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CRISTO, EL VERBO QUE ALUMBRA A LOS HOMBRES

Cada uno de los cuatro evangelios empieza presentándonos a Cristo desde una perspectiva diferente, proporcionándonos una visión más completa de la persona del Mesías. Los evangelios de Mateo y de Lucas inician con el nacimiento humano de Jesús. Marcos, por su parte, comienza su evangelio con un Jesús ya adulto, justo antes de ser bautizado por Juan el Bautista. Pero el evangelio de Juan empieza de forma radicalmente distinta al resto. El apóstol va mucho más allá de la humanidad de Cristo, pues se remonta hasta el principio de los tiempos, hasta la eternidad.

Cristo se hizo hombre (Juan cap. 1, vers. 1-5,9,14)
Juan empieza su evangelio describiendo la gloria que tenía Cristo, el Verbo de Dios, antes de venir a la tierra. Dice en el primer versículo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” Jesucristo era Dios verdadero, la segunda Persona de la Trinidad, pues como enseña la Biblia, aquel que estaba con Dios era Dios 1 . Cristo también creó el mundo; creó los cielos, la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay 2. Cristo es eterno, pues como sigue diciendo el evangelista, “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Juan cap. 1, vers. 3). En otras palabras, todo lo creado, sin excepción, fue hecho por él; por tanto, él no fue creado.

Dice la Palabra de Dios que este Verbo se hizo hombre. Cristo se hizo carne y vino a esta tierra. ¿Para qué vino a este mundo? Para salvarnos. ¿Salvarnos de qué? De la condenación eterna, del infierno. Pero, ¿es que estamos condenados? ¿Acaso hemos hecho algo malo? Todos nosotros somos culpables delante de Dios por haber transgredido sus mandamientos, por vivir de espaldas a Él. Por eso dice la Biblia: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos cap. 3, vers. 23). La vida no acaba en este mundo, sino que está establecido que después de la muerte todos comparezcamos delante de Dios para dar cuentas de nuestros actos 3. Nuestras buenas obras no nos justifican delante de Dios, pues Él es perfectamente santo y no puede tolerar el pecado. Entonces, ¿qué esperanza nos queda?

Para eso Cristo Jesús se hizo hombre. Ni más ni menos que el Dios eterno y el creador de todas las cosas vino a esta tierra para pagar las culpas que nosotros merecíamos. Él llevó nuestro pecado en la cruz, de forma que por su sangre podemos acercarnos a Dios. Así pues, la salvación es por gracia, como dice la Biblia: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios cap. 2, vers. 8-9). Esta es la mejor noticia que podemos recibir; este es el mensaje del evangelio, la buena nueva.

Muchos rechazaron a Cristo (Juan cap. 1, vers. 10-11)
Pero a pesar de esta gran noticia, del gran amor que Dios tuvo para con la humanidad enviando a su Hijo para que pagara nuestras culpas, derribando así la separación que había entre las personas y Dios a causa del pecado, no todos le recibieron. La mayoría de los contemporáneos a Jesús le rechazaron. Pero no sólo los judíos del siglo I d.C. desecharon al Mesías, sino que hombres y mujeres de toda época y de toda nación rechazaron y siguen rechazando la salvación que Cristo ofrece gratuitamente. No sólo esto, sino que encima se ríen y se burlan de él. Ignorar el amor y la bondad de Dios, rechazar esta salvación, tiene consecuencias terribles, como dice el Nuevo Testamento: “el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.” (Juan cap. 3, vers. 18-20).

Quien recibe a Cristo es hecho hijo de Dios (Juan cap. 1 vers. 12-13)
Sin embargo, por la gracia, el amor y la misericordia de Dios, todos aquellos que aceptan a Cristo como Señor y Salvador son hechos hijos de Dios. En palabras del apóstol Juan, “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan cap. 1, vers. 12).

Quien recibe a Cristo es hecho nueva criatura, ha sido librado de la condenación, pasando de muerte a vida: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Juan cap. 5, vers. 24). Por la obra de Cristo, Dios nos libra de la esclavitud del pecado, y nos da una nueva vida que empezamos a gozar desde el momento de la conversión. Aunque en este mundo pasemos por momentos difíciles, ya nada hemos de temer, pues si Dios ha dado a su Hijo por nosotros, ¿cómo no tendrá cuidado de nosotros? 4 El Padre celestial tiene cuidado de sus hijos y los guía a hacer su voluntad.

Conclusión
Juan también dijo en el primer capítulo de su evangelio guiado por el Espíritu Santo: “En él (en Cristo) estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.” (Juan cap. 1, vers. 4- 5). En este mundo lleno de maldad sólo Cristo puede ofrecer luz y vida a las personas. ¿Cómo podemos obtener la salvación? Toda la obra la ha hecho Cristo, nosotros sólo podemos recibirla por fe, confesando a Cristo como Señor y Salvador: “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos cap. 10, vers. 9). ¿Vas a rechazar esta salvación tan grande que Jesucristo te ofrece gratuitamente?

A. S.

Referencias:
1. Ver Dt. 32:39
2. Comparar Sal. 102:25-27 con He. 1:10-12
3. He. 9:27
4. Ro. 8:32