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OS ES NECESARIO NACER DE NUEVO
Evangelliio de San Juan 3:7

Algunas personas que han pasado por un trance crítico al borde la muerte y se recuperan, suelen decir que han vuelto nacer. El tipo de nuevo nacimiento del que habló Jesús con Nicodemo, un maestro de Israel, es de carácter espiritual y una experiencia por la que tienen que pasar todos aquellos que quieran entrar en el reino de Dios.

¿Por qué es necesario nacer de nuevo?
Las palabras de Jesús tienen que verse en el marco de la conversación que tuvo con un rabino de Israel, que pertenecía a la secta de los fariseos, llamado Nicodemo. Éste fue a visitar a Jesús de noche intrigado por las cosas que hacía el Señor. Inició la entrevista reconociendo que Jesús era el enviado de Dios como maestro. Sin embargo, Jesús dirigió el diálogo hacia otra cuestión: el nuevo nacimiento. Es necesario nacer de nuevo para poder entrar en el reino de Dios, por cuanto todos somos pecadores y tenemos el acceso al mismo vedado si no se produce un cambio radical en nuestra vida por medio de la acción del Espíritu Santo, el cual obra en nosotros para convencernos de juicio, de justicia y de pecado a través de la Palabra de Dios. Nacer de nuevo es experimentar un cambio total en nuestra vida que sólo se puede describir como un renacimiento. Este cambio sucede cuando respondemos con fe a la palabra que Dios nos dirige por el evangelio, sobre el fundamento de la obra de Cristo en el Calvario cuando dio su vida por nosotros.

¿Cómo se produce el nuevo nacimiento?
Intrigado Nicodemo preguntó a Jesús: “¿Cómo puede hacerse esto?” Él estaba pensando en términos materiales de entrar otra vez en el vientre de su madre y volver a nacer y así lo dice. Era un maestro de Israel que no debería ignorar esta enseñanza que ya estaba presente en el Antiguo Testamento. El profeta Ezequiel se había referido en dos ocasiones a este asunto diciendo: “haceos de un corazón y de un espíritu nuevos” y “os daré un nuevo corazón y os infundiré un espíritu nuevo”. Nicodemo no podía entender el funcionamiento de eso y la respuesta de Jesús fue llevarlo al terreno espiritual poniéndole un ejemplo acerca de la acción del Espíritu Santo que es el que produce el nuevo nacimiento. Tanto en hebreo como en griego la palabra que se traduce por espíritu significa también viento. Así, pues, le dijo Jesús: “tú puedes oír y sentir el viento, pero no sabes de dónde viene ni adónde va”.

Tú también, querido lector, puede que no entiendas cómo y por qué sopla el viento, pero puedes sentirlo. Puede que no entiendas de dónde viene la tempestad ni adónde va, pero puedes observar sus efectos. Hay muchas cosas del viento y la tempestad que no podemos entender, pero sus efectos están a la vista. Así ocurre también con el Espíritu Santo; seguramente no sepas como obra, pero puedes ver sus efectos en las vidas de hombres y mujeres transformados, es decir, nacidos de nuevo.
Alguien contaba el caso de un obrero que había sido un borracho hasta que se convirtió al Evangelio. Sus compañeros no desaprovechaban ocasión para ridiculizarle, diciéndole que cómo podía creer en los milagros de Jesús, por ejemplo, convertir el agua en vino. El hombre les respondía: “no sé si convirtió el agua en vino, pero sé que en mi casa ha convertido el alcohol en muebles, ropa y comida para la familia”.

Conclusión
De la misma manera que por nosotros mismos no podemos hacernos nacer físicamente, así ocurre en el terreno espiritual y por eso habló Jesús de la acción del Espíritu Santo que produce el nuevo nacimiento: “Lo que nace del cuerpo, es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu”. Nacemos de nuevo por medio de Jesucristo cuando le entregamos nuestros corazones y vidas al creer en él. Eso sucede cuando nacemos del agua y del Espíritu,

El agua es símbolo de la Palabra de Dios que nos limpia nuestros pecados, al hacernos ver nuestra condición de pecadores y arrepentirnos, siendo perdonados.

El Espíritu actúa poderosamente en nosotros para cambiar nuestras vidas tomando posesión de ellas y nos da poder para vivir una nueva vida en obediencia a nuestro Padre celestial. Entonces es cuando podemos aceptar la voluntad de Dios como Señor, llegamos a ser ciudadanos del reino de los cielos, hijos de Dios y tenemos la seguridad de la vida eterna.

Pedro Puigvert