dios el Padre, tu vida actual no tendrá fin. Él usa el término “eterna” en un sentido completamente distinto, porque sabe que la vida actual no puede satisfacernos plenamente. En la conversación que mantuvo con una mujer de Samaria junto al pozo de Jacob, una mujer que había intentado apagar su sed de goce y felicidad con varios hombres y no lo había conseguido, Jesús le dijo: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed, mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14). Jesús está diciendo que él puede satisfacer plenamente a todos los sedientos de una vida distinta, una clase de vida nueva que él ofrece y que empieza aquí y se remonta a la eternidad. Pero de la misma manera que la mujer samaritana tuvo que reconocer que vivía pecando, tú también debes saber tu condición.

La condición pecadora del ser humano Es habitual escuchar de labios de muchas personas que son buenas, ni han hecho mal a nadie y por este motivo tienen el cielo ganado, o de manera semejante creen tener la vida eterna. Sin embargo, la Biblia no está de acuerdo con este diagnóstico. En realidad tú no eres bueno, solamente aparentas serlo. Haces ver que tienes interés por el prójimo, pagas tu cuota en una ONG, das limosnas, pero todo eso es para justificarte a ti mismo. En verdad buscas agradarte y que todo gire en torno tuyo. Dios, por medio de su Palabra y como nuestro Creador nos conoce tal como somos y nos describe de un modo distinto al nuestro: “como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Dios nos conoce a fondo y nos hace ver la realidad de nuestro pecado, la condición de perdidos. Pero al mismo tiempo nos muestra su gracia para transformar nuestra vida de manera devenga en auténtica vida eterna.

Los requisitos para tener vida eterna De las palabras de Jesús que hemos citado más arriba, se desprenden cuatro requisitos para obtener la vida eterna:

1. Oír su Palabra. El primer paso tiene que ver con la escucha atenta del evangelio, por la predicación o por la lectura de las Escrituras, que anuncia que solamente en Cristo hay vida eterna, por cuanto él murió en la cruz para expiar nuestros pecados. Como dijo el apóstol Pablo, “el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).

2. Creer al que le envió. Si la obtención de la vida eterna depende exclusivamente de la fe en Cristo, ¿Qué es la fe salvadora? Creer, en la Biblia, está en el mismo plano que recibir: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Recibir es algo muy sencillo y todos lo entendemos cuando, por ejemplo, alguien nos hace un regalo. La vida eterna es el regalo de Dios que recibimos por la fe gratuitamente. Su coste es muy elevado, pero Cristo lo ha pagado por nosotros mediante su muerte en la cruz. En el fondo, creer en Cristo es poner nuestra confianza en él, por cuanto todo lo que ha dicho y hecho es para nuestro bien y lo hacemos nuestro.

3. No venir a condenación. En tanto que pecadores el veredicto de la ley es de culpabilidad. Pero si hemos creído en Cristo y nos hemos arrepentido de nuestros pecados quedamos libres de la condenación eterna. “Ahora, pues no hay ninguna condenación para los que estén en Cristo Jesús” ( Romanos 8:1).

4. Pasar de muerte a vida. La vida vivida al margen de Dios conduce a la muerte, en realidad es muerte en sí misma. Pero la vida en Cristo es una vida que empezamos a disfrutar aquí y ahora cuando creemos y sigue por toda la eternidad, porque es una vida nueva y abundante.

Conclusión La vida eterna, no consiste en añadir años a tu vida terrenal de manera que se haga eterna. Se trata de un don de Dios a través de su Hijo Jesucristo que la ganó por ti por medio de su sacrificio redentor. Tú solo tienes que recibirla con arrepentimiento y fe y el gozo del cielo inundará tu corazón.

Pedro Puigvert