Església Evangèlica
av. Mistral, nº 85-87
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La canonicidad de la Biblia

por Pedro Puigvert


Anciano de la Asamblea de Hermanos de Barcelona Av. Mistral, 85-87 es Presidente y profesor del CEEB en donde enseña Hermenéutica Bíblica, Teología Sistemática (Bibliología, Cristología y Escatología) y Catolicismo Romano. Director de la revista de orientación bibliográfica Síntesis y colaborador de Edificación Cristiana". Diplomado en Teología por el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos (CEEB) es también Bachiller en Ciencias Bíblicas por el Centro de Investigaciones Bíblicas (CEIBI). Ha sido Presidente de la Alianza Evangélica Española; del Consell Evangèlic de Catalunya y Secretario General de la Unión Bíblica durante treinta años.


Entendemos por Canonicidad de las Escrituras el conjunto de los escritos sagrados que forman la Biblia reconocidos tanto por el judaísmo como por la Iglesia."Al igual que la escuela y filología alejandrinas hubieron de establecer el canon de los libros <clásicos> y de fijar e interpretar su texto conforme a métodos racionales, el judaísmo y el cristianismo tuvieron como primera y principal tarea establecer la lista de libros <canónicos> y fijar e interpretar el texto de los mismos siguiendo procedimientos similares a los de los alejandrinos, pero desde la perspectiva de los principios religiosos del judaísmo de la doble Torah, escrita y oral, y del cristianismo de los dos Testamentos, antiguo y nuevo" [1] .

1. Etimología y significado de "Canon"
El término "canon" es la trasliteración del griego κανών el cual deriva de las lenguas semíticas tales como el asirio qanü, el ugarítico qn y el hebreo קנה (qaneh). Éstas, a su vez fueron tomadas del sumerio GI-NA, que originariamente significaba "caña" (Job 40:21). En este sentido la palabra pasó al griego, al latín y otros idiomas para indicar algo que tuviera la estructura de una caña o sus características. En sentido figurado, implica algo recto y derecho, y en griego se utilizaba entre otras cosas para describir una regla, una norma, un paradigma, un modelo, un límite, una tabla cronológica y una tasación tributaria. De ahí que metafóricamente adquiera el sentido de medida, gramaticalmente significa una regla, cronológicamente un cuadro de fechas y en literatura una lista de trabajos que se atribuyen de manera correcta a cierto autor. Los padres de las iglesias griegas y latinas aplicaron la palabra κανών en sentido general a la ley bíblica, a un hombre ideal o ejemplar, a los artículos de fe, a las doctrinas de la Iglesia, a un catálogo o lista, una tabla de contenido y a un índice de santos. Es posible que Orígenes haya usado la palabra "canon" en el sentido de libros de la Biblia divinamente inspirados, aunque no hay evidencias directas de que fuese aplicada esta designación a la Biblia antes del 325 d.C. cuando Atanasio la usó en este sentido en los Decretos del Concilio de Nicea. A pesar de que el hebreo conoce el término "caña" la aplicación del vocablo "canon" al AT no resulta del todo adecuado. La lengua hebrea no conoce un término que se corresponda al griego "canon". Las discusiones de los rabinos en relación al carácter canónico o apócrifo de un libro bíblico giraban en torno a la expresión de la Mishna "manchar las manos". Los libros así designados eran considerados canónicos, mientras que a los que no se aplicaba esta expresión eran excluidos del canon bíblico. La frase "manchar las manos" tenía un alcance ritual al tener que purificarse tras haber utilizado los libros.

2. El reconocimiento del Canon
La Iglesia no decidió qué libros tenían que formar el NT, sino que confesó la existencia de unos escritos que había recibido de la autoridad de los apóstoles, porque era consciente de que debía cimentarse sobre el fundamento de los apóstoles y profetas (Ef. 2:20). Más que tratar de la formación del canon, deberíamos concretar el hecho y de ahí que en el epígrafe nos refiramos al reconocimiento del canon. Siendo importante la decisión final de la lista de libros reconocidos oficialmente por la Iglesia, lo es más el proceso histórico por el que unos determinados libros son aceptados como canónicos. "Este proceso se extiende por lo general a lo largo de varios siglos y en él intervienen numerosos factores de orden literario, social y teológico. Antes del establecimiento definitivo de un canon no existe en realidad la idea de canon; esta idea toma cuerpo a medida que el canon se constituye. La compilación de los libros bíblicos que integran la colección de los Kétubim o Escritos, corrió pareja probablemente con la entrada de los mismos en el canon y con el proceso final de constitución del propio canon [2] ". El reconocimiento del canon por la Iglesia exige que los libros reúnan una serie de características: inspiración divina, apostolicidad en el caso del NT y profetismo en el AT, unidad de la doctrina y autenticidad de los escritos[3] .

