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EL AGUA QUE SALTA PARA VIIDA ETERNA

El agua es uno de los bienes más preciados de la humanidad. Las poblaciones humanas están asentadas cerca de lugares con agua abundante. El agua es necesaria en la vida como bebida de los hombres. El Señor Jesucristo empleó el agua como símbolo o figura de realidades trascendentes, por ejemplo, la vida eterna.

El agua viva
La ocasión a la que hacemos referencia sucedió en Sicar, una población de Samaria a la que llegó Jesús cuando una mujer iba a sacar agua del pozo de Jacob. Jesús cansado del camino, lo que indica su plena humanidad, se dirigió a la mujer para pedirle agua. Ella, extrañada de que un judío hablase con una mujer samaritana, debido a la enemistad existente entre ambos pueblos, le preguntó a Jesús por los motivos de su petición. El Señor le respondió que si ella supiera quién le pide de beber, le pediría a él y Jesús le daría el agua viva. La mujer toma las palabras de Jesús de manera literal cuando debía entenderlas en sentido espiritual. Con esta manera de enseñar, el Señor quería que su interlocutora descubriera y asumiera la verdad por sí misma. Para los judíos el agua viva estaba en oposición al agua estancada, por lo que aquélla siempre era superior. Pero hay otros aspectos a tener en cuenta:

La sed de Dios
En la Biblia se menciona a menudo la sed de Dios que tiene el ser humano y el agua viva que puede mitigar esa sed. Jesús no estaba empleando términos que llevaran a la confusión, sino que cualquiera con un poco de sensibilidad espiritual los podía entender. Una de las promesas que encontramos en la Biblia dice: “Al que tenga sed le daré a beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida” (Apocalipsis 21:6). Jesús pasó a hacer todavía una afirmación más espectacular cuando dice que él podía darle el agua viva que le quitaría la sed para siempre. Cuando Jesús hablaba de traer a la humanidad la única agua que puede apagar definitivamente la sed, no hacía sino afirmar que él era el Mesías (Cristo) de Dios que había venido para inaugurar una nueva era en que su muerte en la cruz es el manantial de vida en donde hallamos perdón para nuestros pecados y la salvación eterna. En el fondo de la cuestión está la verdad de que en el ser humano hay una sed de Dios que sólo Jesucristo puede calmar.

Enfrentándose consigo misma
La mujer le pidió a Jesús que le diera esa agua, pero seguía sin entender el verdadero sentido de estas palabras. El Señor de manera impactante le hizo ver su propia realidad y necesidad. Simplemente le dijo que llamara a su marido y volviera con él. De pronto se dio cuenta que había llevado una vida inmoral e inadecuada. Nadie se ha visto en realidad como es sino en la presencia de Cristo. La conversación que sigue empieza con un sentimiento de pecado. Amigo lector, así debe ser también en tu caso. Tienes necesidad de calmar tu sed de Dios, pero debes empezar por reconocer tu pecado, arrepentirte y creer que Cristo murió en la cruz por ti para darte vida eterna.

Conclusión
Uno de nuestros poetas explicó así el anhelo del alma: “Anoche cuando dormía, soñé ¡bendita ilusión! Que una fontana fluía dentro de mi corazón, Di ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí, manantial de nueva vida de donde nunca bebí? Anoche cuando dormía soñé ¡bendita ilusión! Que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón.” (Antonio Machado). Nada borra el deseo de eternidad que Dios ha puesto en el alma. Sólo Jesucristo puede saciar tu sed. Acude a él y te dará el agua viva.

Pedro Puigvert