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Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación, ¡lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!
(2ª carta a los Corintios 5:17)

Cuando llegan los últimos días de diciembre y se abre la perspectiva de un año nuevo es un momento apropiado para hacer balance de nuestra vida. Queremos dejar las cosas viejas atrás y las que han sido negativas olvidarnos de ellas por completo. Muchas veces queremos hacer lo mismo que hacen en algunos países, ¡echar incluso los muebles viejos por la ventana y quemarlos! El nuevo año, ante sus incógnitas, siempre es un terreno desconocido aunque al final acabemos repitiendo las mismas cosas. Si trasladamos el concepto de lo viejo y lo nuevo al campo espiritual, tenemos siempre delante nuestro, una perspectiva de cambio para lo mejor.

Lo viejo del hombre
Tenemos que remontarnos al origen de todas las cosas. Dios creó al varón y lo puso a cuidar el huerto del Edén. Le dio una compañera para que no estuviera solo y completara al ser humano compuesto de hombre y mujer, los cuales se unieron formando la primera institución que es la base de la sociedad: la familia. Pero su felicidad dependía de su obediencia a Dios, la cual fue puesta a prueba con la prohibición de comer del fruto del árbol de bien y del mal. Satanás, que se había rebelado contra Dios, quiso lograr que aquellas dos criaturas, que gozaban de las bendiciones de una tierra buena, se unieran a su causa contra Dios y usó a la serpiente, uno de los animales del jardín del Edén, para tentar a la primera pareja humana empezando por la mujer y esta consiguió luego la participación de su marido, cayendo ambos en desobediencia. De esta manera, como dice el apóstol Pablo, por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron (Epístola a los Romanos 5: 12).

Las consecuencias de la desobediencia a Dios
La muerte por la que tienen que pasar todos los hombres es la señal inequívoca de la realidad del pecado desde la antigüedad. Como consecuencia del pecado, el ser humano vive separado de Dios y en enemistad con su creador. En segundo lugar, se produjo un conflicto social, pues lo primero que hicieron Adán y Eva fue echarle las culpas a otro de su desobediencia. Eva acusó a la serpiente de haberle engañado, aunque ella vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría (Génesis 3:6). Adán, acusó a la mujer de haberle dado el fruto prohibido y por eso lo comió. En tercer lugar, se causó una división con la naturaleza, pues lo que hasta entonces era un placer cuidarla en armonía, a partir de aquel momento se convertiría en una ruptura, ya que la tierra fabricaría cardos y espinas, y con penosos trabajos el hombre comería de ella. En cuarto lugar, se provocó una división contra sí mismo, porque aun conservando la imagen de Dios, no es más que la sombra de sí mismo, convirtiéndose es una caricatura del original, contradictoria, pervertida y echada a perder, aunque no extinta.

Lo nuevo del hombre
Dios tomó la iniciativa para resolver la situación en que la humanidad se había visto abocada, enviando a su Hijo Jesucristo al mundo y empezar una nueva era donde los hombres tienen la posibilidad de reconciliarse con Dios y ser hechos nuevas criaturas. ¿En qué consiste esto? La venida de Jesucristo al mundo tenía un objetivo: salvar a los pecadores de la condenación eterna. Para conseguirlo, el Hijo de Dios tuvo que hacerse semejante a nosotros, padecer mucho de los poderes religiosos y políticos de su tiempo y finalmente morir en una vergonzosa cruz y ser sepultado. No obstante, no quedó en la tumba, sino que al tercer día resucitó de entre los muertos y luego ascendió a los cielos. A través de este sacrificio, cabe la posibilidad que todos aquellos que se arrepienten de sus pecados y creen que Cristo murió por ellos, sus pecados son perdonados y reciben la vida eterna. En la práctica significa que a partir del momento en que depositan su confianza en lo que Cristo ha hecho por ellos, sus vidas se transforman, son una nueva creación y esto afecta a la totalidad de la personalidad, pues la experiencia del verdadero conocimiento de Cristo equivale a que todas las cosas sean hechas nuevas, porque nueva es también la orientación de la vida.

Conclusión
La obra de Dios en el pecador arrepentido basada en la de Cristo, es sin duda, una nueva creación, no en el sentido de algo completamente nuevo, sino de una renovación total del ser y de la vida. Cuando vivía en lo viejo su vida estaba orientada hacia el pecado, cuando se cree en la obra de Cristo, esta se hace efectiva por medio del Espíritu Santo que viene a morar en la nueva criatura. Querido lector, ahora es el momento para que empieces un nuevo año con Cristo y todas las cosas sean renovadas en tu vida. Pero todavía no es todo, pues falta la consumación de dicha obra, que tendrá lugar cuando en la voluntad de Dios el Padre, el Señor Jesucristo regrese a este mundo en gloria y poder e inaugure la era final de la historia en unos cielos nuevos y una tierra nueva.

Pedro Puigvert