3.  El canon del Antiguo Testamento.
En el proceso de reconocimiento del canon veterotestamentario intervinieron muchos factores internos y externos del judaísmo. Había corrientes demasiado restrictivas como la de los samaritanos, fariseos y saduceos, y corrientes disgregadoras como las de los grupos apocalípticos de Palestina y otros de la diáspora. El canon hebreo comprende 24 libros ordenados en tres grandes divisiones que se designan como la Ley, los Profetas y los Escritos (Lc. 24:44). Éstos, se corresponden exactamente con los 39 libros en las biblias cristianas que siguen el patrón general de las versiones griegas y latinas, llegándose a esta cifra dividiendo Samuel, Reyes, Crónicas y Esdras-Nehemías en dos libros cada uno y considerando los Profetas Menores como 12 libros separados. En relación a la mención hecha por Josefo de que los libros del AT eran 22 se debe a que en ocasiones Rut formaba parte de Jueces y a veces era puesto aparte y Lamentaciones que aparecía junto a Jeremías y en otras ocasiones no. Juntando estos dos libros a los mencionados se conseguía reducir el número al del alefato por una cuestión nemotécnica. Se ha repetido muchas veces que el canon hebreo fue definido en el Concilio o Sínodo de Jamnia o Yabneh (90 d.C.) resolviéndose las disputas sobre la canonicidad de Ezequiel, Proverbios, Eclesiastés, Cantares y Ester. Sin embargo, hoy se piensa que la reunión de teólogos judíos en Jamnia no puede considerarse un Concilio al estilo de los ecuménicos celebrados por la Iglesia, ya que las decisiones tomadas no tenían fuerza impositiva[4] .


  • 3.1 Libros canónicos y no canónicos del Antiguo Testamento
    LIBROS CANÓNICOS LIBROS APÓCRIFOS
    (Deuterocanónicos en
     las versiones catolicas)
    RESTO DE LIBROS APÓCRIFOS
    La Ley (Torah)  I Macabeos  Jubileos 
    1. Génesis  II Macabeos  Rollo del Templo 
    2. Éxodo  III Macabeos  Génesis apócrifo 
    3. Levítico  IV Macabeos  Asunción de Moisés 
    4 .Números  Baruc Vida de Adán y Eva 
    5. Deuteronomio  Carta de Jeremías Testamento de Abraham 
    Los Profetas (Nebhiim)  Oración de Azarías
    (Daniel 3:26-45)
    José y Asenet 
    A. Anteriores o primeros Cántico de los tres
    Jóvenes (Daniel 3:52-90)
    1º de  Esdras (griego)
    1. Josué  Sabiduría  3º de Esdras 
    2. Jueces  Ben Sira  Antigüedades bíblicas 
    3. Samuel  Adiciones a Esther Martirio de Isaías
     (Antigüedades judías) 
    4. Reyes  Tobías Paralipómenos de Jeremías 
    Judit
    B. Posteriores Susana (Daniel 13),  Pesarim
    (de Peser = interpretación) 
    1. Isaías  Bel y el Dragón (Daniel 14) Hodayot 
    2. Jeremías  5 Salmos 
    3. Ezequiel  Salmos de Salomón 
    Odas de Salomón 
    Profetas Menores
    Apocalíptica 
    Los Escritos (Kethubhim) 1º de Enoc 
    A. Libros poéticos 2º de Enoc 
    1. Salmos  4º de  Esdras 
    2. Proverbios  2º de  Baruc 
    3. Job  3º de Baruc 
    B. Los 5 rollos (Megilloth)
    1. Cantar de los Cantares 
    2. Rut 
    3. Lamentaciones 
    4. Ester 
    5. Eclesiastés 
    C. Libros históricos
    1. Daniel 
    2. Esdras-Nehemías 
    3. Crónicas 

