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Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
(Evangelio de Juan 18:37)

Queremos destacar esta frase de Jesús que es un compendio extraordinario de su misión en este mundo y mucho más si lo vemos en el contexto donde se halla. Su frase nos plantea estas preguntas: ¿De dónde vino? ¿Cómo nació? ¿Para qué vino y nació? Jesús procedía del Padre, del cielo, donde estaba su morada y vino a este mundo. Su reino no es de este mundo, es un reino celestial. Deja establecida claramente su procedencia presentando unas credenciales de regia dignidad y majestad. Su venida fue por medio del nacimiento como todos los seres humanos. Cristo es preexistente como Hijo de Dios, pero como hombre tuvo que nacer de una mujer. Ahí está el misterio de su encarnación, Dios hecho Hombre. El objetivo de su venida y nacimiento en este mundo es para dar testimonio de la verdad, o sea, para decirle a la humanidad la verdad acerca de Dios. Sin duda, el concepto de la verdad es complicado y quizás en este sentido debemos entender la pregunta de Pilato: ¿Qué es la verdad?

Definición de verdad
Si acudimos a los diccionarios para conocer la definición de este concepto, encontraremos explicaciones diferentes. Así, para unos es “la calidad de lo que es cierto, conformidad de lo que se dice con lo que existe”. Para otros, “conformidad de las cosas con el concepto que de ellas se forma la mente”. Para los sabios griegos, que influyeron en los teólogos de la Edad Media, la verdad se entiende como “adecuación” o “correspondencia”, diciendo que “un comunicado es verdadero si hay correspondencia entre lo que se dice y la realidad de los hechos”. Cualquiera de estas formas es válida para definir la verdad en sentido general, pero la verdad en la Biblia es mucho más que todo eso. En el año 2016 se ha entronizado el híbrido “posverdad” que significa dejarse llevar por las emociones rechazando lo que es objetivo y verdadero. Se siente, pero no se corresponde con la realidad. Se aproxima al concepto de mentira.

La verdad en las Escrituras
Es imposible hacer un análisis completo de todas las referencias que tenemos en la Palabra de Dios sobre la verdad. En la concordancia de nuestra web aparece la palabra 174 veces en el AT y 164 en el NT (total 338 veces).

1. La verdad en el Antiguo Testamento. La palabra hebrea que significa “verdad” se traduce con frecuencia por “fidelidad” y puede aplicarse tanto a Dios como a los seres humanos. El Dios de verdad es “el Dios en cuya palabra y obra puede confiarse plenamente”. Expresa, tanto la idea de veracidad como de fidelidad, pues Dios es digno de confianza. Pero también el término hebreo se usa como expresión de verdad en contraposición al engaño o a la falsedad (Génesis 42:16, Éxodo 18:21). En tanto que hijos de Dios se debe poder confiar en nosotros porque no engañamos. La verdad suprema para Israel era Dios mismo, en la magnificencia de su ser y de sus atributos. La verdad no podía ser conocida por simple reflexión humana, sino que para entender a Dios es necesaria la revelación que hace de sí mismo. La mejor fuente de verdad son los escritos del Antiguo Testamento, los cuales constituyen el testimonio y depósito de la revelación divina.

2. La verdad en el Nuevo Testamento. La palabra griega que se traduce por “verdad” se usa frecuentemente como lo contrario de falsedad, pero en muchos textos tiene otros sentidos. En principio, la verdad de Dios se encarna en Jesucristo (Juan 1:14). Cristo es el Verbo y él es la verdad. En este mismo evangelio, Jesús afirma que él es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6) y en otra ocasión dijo: conoceréis la verdad y la verdad os libertará (…) Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres (Juan 8:32-36). Por otro lado, el Espíritu Santo guiaría a discípulos a toda verdad (Juan 15:26, 16:13) y en virtud de esta acción del Espíritu, los apóstoles conocerían y comunicarían la palabra de Dios, el evangelio, de tal manera que su mensaje equivaldría a la verdad de Dios (Efesios 1:13, 1 Tesalonicenses. 2:13). La forma como entendemos la verdad puede ser diferente, pero la verdad en sí misma, tal como se da en el mensaje de los apóstoles es objetiva y concreta. El deber de todo ser humano es conocerla y aceptarla, puesto que la voluntad divina es que todos los hombres vengan al conocimiento de la verdad y sean salvos (2 Timoteo 2:4). Los seres humanos no podemos modificar la verdad del evangelio y conformarla a las corrientes que imperan en este mundo y ni siquiera la Iglesia tiene potestad de alterarla, sino que su deber es salvaguardarla y proclamarla y a eso debe entregarse con fidelidad absoluta ya que es columna y fundamento de la verdad (1Timoteo.3:15). Y así como Cristo vino a dar testimonio de la verdad, nosotros también.

Posturas humanas frente a la verdad
Las diversas formas de interpretar la verdad han conducido a que por motivos distintos, prejuicios e intereses, se hayan adoptado actitudes contrapuestas.

1. La postura escéptica. Es la que juzga que no hay nada verdadero o falso y que la verdad no existe, solo es apariencia. Quizás esa era la opinión que se escondía detrás de la pregunta de Pilato. Una postura suavizada de esta es el relativismo. No niega que exista algún tipo de verdad, lo que rechaza es que haya verdades absolutas. No admite que la Biblia sea la verdad absoluta de Dios o que Jesucristo viniera para dar testimonio de la verdad.

2. La postura amplitudista. Es aquella que piensa que la verdad se puede encontrar también en otras partes y no solo en la revelación bíblica. Es una actitud que está de moda hoy en día. Se halla representada por los que dicen que la verdad se puede encontrar en todas las religiones, las cuales deben unirse para mostrar al mundo que todos son mensajeros de una misma verdad. Eso es lo que persigue el Parlamento de las Religiones, un foro sincretista.

3. La postura sectaria. Es la actitud que han adoptado muchos cristianos que se consideran los poseedores de la verdad, de manera exclusiva y absoluta. Piensan que sus interpretaciones de las Escrituras son las únicas correctas, todas las de los demás están equivocadas. Confunden su sesgada interpretación con la misma palabra de Dios, cuando en realidad es superficial, simplista y rígida, encastillándose en textos sacados de contexto y llevados a un extremo. El sectario es inseguro e intenta compensarlo con la intolerancia, el orgullo y el autoritarismo. Por el contrario, el cristiano genuinamente espiritual es humilde y sabe que debe crecer en el conocimiento de la verdad.

4. La postura de la fe. Es la única actitud razonable. La fe, en el sentido cristiano, es la respuesta del ser humano a la palabra de Dios que le interroga. Es la decisión radical por Cristo en el convencimiento de que sus palabras y su obra constituyen la expresión más fidedigna de la verdad divina (1 Juan 5:20).

Conclusión
Escuchar, creer y obedecer a la Palabra de Dios es la base en que se sustenta la efectividad del testimonio cristiano de la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye la voz de Cristo y testifica de la verdad como hizo el Señor. Si tú, querido lector, has oído la voz de Cristo por medio de su Palabra santa, sabrás que debes arrepentirte de tus pecados y creer en la obra de Cristo, el cual murió en la cruz cargando con tus pecados para que puedas recibir la salvación que te ofrece por gracia.

Pedro Puigvert