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Y sucedió que mientras estaban en Belén, se cumplió el tiempo del alumbramiento. Y María dio a luz a su primogénito; lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
(Evangelio de Lucas 2:6-7)

Si nos guiamos por este evangelio, encontraremos tres cuadros que anticipaban la venida al mundo del Hijo de Dios humanado. En el primer cuadro (Lucas 1:26-38) podemos leer la anunciación a María de que sería la madre de Jesús; en el segundo cuadro (Lucas 1:46- 55), María se regocija en Dios su Salvador por lo que había hecho por ella; en el tercer cuadro (Lucas 1:67-75), Zacarías, un sacerdote de Israel, que asumía una función profética, anunciaba la próxima venida de un poderoso salvador. En este cuarto y último cuadro, consideraremos el nacimiento de Jesús el Salvador.

El tiempo del nacimiento de Jesús El acontecimiento de la encarnación de Dios el Hijo tuvo lugar en el momento escogido por Dios el Padre, en medio de unas circunstancias históricas especiales en que confluía una situación única, cuyo escenario Dios había preparado hasta los detalles más insignificantes, pero que cobra un relieve extraordinario.

El edicto de Augusto. Augusto, el emperador romano, publicó por aquellos días un decreto disponiendo que se empadronaran todos los habitantes del imperio (v.1). En aquellos días, es una frase un tanto vaga que se relaciona con el nacimiento de Juan. El César Augusto ordenó un censo en todo el imperio romano que tenía como finalidad el registro de la población de cada provincia, ciudad y bienes de la gente para proporcionar la percepción de los impuestos. Una medida política facilitó el cumplimiento de las profecías según las cuales Jesús había de nacer en Belén (Miqueas 5:2).

El censo primero. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria (v.2.). Lucas, como buen historiador hace una precisión que puede parecer innecesaria, pero es importante. Algunos han criticado al evangelista por haber confundido el censo que menciona con otro celebrado diez años más tarde, bajo el gobierno de Cirenio. A pesar de los ríos de tinta que han corrido, no hay confusión entre los dos censos ya que precisamente la observación de Lucas es para establecer una distinción entre ambos, pues al decir que este fue el primero supone necesariamente que hubo otro más adelante. Mientras el primero tuvo lugar bajo el reinado de Herodes, el segundo, según testimonio de Flavio Josefo, fue promulgado después de la destitución de Arquelao, un censo célebre porque dio lugar a una rebelión del pueblo muy sangrienta mencionada en Hechos 5:37. Aunque Cirenio no era oficialmente gobernador de Siria en el primer censo, lo presidió como comisario imperial, pero Lucas lo designa con el cargo que tuvo después. Gobernador puede ser también un nombre genérico.

El empadronamiento. Todos tenían que ir a empadronarse, cada uno a su ciudad de origen. Por esta razón, también José, que era descendiente del rey David, se dirigió desde Nazaret, en la región de Galilea, a Belén, la ciudad de David, en el territorio de Judea, para empadronarse allí juntamente con su esposa María, que se hallaba embrazada (vv.3- 5). Como consecuencia del edicto del emperador, Herodes ordenó el registro de todos los judíos que debía ser hecho a la manera judía y no romana, aunque en este caso habrían sido muy similares: según los romanos cada familia tenía que empadronarse en la población donde habían nacido y así se registraba casa y linaje. Según el modo judío tenían que empadronarse según las tribus, familias o clanes y la casa de sus padres, pero como diez tribus no habían regresado a Palestina, cada uno tuvo que registrarse en su propia ciudad. En el caso de José y María, como eran del linaje de David, lo natural, en conformidad con la ley judaica, era que fueran a Belén. El viaje de Nazaret a Belén debió resultar penoso estando ella embarazada, cuya duración era de unos tres días llevando los enseres con ellos en previsión del hijo que iba a nacer.

El misterio del nacimiento de Jesús
El dramatismo de esta escena es único. El Hijo de Dios, que es el Señor del cielo y de la tierra, nacerá en un oscuro rincón del mundo en unas condiciones que el más desfavorecido de los mortales no elegiría para sus hijos.

