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EL LIBRO DEL PROFETA ABDÍAS

 

El nombre hebreo Obhadhyah significa “Siervo de Yahweh”. Es el libro más corto del AT, solamente tiene 21 versículos. Algunos personajes veterotestamentarios llevan este nombre, en los libros de Reyes y Crónicas (1 R. 18:3-7,16; 1 Cr. 27:19, 2 Cr. 34:12). Sabemos muy poco de este profeta. Se cree que era de Judá, pero en el primer versículo no se menciona el nombre de su padre ni el lugar de su nacimiento.

               1. Su estructura

                   a) La destrucción de Edom (1-9)
                   b) Las razones de la destrucción de Edom (10-14)
                   c) El  día terrible  de Yahweh (15-16)
                   d) La restauración de Israel (17-21)

                2. Su trasfondo histórico. Es una profecía contra Edom (1:1). Este pueblo estaba situado al sur de Judá, en un territorio que fue habitado por los descendientes de Esaú, hermano de Jacob. La historia nos lleva al principio del contencioso entre los dos hermanos. Los descendientes de Esaú se establecieron en una faja de tierra de 160 kilómetros de longitud y 80 kilómetros de anchura, partiendo desde el extremo sur del mar Muerto hacia el occidente. Su tierra era montañosa en parte con numerosos valles fértiles provista de torrentes que la hacían muy rica. En la parte montañosa, casi inexpugnable, de la que estaban muy orgullosos pensando que nadie les podría sacar de ahí, se hallaba la ciudad de Petra, un portento arquitectónico de aquella época. Tenía acantilados de roca  superiores a 200 metros, sus habitaciones estaban en las grietas y hendiduras de las rocas. En la actualidad todavía pueden verse restos de edificios  de piedra color rosa o púrpura que le da el hierro y el manganeso, lo que produce una rara impresión al que lo contempla.

De la enemistad entre Esaú y Jacob, pasó a  los idumeos o edomitas que no permitieron pasar por sus dominios a Israel en su peregrinación hacia Canaán (Nm. 20). La animosidad histórica hacia Judá se convirtió en odio hacia los judíos (2 S. 8:13-14, 1 R. 9:26-28, 2 Cr. 20:1-2; 25:11-12,  Es más, en ocasiones se pusieron al lado de los enemigos para luchar contra Israel. David los sojuzgó, pero recobraron su libertad en los días de Acaz. Aunque no se sabe muy bien lo que ocurrió con este pueblo cuando los babilonios invadieron esta parte  de la tierra, por la profecía de Malaquías conocemos que fueron destruidos sin posibilidad de volver a ser lo que eran. Judas Macabeo los desalojó del sur de Judá y Juan Hircano los obligó más tarde a aceptar el judaísmo. De una familia de edomitas salió la estirpe de los Herodes que gobernaron Israel durante el dominio del Imperio Romano. Después del año 70 de nuestra era, los edomitas desaparecieron para siempre de la historia, cumpliéndose la profecía en contra de un pueblo cuya razón de ser era  despreciar continuamente a su hermano Israel.


                   3. La fecha del libro.  Abdías no está fechado en el reinado de ningún monarca. En realidad no lleva fecha a diferencia de otros profetas. Para conocer la fecha de este libro, debemos recurrir a las evidencias internas, como por ejemplo, la campaña militar que destruyó Jerusalén poco antes de que se escribiese el libro y que suscitó la burla de los edomitas (v. 11). Ahora viene el problema porque hubo tres ocasiones en la historia de Judá en que se dio una situación parecida.

  1. La primera ocurrió durante el reinado de Joram (853-841 a.C.). Edom se rebeló contra Judá durante este tiempo (2 R.8:20-22; 2 Cr. 21:8-10), y los de Arabia y Filistea devastaron seriamente la tierra de Judá (2 Cr. 21:16-17).
  2. La segunda ocasión fue durante el reinado de Acaz (743-715 a.C.). En  este tiempo Edom estuvo implicado en un ataque contra Judá (2 Cr. 28:16-17) y los filisteos invadieron la tierra (2 Cr. 28:18).
  3. La tercera ocasión  fue cuando Jerusalén cayó en manos de Nabucodonosor en 586 a.C. (2 R. 25:1-21, 2 Cr. 36:15-20). La ciudad sufrió muchísimos daños en aquella ocasión, pero no hubo ningún ataque directo de Edom, aunque parece ser que ellos se alegraron de que Judá fuese destruida por Babilonia (Sal. 137:7). 



De estas tres posibilidades, los eruditos conservadores se inclinan por la primera, la más antigua, mientras que los liberales por la última. Nosotros, en el cuadro que os dimos en la introducción general, colocábamos el libro en el siglo IX a.C., siendo, pues, la más probable la del reinado de Joram. El ataque de árabes y filisteos fue enorme y cuadra muy bien con la descripción del v. 11., y se corrobora por 2 Cr. 21:10 y 17.