    3.2 La triple división del canon hebreo. ¿Por qué los judíos dividieron el AT en tres partes? En relación con este asunto existen dos posturas: a) Los críticos modernistas mantienen que las causas posibles pueden ser tres niveles diferentes de inspiración o la confección de tres cánones distintos, uno para cada parte de acuerdo con la fecha del libro, b) la postura conservadora afirma que la triple división se debe al concepto hebreo de distinguir la función u oficio de los autores de cada uno de los libros, igual que el uso litúrgico que se hacía en el ritual del Templo y después en las sinagogas. Había unos que eran profetas de oficio y otros que ejercían el don de profetas aunque ésta no fuera su actividad primordial. De acuerdo con esta distinción son puestos en primer lugar los escritos de Moisés porque con él Dios inició la historia del pueblo de Israel y además fue el primer profeta. En segundo lugar están colocados los libros cuyos autores ejercieron el oficio profético y como tales tenían el don de la profecía. En tercer lugar aparecen los escritos de los siervos de Dios que en algún momento ejercieron el don de la profecía sin ser profetas de oficio. En este caso se encuentran David y Salomón que eran reyes, y Daniel que era un eminente estadista.

    3.3 La Septuaginta o Versión de los LXX. Se denomina de este modo la traducción de las Sagradas Escrituras hebreas al griego. Esta versión es el primer ejemplo de traducción de todo un cuerpo de literatura sagrada semítica a la lengua y la cultura griega. Se trata de una versión de gran importancia para el estudio indirecto de la historia del texto del AT, sólo superado por los descubrimientos de los manuscritos del Mar Muerto, con los que mantiene significativas coincidencias. Aparte de esto, su relevancia para nosotros estriba en que los autores del NT y los escritores cristianos encontraron en ella los términos y conceptos en que expresar el contenido de la fe cristiana. Sirve de puente entre ambos Testamentos por cuanto las citas que tenemos en el NT procedentes del AT, han sido tomadas de la Septuaginta. En realidad la iglesia primitiva adoptó la versión de los LXX como su Biblia mientras se formaba el canon del NT. Esta versión fue realizada en Alejandría probablemente hacia mediados del siglo III a.C, durante el reinado de Ptolomeo Filadelfo (285-247 a.C). Según un judío de Alejandría llamado Aristeas, del que se conserva una carta apócrifa, el rey envió una petición al sumo sacerdote Eleazar en Jerusalén de que le enviara 72 sabios, 6 por cada tribu de Israel con el objetivo de traducir la Torah hebrea para la biblioteca de Alejandría. Aunque dicha carta sea apócrifa, los eruditos están de acuerdo en que contiene un fondo de verdad en lo esencial y la información sobre la aportación de los judíos a la versión de los Setenta responde a datos verídicos. Dichos datos han sido confirmados en los escritos de Aristóbulo, Filón, Josefo, en fuentes rabínicas y cristianas. Sin embargo, no se tradujo de manera completa en Alejandría, pues en esta ciudad sólo lo fueron los libros de la Torah, los históricos, algunos sapienciales y proféticos. El resto fue traducido en Palestina. En principio, la designación de versión de los LXX se refería solamente a la Torah o Pentateuco en griego. Los demás libros fueron traducidos más tarde, hacia mediados o finales del siglo II a.C. y, por tanto, recoge traducciones hechas por diversos autores. Además de los libros del canon hebreo (palestinense), la Septuaginta incluye los 15 libros apócrifos siguientes: Ascensión de Isaías, Jubileos, Carta de Jeremías, 1,2,3, de Macabeos, Enoc, 3 y 4 Esdras, Oración de Manases, Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc. Como característica importante cabe señalar   la reclasificación que hicieron de los libros bíblicos porque no siguen el orden del canon hebreo, sino el que conocemos nosotros en nuestras biblias porque se ha seguido este modelo que obedece a un orden en función del contenido o tema central de cada libro: la ley, los libros históricos, los libros poéticos y los libros proféticos. El texto de la Septuaginta sufrió varias revisiones. Tres son las posibles causas que dieron lugar a las revisiones, a) la necesidad de corregir los muchos errores que se introdujeron en las copias que se hicieron; b) el deseo de mejorar o actualizar el lenguaje y estilo del griego; c) el afán de adaptar el texto griego al hebreo proto-masorético en aquellos casos en que difería del hebreo. Este trabajo de adaptación a un original hebreo (Vorlage) es el que se designa con el término de "recensión". A estos motivos de carácter crítico, otros añaden razones apologéticas motivadas por las controversias entre judíos y cristianos, ya que todos ellos necesitaban disponer de una traducción que reflejara mejor el texto hebreo. Jerónimo, en el prólogo al libro de las Crónicas en la Vulgata da a conocer que el texto de la Septuaginta existía entonces en tres recensiones diferentes, realizadas por Orígenes, Hesiquio y Luciano. Orígenes realizó una recensión de gran envergadura entonces conocida como las Hexaplas ( seis columnas), en el que recoge: el texto hebreo conocido en su tiempo en la primera columna, este mismo texto transcrito en griego en la segunda columna, el texto de la versión de Aquila en la tercera columna, el de Sínmaco en la cuarta columna, el texto de la versión griega antigua en la quinta columna y el de la versión de Teodoción en la sexta columna. Posteriormente, Orígenes llevó a cabo una edición hexaplar que se ha distinguir de las Hexaplas, lo que a la postre ocasionó una confusión y mezcla de textos mucho mayor de la que él mismo había conocido.

