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Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní… Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse triste y angustiado. “Es tal la angustia que me invade que me siento morir –les dijo-. Quedaos aquí y permaneced despiertos conmigo.”
(Evangelio de Mateo 26:36-38)

Posiblemente quien no haya leído o escuchado nunca estas palabras de Jesús se quedará un tanto perplejo al comprobar cómo se manifiesta su humanidad y entra en una fuerte depresión. El hecho de tener delante de sí los grandes sufrimientos que dentro de pocas horas padecería, sintió la necesidad de irse con tres de sus discípulos a un lugar apartado para estar en comunión con el Padre. La suya no sería una muerte como la de cualquier otro condenado al suplicio de la cruz, sino que sobre sí cargaría con los pecados de toda la humanidad para expiarlos en sacrificio vivo.

Los misterios de Getsemaní
El nombre del lugar, desde tiempos remotos significaba “Prensa de aceite”. Era un huerto en el sentido oriental, en que probablemente había árboles frutales y sobre todo olivos, aunque en el tiempo de Jesús no es seguro porque los romanos habían cortado todos los árboles de aquel valle, pero es posible que salieran retoños de los troncos de los viejos olivos. Después de la cena pascual, marcharon del aposento y se dirigieron a este lugar donde Jesús oró intensamente. Casi al final de la cena, Jesús se había dirigido a Pedro y le dijo: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearos como si fuerais trigo. Pero yo he orado por ti para que no falle tu fe” (Evangelio de Lucas 26:31). Aquella noche, el poder de las tinieblas entraba en acción ya que Satanás había hecho una petición, ¿a quién? ¿A Dios? para zarandear a los discípulos. No lo sabemos, pero obtuvo permiso para atacar no solo a Jesús, sino también a sus amigos que se hallaban con él. El diablo había logrado lo que quería, no para destruir, sino para zarandear como trigo, o sea, para quitar de él lo que no es grano, pues no tenía autorización para ir más lejos. Este sacudimiento afectaría sobre todo a Pedro, el cual estaría en peligro aquella noche, cuando la paja y el polvo fueron echados en el cedazo de su negación de Cristo.

Otro misterio de aquella noche, es la oración intercesora de Cristo por Pedro. El motivo de la súplica de Jesús era la fe de Pedro para que no fallara, no que le fuera evitada la prueba. Notemos que Jesús no oró por Judas. La fe de Pedro necesitaba ser reforzada ante el fracaso, el cual era posible sin la mediación de Cristo. Pedro amaba a Jesús, pero Judas no, por eso la respuesta a la oración del Señor fue la preservación de su fe y después de la resurrección, el apóstol fue restaurado de su caída.

La lucha en oración de Jesús en Getsemaní
Una vez los once llegaron al huerto, ocho de ellos fueron dejados allí cerca de la prensa de aceite para que oraran y no entraran en tentación, pero los tres restantes acompañaron a Jesús un poco más allá. Fueron los mismos que estuvieron con Jesús cuando resucitó a la hija de Jairo y en el monte de la transfiguración contemplaron su gloria. El Señor quería que en aquella hora de agonía, aquellos de su círculo íntimo estuvieran a su lado. A cada paso, iba sintiendo más tristeza, desolación y angustia. Esta última palabra, indica una completa soledad. Les confesó la profunda aflicción de su alma, agobiado de una tristeza mortal y les pidió que velaran con él. Jesús siguió un poco más adelante en donde inició su lucha en oración. Los tres discípulos oyeron sus primeras palabras de aquella oración agónica, pero les entró un sueño invencible y se durmieron. ¿Por qué Jesús tenía esta tristeza hasta la muerte? Él era inocente y tenía que gustar la muerte por todos los hombres culpables en tanto que pecadores. El Hijo de Dios hecho Hombre, debía someterse a la humillación más profunda pagando con su vida a favor del ser humano. Como dice el apóstol Pablo: Y estando en la condición de hombre se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz (Filipenses 2:8). Al someterse a ella removió el poder de la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio(2ª Timoteo 1:10). Jesús oró si era posible no pasar por la muerte, pero siempre condicionado a la voluntad del Padre, no a la suya propia.

El arresto de Jesús en Getsemaní
Un destacamento romano armado con palos y espadas, acompañado por siervos del Sumo Sacerdote y otros alguaciles juntamente con Judas, se dirigieron al huerto de Getsemaní, un lugar que el apóstol traidor conocía bien. Al ser de noche se hizo necesaria la participación de este último para señalar quién era Jesús. Sin embargo, Jesús es el que se adelanta y pregunta a quién buscan. Obtenida la respuesta, él con toda firmeza solo pronuncia dos palabras: “Yo soy”. En boca de Cristo, estas dos palabras tienen un significado más profundo que el simple hecho de identificarse. El efecto que produjo en aquella turba fue instantáneo, ya que retrocedieron y cayeron al suelo. Los soldados se encontraron de frente con una figura imponente que salió a su encuentro con el idioma de la divinidad. Yo soy, es la manera cómo Dios le reveló su nombre a Moisés: Yo soy el que soy, YaHWeH(Éxodo 3:14). La hora de Cristo había llegado y debía cumplir la obra que el Padre le había encargado y por la que vino a este mundo.

Conclusión
De Getsemaní, tras un recorrido por diversos lugares, Jesús fue condenado a morir en la cruz en el monte Calvario. ¿Cuál era finalidad de todo lo que hemos contado? Dar su vida en sacrificio por nuestros pecados como víctima propiciatoria y que por medio de su muerte nosotros pudiéramos alcanzar la vida eterna redimiéndonos de la condenación que pesaba sobre nosotros en tanto que pecadores. La cuestión es esta: tú, estimado lector eres pecador, como todos nosotros, solamente que aquellos que nos hemos acogido a la gracia de Dios en Cristo y el Espíritu Santo ha aplicado el sacrificio de Cristo a nuestras vidas, hemos sido limpiados de nuestros pecados habiéndonos otorgado la vida eterna por medio del arrepentimiento y la fe en él, como requisitos imprescindibles. Esto lo puedes hacer tú también y delante de ti se abrirá un nuevo camino de comunión con Dios, el cual te acogerá como hijo adoptivo por medio de Jesucristo Salvador y Señor.

Pedro Puigvert