Església Evangèlica
Església Evangèlica
av. Mistral, nº 85-87
08015-Barcelona
Email:
tel.: 93 372 1632

El boletín de la iglesia

Estudios

Selección de sermones

Conferencias

Boletín Evangelístico

Boletín Verdad Viva

Palabras de vida

Salva pantalles

Clic aqui
Para descargar este salvapantallas gratuito con un verso bíblico en cada paisaje.

Vino (Cristo) a lo que era suyo pero los suyos no le recibieron. Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.
(Evangelio de Juan 1:11-13)

Es frecuente oír a muchas personas decir que todos somos hijos de Dios. En un sentido están en lo cierto, si es que piensan que todos somos criaturas de Dios. Sin embargo, hay otro sentido y es aquel en que una persona no es hija de Dios, sino que tiene que llegar a serlo. Es verdad que Dios nos ha creado, pero solamente se llega a ser hijo de Dios, cuando somos espiritualmente engendrados por Dios por medio de Jesucristo y entonces le podemos llamar Padre con toda propiedad.

El hombre, una criatura de Dios
El ser humano ha sido creado por Dios, a su imagen y semejanza: No habéis leído –replicó Jesúsque en el principio el Creador “los hizo hombre y mujer” (Mateo 19:4). Toda la raza humana se ha originado en una sola pareja; las diferencias de color y de constitución física se han producido en el transcurso de los siglos bajo el poder de causas diversas, pero la unidad de la especie humana es afirmada por las Escrituras: de un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra (Hechos de los apóstoles 17:26).

La constitución del ser humano
Cada ser humano está compuesto de un cuerpo, de un alma y de un espíritu. El cuerpo es la parte material de nuestro ser. El alma es el principio vital por la que el cuerpo es animado, el conjunto de los instintos y de las facultades más o menos inconscientes que posee en común con los animales. El espíritu, es su ser mismo en su esencia inmortal. En el lenguaje corriente, el alma y el espíritu son a menudo confundidos. En la Biblia, muchas veces alma y espíritu son términos intercambiables, porque en realidad el hombre está constituido por una parte material y otra inmaterial, llamada alma/espíritu, aunque podemos matizar estos dos aspectos como hemos hecho en este escrito. Mientras que los animales han sido creados colectivamente, el hombre es el producto de un acto especial de la voluntad divina. Con la creación del hombre y la mujer, Dios estableció la raza humana. Todas las generaciones estaban contenidas en la primera pareja. El hombre es, pues, a la vez un individuo y un ser asociado, ya que la Biblia enseña la solidaridad de la especie humana y la responsabilidad de cada individuo que la compone.

Cómo podemos llegar a ser hijos de Dios
Cuando el evangelista Juan dice que estos no nacen de sangre, está expresando la convicción judía de que un hijo nacía de la unión de la simiente del padre y de la sangre de la madre. Esta condición de hijos de Dios no procede de ningún impulso o deseo humano, ni de ningún acto de la voluntad humana, sino que proviene únicamente de Dios. Nadie puede por sí mismo hacerse hijo de Dios. No podemos entrar en relación con Dios por nuestra voluntad o méritos, porque somos seres humanos y él es Dios. Solo puede ser, cuando Dios, tomando la iniciativa en su gracia, que no podemos merecer en ninguna manera, nos proporciona el camino a seguir. Pero lo que Dios ofrece, el hombre tiene que apropiárselo como un regalo.

Podemos ser hijos de Dios por la fe en Cristo
Creer en el nombre de Cristo, tiene un significado especial en la mentalidad judía. Con esta expresión no se referían al nombre propio de una persona, sino a su naturaleza en tanto que expresa el carácter de la persona que lleva el nombre. En otras palabras, se trata de poner toda la confianza en Dios y su obra de salvación que ha sido realizada por medio de Cristo. Eso es lo que significa creer en el nombre de Cristo, confiar plenamente en él. Como no podemos salvarnos por nosotros mismos, tenemos que confiar en aquel que murió en la cruz a favor nuestro y hacer nuestra su obra, o sea, su muerte y resurrección. Además de la fe, es necesario el arrepentimiento con el que nos volvemos a Dios y recibimos la adopción de hijos, de lo que da testimonio el Espíritu Santo a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16).

Conclusión
¿Puedes afirmar, querido lector, que eres verdaderamente un hijo de Dios que ha recibido la vida eterna y no solo una criatura de Dios? El camino a seguir ya lo sabes, solamente hace falta que recibas el regalo de la salvación que Dios te ofrece creyendo de todo corazón que Cristo murió en propiciación por tus pecados, de manera que no tienes que añadir nada a la salvación que Cristo ganó para todos aquellos que han creído en él.

Pedro Puigvert