    3.4 Los Targumim o versiones arameas del Antiguo Testamento. Cuando los judíos adoptaron el arameo como lengua de uso común durante el dominio del imperio medopersa, vieron la necesidad de disponer de traducciones de las Escrituras a esta lengua para el culto de la sinagoga y para el estudio en las escuelas. Una de las características de estas versiones es la tendencia a la paráfrasis. Los Targumim se hallan a mitad de camino entre lo que es una versión literal y un comentario midrásico (interpretación homilética) de la época rabínica. Existen Targumim del Pentateuco, de los Profetas y de los Escritos a excepción de Esdras-Nehemías y Daniel. En la sinagoga la lectura de la Torah era seguida de la traducción en arameo, evitándose que hubiera una confusión entre ambas. El lector y el traductor tenían que ser personas diferentes; el primero se limitaba a leer el texto sagrado, el segundo lo recitaba de memoria: Había, pues, una preocupación por salvaguardar la separación entre Escritura y Targum, pero al mismo tiempo se insistía en la estrecha relación entre texto sagrado e interpretación targúmica. La versión targúmica no era una simple traducción del texto, sino una interpretación autorizada del mismo de acuerdo con la "ortodoxia" rabínica. El Targum es a la vez traducción y comentario.

    3.5 Los libros apócrifos del Antiguo Testamento. El término apócrifo significa "oculto" y se aplica a todos los libros no admitidos en el canon. Sin embargo, este término no expresa lo mismo para todos los cristianos, puesto que para los católicos los apócrifos son aquellos libros que no forman parte de la Septuaginta -aunque no todos- a los que se refieren como "deuterocanónicos". La versión de los Setenta contenía quince libros apócrifos  que no estaban en la Biblia hebrea o Tanak. En la versión latina llamada "ítala", hecha a partir de la Septuaginta, incluyeron solamente diez apócrifos de ésta, descartando Ascensión de Isaías, Jubileos, Carta de Jeremías, 3o de Macabeos y Enoc. En la Vulgata, versión ordenada por el obispo de Roma Dámaso y hecha por Jerónimo, incluyeron por presiones los diez apócrifos de la ítala contra la voluntad del traductor de los sesenta y seis canónicos. En el Concilio de Trento celebrado en 1545, los obispos empezaron fijando el canon de la Sagrada Escritura, excluyendo tres de los apócrifos de la Vulgata, 3 y 4 de Esdras y la oración de Manases. ¿Por qué aceptaron unos apócrifos y excluyeron otros? Porque les convenía, ya que en ellos han encontrado apoyo a sus dogmas, como por ejemplo: ofrecer sufragios por las almas de los muertos y la doctrina del purgatorio. En la tradición protestante se hace una distinción, llamando pseudoepigráficos a los apócrifos que no forman parte de la Septuaginta y simplemente apócrifos a los que contiene esta versión y no están en el canon palestinense, pero sí incluidos en las versiones católicas bajo el epígrafe de "deuterocanónicos". Nosotros no aceptamos como canónicos los apócrifos porque ni el Señor Jesucristo ni los apóstoles citaron el texto de algunos de ellos. Si tenemos en cuenta que el Nuevo Testamento cita 280 veces al Antiguo y casi siempre las citas están tomadas de la Septuaginta, nos da una razón suficientemente explícita de su exclusión en nuestras biblias. Si recurrimos a la Tradición, que para los católicos tiene la misma autoridad que las Escrituras, observamos como los padres de la Iglesia más prominentes rechazaron los apócrifos: Meliton, Orígenes, Atanasio, Cirilo, Rufino, Agustín y Jerónimo entre otros. Este último, traductor de la Vulgata dijo: "Las iglesias los leen como historias que proporcionan bellos ejemplos para la vida, para instrucción, para los modales". Pero los rechazó como inspirados, incluyéndolos en la Vulgata por las presiones recibidas y sólo como él dijo: "como historias". La Iglesia durante siglos prescindió de esta literatura, siendo aceptados como un segundo canon en el Concilio de Trento para tener una base para algunos de sus incalificables dogmas. En resumen, tenemos poderosas razones para no aceptar su inclusión en el Canon :

