Església Evangèlica
av. Mistral, nº 85-87
08015-Barcelona
Email:
tel.: 93 372 1632

Estudios


 

Conferencias

 

El boletín de la iglesia


 
Boletín Verdad Viva
 

Palabras de vida

 

Salva pantalles

Clic aqui
Para descargar este salvapantallas gratuito con un verso bíblico en cada paisaje.

NUESTROS AÑOS SE ESFUMAN COMO UN SUSPIRO
(Sal. 90:9)

Así lo expresó el profeta Moisés hace más de tres mil años en una preciosa oración que manifiesta la fugacidad de la vida humana en contraste con la eternidad de Dios. Esta verdad la podemos constatar cada uno de nosotros en nuestra vida. Empezamos un nuevo año y sin apenas darnos cuenta llegamos a Semana Santa, una semana convertida por la ola de laicismo y de religiosidad popular que padecemos, en unas vacaciones de primavera. Al poco tiempo ya se están planeando las vacaciones de verano y sin regresar de ellas ya nos incitan a comprar lotería de navidad que presagia el fin del año. En algún momento de este ciclo cada uno de nosotros hemos cumplido un año más, mientras para Dios mil años son como el día de ayer que ya pasó; como unas cuantas horas de la noche.

Dios es soberano
La imagen de Dios que nos dibuja Moisés expresa claramente la soberanía divina, la cual afecta al hombre, aunque éste viva al margen de su Creador. Cuando él quiere hace que el hombre salido del polvo vuelva al polvo. La vida humana es breve, pues Dios arrasa a los mortales, somos como un sueño, nacemos por la mañana, como la hierba que al amanecer brota lozana y por la noche ya está marchita y se seca. Esta fugacidad de la vida humana crea en nosotros una sensación de insignificancia molesta. Cuando se medita seriamente en ella, no podemos por menos que sentir un escalofrío en todo nuestro cuerpo. El contraste entre la grandeza eterna del Dios soberano y nuestra pequeñez nos devasta.

El hombre es pecador
El drama humano que se halla detrás de lo dicho en el párrafo anterior tiene una causa más profunda que la vanidad de una vida efímera. El mayor mal que aqueja al hombre es el pecado, porque en último término se encuentra en él la raíz de las penas temporales y la muerte misma del ser humano. Cuando el hombre se enfrenta a Dios tratando de usurpar su soberanía, está irremediablemente condenado a la frustración y a la muerte en su sentido más amplio. A causa del pecado que origina la ira divina, somos aterrados. Tantos años de vida, sin embargo, sólo traen pesadas cargas y calamidades; pronto pasan y con ellos pasamos nosotros. Si solamente nos quedáramos con esta visión descorazonadora, pero realista del hombre y de la vida, caeríamos en el pozo profundo de la depresión al no ver salida ni futuro para nosotros y nuestra sociedad. Desde el huerto del Edén, cuando el hombre ha pretendido vivir de manera autónoma, desalojando a Dios de su vida, las consecuencias han sido fatales y lo siguen siendo en la actualidad. ¿Tenemos los seres humanos alguna vía de escape o un medio para librarnos del pecado que nos asedia y vivir en esperanza con un futuro prometedor?

La gracia de Dios
Si te has dado cuenta que como pecador estás privado de la gloria de Dios, sólo puedes acogerte a su gracia y hacerla tuya con esta oración: "Compadécete Señor de mí, y que tu favor esté conmigo, saciándome de tu amor". Por la gracia de Dios tu vida puede cambiar. La aflicción de días pasados puede dar lugar a la alegría de días nuevos. En la oración, Moisés lo expresa de esta manera: "¡Sácianos de tu amor por la mañana y toda nuestra vida cantaremos de alegría. Días y años nos has afligido, nos has hecho sufrir; devuélvenos ahora ese tiempo en alegría!" La vida ya no será un mero vegetar, una existencia absurda. Será una oportunidad para hacer una obra trascendente, la obra de Dios y por medio de nosotros. De este modo la vida adquiere un sentido permanente y brilla con esplendor de eternidad. Pero, ¿De dónde surge la gracia de Dios? La gracia de Dios, entendida como favor divino para nosotros sin merecerlo, es decir, sin dar nada a cambio, no es gratuita, ya que tuvo un alto precio. Este favor inmerecido emana de la cruz del Calvario en donde Cristo dio su vida por nuestros pecados, tal como lo explica el apóstol Pablo: "En él (Cristo) tenemos la redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de la gracia que Dios nos dio en abundancia con toda sabiduría y entendimiento". "A la luz de la gracia de Dios, su eternidad, también, se refleja en la vida y la obra del hombre. Visto con la luz de Dios, lo evanescente se hace duradero, lo miserable viene a ser glorioso, y lo que carece de sentido cobra significado, porque todo está bañado en luz de eternidad" (Weiser).

Conclusión
Lo efímero de la vida humana nos lleva a pensar que la muerte puede hacer su aparición en cualquier momento. ¿Estás preparado para presentarte ante el Dios Soberano y enfrentarse a su juicio. Como pecador te espera la condenación eterna, pero si te acoges a la gracia de Dios con arrepentimiento y fe en Jesucristo tus pecados serán perdonados y entonces "ninguna condenación hay para lo que están unidos a Cristo Jesús" como escribió el apóstol Pablo a la iglesia de Roma. Vale la pena que medites bien lo que has leído en este artículo porque está en juego tu destino eterno.

Pedro Puigvert