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Pero el día del Señor vendrá como ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella quedará al descubierto
(2ª Pedro 3:10)

El tiempo de adviento fue pensado para recordar, no solo el advenimiento de Jesús de manera humilde, sino también su regreso, puesto que abarca ambas venidas y de ahí el texto que encabeza este escrito sobre su retorno glorioso, que quisiéramos enfocar desde la perspectiva de la espera sin pasar por alto su encarnación. Aunque el origen de la celebración del adviento es incierto, hay testimonios del siglo IV que lo recogen como un tiempo de preparación para conmemorar el advenimiento del Señor Jesús a este mundo, así como de esperanza en su regreso celestial.

En el mundo en que vivimos la mayoría de las cosas están marcadas por la inmediatez, todo lo queremos al instante, pero nosotros debemos recuperar el sentido del tiempo y de la historia y descubrir la importancia de la duración: El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza (2 Pedro 3:9). El paso del tiempo posibilita la maduración, es decir, la fidelidad. El cristianismo es un ejemplo de eso. La espera del cumplimiento de la promesa ha sido siempre uno de los pilares fundamentales de la fe cristiana. Si nos remontamos a la iglesia apostólica, la esperanza en la venida final de Cristo es la que ha movido a los cristianos a dirigir su mirada hacia el futuro aguardando la manifestación gloriosa del Señor.

La parusía o venida de Cristo.
Significado del término parusía. La palabra parusía ha sido traducida por venida (2 Pedro 3:4,12), pero, ¿cuál es su significado? Además de venida significa también “presencia”. En su uso profano era un término que designaba la entrada solemne y triunfal de un soberano griego en una ciudad conquistada sobre la que en adelante iba a ejercer su poder. La comparación es fácil de hacer, los escritos apostólicos adoptan el término para designar el acontecimiento extraordinario de la venida de Cristo como Señor al fin de los tiempos: esperando ansiosamente la venida del día de Dios (v.12).

La doble o triple parusía de Cristo. A partir del siglo II, con Justino sobre todo se empieza a hablar de las dos parusías de Cristo: la primera humilde y sufriente, ha sido la venida en carne; la segunda, aún por llegar, será en cambio majestuosa y celestial. Más adelante surge la idea de una tercera que se coloca entre la primera y la segunda. Es un acontecimiento intermedio perceptible únicamente con los ojos de la fe. El Señor nunca deja de venir a nosotros por la palabra de Dios y por el Espíritu (Evangelio de Juan 14:23), pero de manera especial viene a la iglesia reunida en el culto del partimiento del pan en respuesta a la invocación del pueblo de Dios: ¡Maranata! (Señor nuestro ven; 1ª Corintios 16:22). En este tercer sentido la parusía del Señor es una morada permanente.

La espera de la parusía por la Iglesia (v. 9). En la iglesia apostólica se vivía la espera del regreso de Cristo de manera apasionada, como deja entrever Pedro aquí por la tensión entre los que se burlaban de la tardanza y los que la esperaban. Los primeros credos de la Iglesia, recogen esta doctrina con la frase que hace referencia a “Aquel que volverá glorioso a juzgar a los vivos y a los muertos. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”.

La parusía, una espera siempre presente
La llegada del reino de Dios. Jesús decía: Se ha cumplido el tiempo. El reino de Dios está cerca. ¡Arrepentíos y creed las buenas nuevas! (Evangelio de Marcos 1:15). Por la encarnación o parusía en carne y la pascua de Dios el Hijo, el reino de Dios ha irrumpido en nuestra historia, la era mesiánica de la salvación y de la gracia ya ha empezado. Notemos la frase: está cerca. El tiempo verbal nos dice que el acontecimiento ha ocurrido ya, pero que la acción perdura. Una nueva realidad está aquí, la victoria sobre la muerte y el pecado ha tenido lugar y el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones, pero falta la consumación o triunfo final. Jesús, con su venida inauguró los últimos tiempos y ahora esperamos su parusía o intervención final para cerrar este período de la historia.

La paradoja del retraso de la parusía. Algunos la tenían por tardanza (2 Pedro 3:9). Mientras por un lado el reino de Dios está presente en el mundo, al mismo tiempo sigue siendo una realidad futura. El mal sigue afectando nuestras existencias y nuestro mundo. A nosotros nos incumbe trabajar por la justicia, el amor, el consuelo y la vida. La gloria de Dios y de sus hijos sigue provisionalmente velada y diferida, aguardando el momento de la plenitud de su revelación. Se produce una tensión: la salvación es una realidad presente y a la vez futura, descrita admirablemente en una frase por Cullmann; “es el ya, pero todavía no” y Pablo lo ilustra con un alumbramiento: sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto (Romanos 8:22). El cumplimiento de la salvación ya ha comenzado, pero persiste la espera de su culminación. Esta espera se halla reflejada en la segunda petición del Padrenuestro, venga tu reino, un reino que ha venido, está viniendo y vendrá. Mientras tanto, el Señor, para quien un día son como mil años y mil años como un día, no retrasa el cumplimiento de su promesa sino que usa la paciencia para que todos puedan obtener la salvación. Desde esta perspectiva, el pretendido retraso de la parusía no puede atribuirse a Dios, sino a los hombres, cuya lentitud en responder al evangelio “estorba” en cierto modo la manifestación final del reino de Dios. Como dijo Agustín: “Dios que te ha creado sin ti no te salvará sin ti”.

La expectativa de la parusía
La respuesta de Pedro a los burladores es que Dios no está retrasando el regreso de Cristo como si se hubiese olvidado de la promesa, sino que está esperando con el propósito de poder revelar su amor, compasión y paciencia a los pecadores. Está dando lugar para el arrepentimiento y la conversión ya que no desea que nadie perezca.

Es una expectativa para incentivar a una vida consagrada. Nuestra anticipación de la segunda venida debe afectar la calidad de nuestra vida de maneras diferentes. La aparición futura de nuestro Señor debe movilizarnos para ser fieles al encargo que Dios nos ha dado, como lo hizo Pablo con Timoteo: que guardes este mandato sin mancha ni reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo (1ª Timoteo.6:14). Si permanecemos en Cristo, estaremos confiados y no seremos avergonzados delante de él cuando aparezca (1ª Juan 2:28). El ser fieles y sabios administradores de lo que Dios haya puesto a nuestro cuidado es otro modo de mostrar que estamos listos para el retorno del Señor (Evangelio de Lucas 12:41- 48). Nuestra expectativa del regreso de Cristo debe ser un incentivo constante a vivir por él y por su reino y a buscar las cosas que son de arriba, no las cosas que son de la tierra. Muchos critican al cristianismo porque según ellos esta expectativa conduce al inmovilismo de la iglesia, pero por el contrario debe llevarnos no solo a andar en santidad y a vivir piadosamente, sino a proclamar el evangelio de la gracia, porque la paciencia del Señor es para salvación.

Conclusión
Si aceptamos que el tiempo de la Iglesia es un tiempo de espera en la parusía y de los cielos nuevos y la tierra nueva en la consumación de los siglos, viviremos en esta expectativa. En el fondo, todo se ha cumplido ya con el advenimiento del Hijo de Dios en la encarnación: Dios ha venido a habitar entre los hombres, ha revelado su amor y nos ha salvado. Pero todavía falta algo, porque ahora es Dios quien aguarda al ser paciente porque no quiere que ninguno perezca, sino que todos se arrepientan y sean salvos. Querido amigo, tú tienes que dar este paso ahora, porque cuando Cristo vuelva se habrá acabado la posibilidad de ser salvo.

Pedro Puigvert