    1. Nunca formaron parte del Canon judío (Ro. 3.2)
    2. Nunca fueron citados por Jesús como Palabra de Dios
    3. El testimonio del historiador judío Josefo
    4. El testimonio de Filón, filósofo judío de Alejandría
    5. No se mencionan en ningún catálogo o lista de los primeros tres siglos
    6. Los mismos libros delatan no ser e inspiración divina
    7. Los apócrifos contienen doctrinas contrarias a las de los canónicos
    8. La mayoría fueron escritos cuando el Canon del A.T. se había cerrado[5]

    A pesar de todo lo dicho sobre la actitud protestante en relación con los apócrifos, no podemos pasar por alto los intentos efectuados por los que militan en el ecumenismo para incluirlos en las ediciones interconfesionales, cosa que han hecho, y para apaciguar las críticas de los evangélicos suelen editar dos versiones: una con apócrifos y otra sin ellos[6] . Sin embargo, debemos permanecer alerta y salir al paso de cualquier editorial evangélica que quiera hacer una versión con apócrifos para ofrecerla al mercado católico mucho más numeroso. Lo que sí deberíamos apoyar es una edición de un libro con todos los apócrifos que serviría de ayuda para conocer mejor la cultura judía y el trasfondo del tiempo en que no hubo revelación en Israel que culminaría con la venida del Mesías. Mezclar los textos canónicos con los que no lo son, aunque estén colocados entre ambos Testamentos, con el nombre de Santa Biblia, no sólo es engañar al lector, sino contribuir a la confusión cada vez mayor sobre el significado del Canon.

    4. El Canon del Nuevo Testamento
    El proceso seguido en el reconocimiento del Canon del Nuevo Testamento, está relacionado con polémicas antiheréticas, especialmente contra Marción y Montano. Mientras el primero restaba, el segundo pretendía añadir libros al Canon. La oposición que recibió Marción de los líderes y de las iglesias de su tiempo obedecía a que rechazaba gran parte de los Evangelios y otras porciones de los escritos apostólicos que no admitía en su particular lista o canon.Esto significa que ya en el siglo II existía una colección de libros tenidos por inspirados en las iglesias y considerados canónicos, aparte del hecho de que el discernimiento de las congregaciones necesitó cierto tiempo para reconocer algunos de estos escritos, como había ocurrido en Israel para aceptar todo el Antiguo Testamento. La condena de Marción como hereje se comprende por la existencia previa de una colección de escritos tenidos como inspirados. Por ejemplo, Ireneo defendía los cuatro Evangelios, ni uno más ni uno menos, y su convicción respecto al Canon se remontaba a Papías y Policarpo. Para Tertuliano, los cuatro Evangelios tienen por autores a los apóstoles y aquellos varones llamados apostólicos como Marcos y Lucas, escribieron en conformidad con los apóstoles, los cuales habían recibido la autoridad de Jesucristo. La Iglesia se vio en la necesidad de reconocer un Canon porque junto con los cuatro Evangelios circulaban muchos escritos apócrifos que pretendían rivalizar con los verdaderos. Se vio en la obligación de señalar entre Evangelios canónicos y Evangelios apócrifos.
    El Nuevo Testamento está compuesto de 27 libros divididos en tres partes, o en cuatro si se separa Hechos de los Evangelios. Se pueden dividir también tomando en consideración el contenido y las condiciones históricas en que se escribieron algunos libros. Siguiendo la triple división de la promesa del Señor Jesucristo y su cumplimiento en Jn. 14 y 16, los ordenaremos así:

