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¿SABES SI TIENES LA VIDA ETERNA?

Esta pregunta puede parecer poco apropiada y hasta cierto punto jactanciosa, porque se supone que nadie puede estar seguro aquí y ahora de poseer la vida eterna, hasta que no lo comprobemos por nosotros mismos después de la muerte. Sin embargo, cuando hacemos esta pregunta no estamos manifestando un deseo o aspiración, sino que expresamos una verdad que está en la Palabra de Dios. En la primera carta del apóstol Juan leemos estas palabras: “Os escribo estas cosas a vosotros, que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna”. Fijémonos que no dice: ”tendréis” sino “tenéis”, en presente y no algo que pertenece exclusivamente al futuro. Los que creen son los que están en condiciones de saberlo y por eso pueden decir con toda seguridad: “sabemos que tenemos la vida eterna”. No es jactancia, sino fe en la revelación de Dios.

¿Qué es la vida eterna?
La Biblia enseña que Dios es el origen de todas las cosas, especialmente de la vida. Jesús, Dios humanado, dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Hay vida física y vida espiritual, pero ambas son de Dios. Aunque nosotros estemos vivos, porque respiramos y nos movemos, espiritualmente estamos muertos y separados de Dios. Pongamos el ejemplo de una planta a la que cortamos un tallo y lo dejamos en el suelo. Este tallo tiene el mismo aspecto de los demás que están en la planta, pero la savia ya no lo alimenta y dentro de poco tiempo se secará al estar separado de la vida. Esto es lo que hace el pecado separándonos de Dios y para él estamos espiritualmente muertos. Para recuperar la vida es necesario ir a Cristo confesando nuestro pecado con arrepentimiento creyendo que él ha muerto en la cruz para darnos vida eterna, es decir, la salvación. Esta vida la empezamos a disfrutar aquí y continúa por toda la eternidad. Es como si fuésemos injertados de nuevo en la planta y la savia fluye por el tallo que estaba separado.

¿Cómo puedes saber que tienes la vida eterna?
Después de recibir a Cristo como Salvador y Señor, deben verse algunas evidencias que muestran que has pasado de muerte a vida en sentido espiritual. Lo que te era indiferente en cuanto a Dios, ahora tienes un renovado interés por ello y además tu conducta también experimenta un cambio o transformación. Un joven rico se acercó a Jesús para preguntarle: “¿Qué tengo que hacer para obtener la vida eterna?” Con esta pregunta deseaba saber que buscaba la mejor clase de vida aquí sobre la tierra y también la seguridad después de la muerte. Era un hombre que cumplía con los mandamientos de su religión, aunque no todos. Y una persona que tenía una gran fortuna. Poseía todo aquello que cualquier mortal desearía disfrutar para ser feliz. Sin embargo, no tenía la vida eterna. Su pregunta estaba mal dirigida porque para gozar la vida eterna no hace falta hacer ninguna obra especial. A cada uno el Señor señala su insuficiencia para que confíe plenamente en él al no poderlo conseguir por uno mismo. Al joven le dijo: “vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y ven y sígueme”. Pero el joven se fue triste porque tenía muchas posesiones, a las que amaba más que al Señor.

El lugar de la fe
Juan escribía a los que creían, es decir, los que habían ejercido la fe. Ésta es un don de Dios para ser usada por el hombre. Es como la mano desnuda que recibe el regalo de la vida eterna de parte de Dios apropiándose de todos sus beneficios. También podemos ilustrarlo diciendo que es como el instrumento con que recibimos la vida eterna en virtud del don de Dios que nos capacita para creer. En todo eso no hay mérito alguno de nuestra parte porque tiene su fundamento en la obra de Cristo en la cruz cuando murió a favor nuestro. El apóstol Pablo, lo explicó así. “Porque por gracia habéis sido salvados mediante la fe; esto no procede de vosotros, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte”.

Conclusión
¿Fluye a través tuyo la vida de Dios? ¿Has recibido vida espiritual por medio de Cristo? Debes constatar si posees esta vida. Puedes decir: ¿“yo estaba muerto para las cosas espirituales, pero ahora tengo la vida? ¿Yo me encontraba en tinieblas, pero ahora camino en la luz”? Si no puedes decir estas cosas es que todavía estás muerto en tus pecados y necesitas acudir a Cristo para recibir la vida eterna que ganó por ti en la cruz. Creer es la entrada, el comienzo de la nueva vida en Cristo.

Pedro Puigvert