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¿QUIÉN ES JESÚS PARA TI?

La escena que cuenta el evangelista Mateo tuvo lugar en Cesarea de Filipos, donde Jesús se trasladó con sus discípulos para tener un retiro con el propósito de dedicarlo a su formación. Allí, al pie del monte Hermón, Jesús permaneció con los apóstoles unos seis meses. El lugar era tranquilo, precioso, situado a unos 40 kilómetros de Betsaida. De aquellos montes, nace una de las más caudalosas fuentes del río Jordán. En los días del Señor, la ciudad había sido reedificada por el tetrarca Felipe y llamada Cesarea en honor a César Augusto y Filipos por él mismo. Herodes el Grande había construido allí un templo, también en honor de César Augusto, hacia el año 20 a.C.

La primera pregunta de Jesús
En aquel tranquilo lugar, el Señor se dirige a sus discípulos y les formula una primera pregunta sobre su persona, pero que tiene más trascendencia que la simple mención de un nombre: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” En los evangelios leemos que Jesús usaba preferentemente la expresión Hijo del Hombre para referirse a sí mismo. Con ella quería señalar que él era semejante a los hombres y participaba de su misma condición a excepción del pecado. El Señor venía desarrollando un ministerio en que había sanado a muchos y también les había dado de comer, no sólo la palabra de Dios, sino que había llenado sus estómagos con panes y peces. Ahora, quiere que sus discípulos le informen sobre lo que los hombres dicen acerca de quién es él. Para algunos supersticiosos galileos de la corte de Antipas, Jesús era una especie de reencarnación de Juan el Bautista al que el tetrarca Herodes había hecho matar. Para otros, era el profeta prometido como un nuevo Elías, Jeremías o alguno de los profetas. A lo largo de la historia, la figura de Jesús ha sido vista de maneras diferentes y para algunos fue un gran reformador religioso, un referente moral para la humanidad, el primer comunista de la historia, un revolucionario o cualquier otra ocurrencia que les haya venido en mente. Bien, eso era lo que decían los demás, pero ahora viene la pregunta crucial.

La segunda pregunta de Jesús
Seguidamente se dirige a sus discípulos y les pregunta: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”. El Señor sabía muy bien quien era él para sus discípulos, pero quería oír el testimonio de sus propios labios. Hemos visto que las gentes intuían de alguna manera que Jesús era un enviado de Dios, pero no se habían atrevido a confesarle como Mesías o Salvador. Ahora les toca el turno a los apóstoles. Y, una vez más, Pedro es el que toma la palabra y proclama de manera rotunda: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Es decir, le confiesa como el Mesías prometido y además como Hijo de Dios que es una manera de declarar su divinidad. Aunque Jesús, nunca había pronunciado expresamente que él era Dios, quiso con gran sabiduría que sus discípulos gradualmente le reconocieran como tal, escuchando sus palabras, viendo sus obras y contemplando su vida santa. Sin embargo, la declaración de Pedro no nació de él, ni de algún otro, sino que fue una revelación de Dios el Padre. Con aquella confesión Pedro fue bendecido por Dios y además todos ellos recibieron una promesa con relación a la Iglesia que será siempre una base inamovible de la fe cristiana: las puertas del Hades (la muerte) no prevalecerán contra ella, es decir, la acosarán, la combatirán, pero no podrán imponerse sobre ella, ya que nunca desaparecerá.

La tercera pregunta es nuestra
Una vez hemos considerado las dos preguntas de Jesús, nos dirigimos a ti, estimado lector para preguntarte: ¿Quién es Jesús para ti? Quizás, piensas como algunas de las personas mencionadas y no sabes ver como esto puede afectarte en tu vida. Después de la confesión de Pedro, Jesús empezó a declarar a los discípulos que padecería por causa de las autoridades judías, sería muerto, pero resucitaría al tercer día. Esto no lo comprendieron los discípulos en aquel momento y no fueron conscientes de ello hasta que se hubo cumplido esta profecía. La Palabra de Dios, es la que nos aclara el misterio de lo que hicieron con Jesús. El que es el Hijo de Dios, vino a este mundo para cumplir con un propósito eterno: salvar a los hombres que como pecadores estaban condenados a la perdición. De la misma manera que nadie se puede salvar si cae al mar a menos que alguien vaya a salvarle desde fuera, tampoco nadie puede salvarse de la perdición eterna por sí mismo. Hace falta que se acerquen para rescatarle y eso fue a lo que vino Jesús. Por tanto, en primer lugar, Jesús es el Salvador del mundo que por su muerte y resurrección nos ha puesto en disposición de ser salvados y podemos ir a Dios pidiendo el perdón de nuestros pecados con arrepentimiento. Entonces recibiremos el don de la fe para aceptar la salvación que nos ofrece Dios gratuitamente. Una vez somos salvos, Cristo pasa a ser nuestro Señor, al cual serviremos en este mundo hasta que nos llame a su presencia.

Conclusión
De todas las opiniones que los hombres se han formado de Jesús, nos tenemos que quedar con aquella que Dios el Padre reveló a Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. ¿Crees que Jesús es el Mesías (Cristo) que ha dado su vida para que tú tengas vida eterna? ¿Crees que murió en la cruz del Calvario en expiación por tus pecados? Acude a él para ser limpiado con su sangre y serás salvo de tus pecados. Si crees eso, pídele que te salve confesando tus pecados y te dará la salvación. Pedro Puigvert

Pedro Puigvert