En cuanto a la segunda ocasión, la del reinado de Acaz, tiene en su contra que, si bien es cierto que Edom causó graves daños a Judá, se nos dice también que los filisteos invadieron solamente las ciudades de la región sureña de Judá y no se menciona Jerualén, citada específicamente en el v. 11.

En cuanto a la tercera ocasión, la de Babilonia, el libro de Abdías no describe un cautiverio tan extremo  como el que sufrieron los habitantes de Jerusalén. En el v. 11 dice que los extranjeros se llevaron fuerzas (a los militares) y lo cierto es  que los babilonios tomaron a toda la población, no solo a los militares. El v. 20 habla de cautivos, pero el término hebreo “galut” se refiere meramente a la captura de unos cuantos individuos o un grupo limitado del pueblo. Otra aportación a favor de la primera alternativa tiene que ver con la dependencia que algunos profetas posteriores tienen de Abdías. Por ejemplo, Jer. 49:7-22 parece depender de Abdías 1-6. Estos vv., son más breves que aquellos, lo que sugiere que Jeremías los amplió. Amós, un profeta del siglo VIII, contiene versículos tomados de Abdías (Abd. 4 con Am. 9:2; Abd. 14, con Am. 1:6,9, Abd. 19 con Am. 9:12 y Abd. 20 con Am. 9:14). 

Una última evidencia a favor de la fecha más antigua se halla en el lugar que este libro ocupa en el canon, pues se encuentra entre los seis primeros que son los profetas de los siglos IX y VIII, mientras que los seis siguientes ya son del siglo VII o al tiempo posterior al exilio. En la Biblia hebrea está colocado como en nuestras versiones y en la Septuaginta entre Joel y Jonás.

Con esta explicación ya podemos situar al profeta en su contexto histórico. El rey de Judá era Joram, un buen rey, pero se había casado con Atalía, hija de Acab y Jezabel y la semilla del mal entró en Judá. Joram permitió que se introdujera en Judá el culto a Baal y además mató a todos sus hermanos para afianzarse en el trono (2 Cr. 21:4). A causa de todos los pecados que siguieron, Dios retiró sus bendiciones del pueblo y permitió las incursiones enemigas.

            
             4.  Su mensaje
                  a) Demostración de autosuficiencia de Edom (vv.1-9). A pesar de ser un pueblo pretencioso, finalmente caerá la nación culpable. Ni las recias rocas, ni las ciudades inexpugnables, ni los estrechos acantilados, ni su orgulloso ejército podrán evitar el castigo de Dios. Pensaban  que eran invencibles en sus fortificadas ciudades, que nunca iban a caer, pero Dios estaba preparado para poner fin a su soberbia, injusticia, perfidia, a su odio y a su seguridad personal. Estaban engañados. Aunque pudieran irse más lejos y estar más seguros de lo que estaban, el Señor los iba a humillar. Sus propios pecados se volverían contra ellos. Los hurtos que habían cometido,  los aliados y los que habían hecho la paz con ellos, les abandonarán y estarán en su contra. Los amigos les tienden trampas y ni su sabiduría ni sus ejércitos podrán librarles.

                   b) Falta de consideración al hermano(vv.10-14). ¿Por qué es tan áspera esta profecía? Cuando Jerusalén estaba en su hora más trágica de derrota, saqueo y pillaje, los edomitas se mostraron inhumanamente hacía sus hermanos de Judá. Cuando los enemigos de Israel se ensañaban contra ellos, Edom celebraba y se regocijaba de su calamidad. Además, ayudaron a los enemigos capturando fugitivos israelitas, esclavizando a unos y vendiendo a otros.
                   c) Juicio a Edom y vindicación de Israel(vv.15-21). La resolución del contencioso entre hermanos se centra en la justicia de Dios que falla con su intervención el litigio, castigando al que ha actuado deslealmente. Pero el alcance de la profecía abarca no sólo a Edom, sino también a las naciones. El juicio de Dios a este pueblo carnal, es tipo del juicio final de Dios, llamado “el día de Yahweh” que tiene carácter universal. De la manera que había actuado Edom, así iba a ser juzgado, tendría su propia recompensa. Pero Dios tiene una promesa de bendición para su pueblo, expresada en una serie de figuras descriptivas de indudable belleza y efecto. Las bendiciones serían para el remanente fiel, el cual es santo, expresando así el carácter mismo de Dios. En el v.20 hay una curiosa referencia a Sefarad, es decir, un lugar que probablemente se trata de España, ya que a los judíos españoles se les conoce como sefardies. En el último versículo tenemos la más preciosa evidencia de que finalmente la victoria y el triunfo corresponden a Dios en la consumación del reino. El reino de Dios vendrá, un reino que fue inaugurado por Jesucristo cuando vino en humildad y consumará en esplendor  y gloria en su retorno radiante.