Un nacimiento guiado por la divina providencia (v.6). Los pasos que hemos visto hasta aquí, nos muestran que todo estaba controlado por Dios: la coincidencia del censo con los últimos días del embarazo y el parto, mientras hacían las gestiones para registrarse. Incluso el lugar en que tuvo que nacer, escondido a los ojos de la gente y que aconteció en el seno del matrimonio, sin ayuda de terceras personas. La pequeña ciudad de Belén estaba llena de los que habían venido de otros lugares. La hospitalidad oriental es proverbial, pero en esta ocasión todas las casas estaban ocupadas. Hasta el mesón estaba lleno y el único lugar disponible era el establo en el que se resguardaba el ganado. En un sentido, quizás era mejor, porque alguien que iba a dar a luz no estaría muy a gusto con otras personas en un mesón lleno, que hablaban todo el rato y hacían ruido.

Un nacimiento secreto (v.7). En cuanto a lo que pasó en el interior de aquel establo, las circunstancias del nacimiento y el momento exacto en que ocurrió, no sabemos nada. Solo trascienden tres detalles: dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre. Más allá de este anuncio de unos hechos escuetos, los evangelios canónicos, con gran delicadeza corren un velo sobre el misterio más sagrado y los apócrifos inventan demasiado. Notemos que tanto Lucas como Mateo, subrayan el término primogénito, lo que apunta a que María tuvo otros hijos después. La impresión que queda en la mente es la de la extrema humildad. El anuncio del nacimiento de Jesús Del ambiente íntimo y la penumbra del establo, el relato da un salto enorme y nos coloca en el exterior en plena noche donde el firmamento resplandece con el fulgor de las estrellas y el silencio se rompe desde el mismo cielo. Ahora ya no hay nada que esconder, sino que por el contrario hay mucho que revelar a los hombres.

Un anuncio dirigido a los pastores. En unos campos cercanos había unos pastores que pasaban la noche a la intemperie cuidando sus rebaños (v.8). Los pastores que pasaban la noche en el campo con los rebaños de ovejas se turnaban para cuidarlos según las cuatro velas en que los judíos dividían la noche. Como Palestina tiene un clima mediterráneo, este detalle nos permite descubrir que el nacimiento de Jesús no ocurrió en invierno, sino que el cuidado de los rebaños a la intemperie se hacía entrada la primavera hasta la llegada del otoño, es decir, de mayo a septiembre. Un nacimiento humilde requería que los primeros a los que se les anunció fueran también humildes pastores. Según la Mishnah, los rebaños del lugar estaban destinados a los sacrificios del templo.

Las palabras del anuncio. De pronto, se les apareció un ángel del Señor y el resplandor de la gloria de Dios los llenó de luz de modo que quedaron sobrecogidos de temor (v.9). De repente llegó el anuncio demorado tanto tiempo, con la presencia de un ángel rodeado de la gloria del Señor que los envolvió en su luz causando sorpresa y temor a los pastores. No tengáis miedo, porque vengo a traeros una buena noticia, que será causa de alegría para todo el pueblo. En la ciudad de David os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, el Señor (vv.10-11). El ángel les anunció el evangelio, la buena noticia: había nacido el Salvador que era el Mesías prometido desde hacía mucho tiempo. Lo encontrarían en la ciudad de David, o sea Belén, y podían ir a verle y reconocerle por la humildad de las circunstancias que rodeaban su nacimiento. A este anuncio se sumó la hueste celestial que lo acompañaba entonando el “Gloria in excelsis Deus”, sus palabras en latín, anunciando paz a los hombres de parte de la buena voluntad de Dios.

Conclusión
Terminado el himno y desaparecida la luz, los pastores se quedaron solos. Ahora tenían que comprobar el hecho por sí mismos y anunciarlo. Esta historia tan conocida nos deja una pregunta: ¿Para qué envió Dios el Padre a su Hijo al mundo haciéndose carne semejante a nosotros? Lo envió por causa de nosotros, ya que siendo pecadores estábamos condenados al infierno por toda la eternidad. Pero Jesús, no solo vino, sino que de acuerdo con el plan divino, dio su vida en expiación por nuestros pecados muriendo en la cruz después de realizar un ministerio en que hizo el bien a todos. Para que Jesús sea tu Salvador, tienes que reconocer que eres pecador, arrepentirte y creer en él, acogiéndote a la gracia que Dios te ofrece según sus insondables riquezas en Cristo Jesús. Que en la próxima Navidad, Jesús pueda nacer también en tu corazón.

Pedro Puigvert