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¿QUÉ ES LA FE?

Visitando una población costera vimos un magnífico reloj de sol con esta inscripción debajo: “Jo sense sol, tu sense fe, no valem res”. Es evidente que un reloj de estas características que es observado en un día nublado o que está metido en el interior de un edificio, no cumple con la función de señalar la hora. Asimismo, una persona que carezca de la fe salvadora en Cristo no es nada porque le falta lo principal. La Biblia afirma que “la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve” (epístola a los Hebreos 11:1). Es cierto que estas palabras van dirigidas a creyentes que se elevan por encima del presente, pero también debemos tener en cuenta que lo que pertenece a la naturaleza de la fe es el hecho de hacer presente el porvenir y visible lo invisible. Estas palabras del autor de la carta a los Hebreos no son tanto una definición de la fe, como una descripción de una de sus características para dar aliento. Adelantemos una premisa: “En realidad sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Hebreos 11:6). Veamos algunos aspectos de la fe que salva:

La fe como mirada a la cruz de Cristo (evangelio de Juan 3:14-15)
En su viaje por el desierto hacia la tierra prometida, los judíos murmuraron lamentándose por haber salido de Egipto. Para castigarlos por su pecado, Dios les envió una plaga mortal de serpientes venenosas; el pueblo se arrepintió y Dios dijo a Moisés que hiciera con bronce la imagen de una serpiente y la pusiera sobre un asta en medio del campamento y los que habían sido mordidos debían mirar con fe a la serpiente para ser sanados. De la misma manera era necesario que Jesús fuera levantado en una cruz para que todos los seres humanos mordidos por el pecado, miremos arrepentidos a la cruz de Cristo con fe, para poder recibir la sanidad espiritual de nuestras almas.

La fe como tener hambre y sed de Cristo (evangelio de Mateo 5:6)
Es verdad que uno de los males de nuestro tiempo es la indiferencia, pero sin lugar a dudas, las personas tenemos necesidades espirituales que solamente se pueden satisfacer espiritualmente yendo a la fuente correcta. Muchos complacen sus indigencias alimentándose y bebiendo productos que conducen a la muerte y no a la vida. El único que pueda saciar verdaderamente el hambre y la sed es Jesús, el pan de vida que descendió del cielo y el que tiene el agua que apaga la sed eternamente, como le dijo a la mujer se Samaria que encontró junto al pozo de Jacob. Cuenta la leyenda que en una ocasión un joven recurrió a Buda deseoso de salvación. Éste lo llevó al río sagrado y le sumergió la cabeza. Cuando al cabo de un rato de tenerlo sumergido, le soltó, le preguntó: “¿Qué es lo que más deseabas cuando tenías la cabeza bajo el agua?” El joven, respondió: “aire para respirar”. Cuando se desea así la salvación es cuando es posible encontrarla en Cristo.

La fe como ir a Cristo y entregarse a él (evangelio de Juan, 5:40, 6:44,65, 7:37-38)
Los judíos creían que estudiando las Escrituras, tenían la vida eterna y no se daban cuenta que ellas eran las que daban testimonio de Jesús, el verdadero dador de la salvación. Sin embargo, no querían ir a Jesús porque no creían en él. Negativamente, pues, no querer ir a Jesús y creer en él, cierra las puertas a la salvación. Positivamente, para poder ir a Cristo es necesario ser llevado por el Padre: “ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (v.44), es decir, que la iniciativa parte de Dios el Padre en todo lo referente a la salvación del hombre. El Padre tiene muchos medios para ejercer su acción misericordiosa sobre los hombres. Las experiencias de la vida, el sufrimiento, el pensamiento de la muerte y otros hacen sentir la necesidad de un Salvador. Pero el medio más importante para atraer a los hombres al Salvador es su Palabra y su Espíritu que actúan incesantemente para realizar su obra. Así, pues, el Padre usa diversos medios para llevar las almas a Cristo, éste las salva y terminará su obra resucitándolas y el Espíritu Santo las regenera y mora en ellas por la fe en Cristo.

La fe es el medio para recibir a Cristo (evangelio de Juan. 1:12)
Aunque en Israel había una gran expectativa en la venida del Mesías y Juan el Bautista había preparado el camino del Señor llamando a las gentes al arrepentimiento, cuando vino Cristo, los suyos no le recibieron. Pero a los que le recibieron, los que creyeron en él, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Asimismo, desde entonces los que creen en Jesús y lo reciben en sus vidas, también son hechos hijos de Dios. Todos los seres humanos hemos sido creados por Dios, pero solamente aquellos que han creído en Cristo y en su obra en la cruz, arrepintiéndose de sus pecados, son hijos de Dios.

Conclusión
Si Dios el Padre ha tocado tu corazón por su Espíritu convenciéndote de pecado y te has dado cuenta que como pecador estás perdido eternamente, debes reconocer que solamente por medio Cristo puedes ser salvo. Tienes que ir a él en oración para pedirle el perdón de tus pecados. Si crees que Cristo ha muerto por ti para darte la vida eterna, puedes estar seguro de tu salvación y de ser un hijo de Dios. Pedro Puigvert

Pedro Puigvert