                      d) El día de Yahweh (v.15).Quiero aprovechar la brevedad de esta profecía para ahondar un poco en la expresión “el día de Yahweh” que la Septuaginta traduce por hèméra kyríou (Día del Señor). Esta frase forma parte de la escatología y tiene varios equivalentes, como por ejemplo, “el día” o “en aquel día”. En este punto vamos a referirnos a los usos de la frase en sí misma. En el uso más antiguo (Am. 5:18-20) demuestra que esta expresión ya era corriente en la fraseología popular. Para el pueblo significaba el día en que Yahweh intervendría para colocar a Israel a la cabeza de las naciones, sin tener en cuenta su fidelidad hacia él. Pero estaban equivocados porque Amós declara que este día significa juicio para Israel. Así también lo vemos en otros profetas (Is. 2:12 y ss. Ez. 13:5; Jl. 1:15; 2:1,11, Sof. 1:7,14, Zac. 14:1).
                       Otros profetas, observan también los pecados de distintas naciones además de Israel y declaran que el día de Yahweh llegará también a todos aquellos pueblos que, habiéndose excedido en sus brutalidades, cuando han sido usados como instrumentos de Dios, van a recibir el castigo por ello. Por ejemplo, Babilonia (Is. 13:6,9), Egipto (Jer. 46:10), Edom (Abd.15); muchas naciones (Jl. 2:31; 3:14, Abd. 15). El día de Yahweh constituye, pues, el momento  en que él interviene activamente para castigar el pecado que ha llegado a su culminación. El castigo puede venir mediante una invasión  (Am. 5-6, Is. 13, Ez. 13:5), o por medio de algún desastre natural (Sal. 18:7-15). Todas las intervenciones menores hacen crisis con la venida del Señor mismo. En ese día hay verdaderos creyentes  arrepentidos que se salvan (Jl. 2:28-32), mientras aquellos que siguen siendo enemigos del Señor, sean judíos o gentiles, son castigados. El día de Yahweh tiene también efectos sobre la naturaleza (Is. 2:12-15).
                      En el NT, el día del Señor se refiere a la segunda venida de Cristo (2 Ts. 2:1-2), y la frase “día de nuestro Señor Jesucristo” u otra equivalente, aparece en 1 Co. 1:8, 5:5; Fil. 1:6,10; 2:16. La venida es inesperada (1 Ts. 5:2: 2 P. 3:10), sin embargo, primeramente deben ocurrir ciertas señales (2 Ts. 2:3-12) y también habrá efectos en la naturaleza (2 P.3:12). Por último, tenemos que referirnos a la expresión “día del Señor” en Apocalipsis 1:10, porque es la única vez que aparece de esta forma en toda la Escritura: hê kyriakê hêmera. La construcción adjetivada sugiere que se trata de una designación formal del día de adoración de la Iglesia, es decir, el domingo. Como tal aparece ya en la literatura cristiana a principios del siglo II, en una obra de Ignacio de Antioquía,  Carta a los magnesianos, en que dice que los cristianos “ya no viven para el sábado, sino para el día del Señor“. En otra carta, Doctrina de los Doce apóstoles o Didajé, sobre la que hubo discusiones sobre su canonicidad, siendo finalmente rechazada, dice: “el día del Señor nos reunimos y partimos el pan”.  
                             
Conclusión
Abdías detalla cuatro cosas que Dios iba a quitar a los orgullosos edomitas: 1) La seguridad de su lugar en las altas montañas y hacer de él un lugar insignificante y despreciado (vv.2-4). Ellos tenían una falsa ilusión: pensaban que eran invencibles. 2) Las riquezas de Edom serían saqueadas de la manera que hace un vendimiador cuando deja unos pocos racimos para los pobres (vv.5-6). No quedaría nada, todo el oro y la riqueza se desvanecerían. 3) Sus aliados comerciales y militares los traicionarían (v.7). 4) Dios trastornaría la sabiduría astuta que hacía que los líderes de Edom mantuvieran una potente fuerza militar.

Cuando esos sabios fracasaran, la fuerza de Edom se desintegraría. Entonces todo su pueblo moriría (vv.8-9). El breve mensaje de este profeta tiene dos principios duraderos que se relacionan con actos de opresión y violencia: 1) Advierte a los poderosos y orgullosos que oprimen a los débiles que recogerán lo que siembran. 2) Los oprimidos que sufrían serían tenidos en cuenta por Dios, el cual juzgaría a sus opresores.

Preguntas para reflexión

  1. ¿Cómo supo Abdías sintonizar con las  necesidades de sus lectores? 
  2. ¿Qué ejemplos de opresión orgullosa vemos en nuestra sociedad? ¿Qué podemos hacer para combatirlos?
  3. ¿Cómo fueron alentados los destinatarios de este libro?
  4. ¿Qué hacemos cuando un hermano trata de manera desconsiderada a otro hermano?
  5. ¿Confiamos nuestra seguridad a factores externos en lugar de depender de Dios?    

 

Pedro Puigvert
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