  • LIBROS HISTÓRICOS LIBROS  DOCTRINALES LIBRO PROFÉTICO
         
    Evangelios: Epístolas de Pablo:  
    Mateo, Marcos,  Doctrinales: Apocalipsis
    Lucas, Juan Romanos  
      1ª y 2ª Corintios, Gálatas,  
    Hechos: Efesios, Filipenses,  
    Hechos de los Apóstoles Colosenses  
      1ª y 2ª Tesalonicenses  
         
      Pastorales:   
      1ª y 2ª Timoteo, Tito  
         
      Personales:   
      Filemón  
         
      Epístolas Generales:  
      Hebreos, Santiago  
      1ª y 2ª Pedro, Judas  
      1ª, 2ª y 3ª  de Juan  


  • El orden en que están colocados en la Biblia es un orden lógico y teológico, antes que cronológico. Los Evangelios relatan la vida del Mesías, desde la perspectiva particular del ministerio de Cristo y enfoque de cada escritor. Hechos presenta la vida de la Iglesia desde la ascensión de Cristo y expansión del Evangelio, y al mismo tiempo nos ofrece el trasfondo para comprender las epístolas. Las epístolas doctrinales contienen la exposición de la verdad y como ésta se debe poner en práctica en el pueblo de Dios. De manera concreta están dirigidas a iglesias locales para su corrección, enseñanza, edificación, consuelo, etc. El libro de Apocalipsis cierra el Canon como culminación de la Revelación de Jesucristo, tanto para los lectores inmediatos como para los de todos los tiempos. A la vez presenta la consumación de todas las cosas, lo que debe ser un aliciente suficiente para vivir de manera victoriosa en el tiempo presente.

    5. El reconocimiento del Canon del Nuevo Testamento
    ¿Cuál fue el criterio que se siguió para la aceptación de los libros que conforman el Nuevo Testamento? Veámoslo tanto negativa como positivamente:

  • 5.1 No se determinó solamente por su paternidad literaria. A diferencia de otra clase de literatura, el NT no puede aceptarse solamente por la cuestión de quien fue el autor. Nueve autores distintos (Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo, autor de Hebreos, Santiago, Pedro y Judas) escribieron la totalidad el NT y no hay razón alguna para excluir los demás que reunían iguales características, como por ejemplo, la apostolicidad. El criterio que se siguió para reconocerlos como canónicos no fue solamente por la uniformidad de la paternidad literaria. No obstante, si algún libro, no llevara el sello de la apostolicidad, su lugar en el Canon se vería comprometido. Por tanto, la paternidad no es la única manera de considerar su canonicidad, puesto que cualquier libro escrito por los restantes apóstoles, podría entrar en el Canon.

    5.2 No basta conocer la aceptación que la Iglesia concedió a los libros canónicos. Para poder determinar totalmente el Canon, no es suficiente saber en qué medida fueron los libros aceptados por la Iglesia primitiva. Porque algunos fueron recibidos rápidamente y aceptados como normativos. Otros fueron aceptados con desconfianza por algunas iglesias y rechazados por otras, y a unos terceros se les disputó abiertamente su inclusión en el Canon, transcurrido bastante tiempo después de haber sido escritos, siglos incluso. En vista de todo lo dicho, ¿cuál es el discernimiento para definir la canonicidad del Nuevo Testamento? Respondemos que el juicio verdadero es la Inspiración (2 Ti. 3:16-17). ¿Cómo se ha de demostrar la inspiración? ¿Cómo se comprueba que un libro es inspirado y otro no lo es?

    5.3 Por su contenido intrínseco. Todos los libros canónicos tienen como tema central la persona y la obra de Jesucristo. Los Evangelios son biográficos, los Hechos narran las consecuencias históricas de la persona y la obra de Jesucristo. Las Epístolas se ocupan de las enseñanzas doctrinales y prácticas que surgen del concepto de lo que Cristo es y significa para todos los que lo han recibido como Salvador y Señor. El Apocalipsis es Cristo mismo dando el mensaje final a la Iglesia con un destino glorioso en la consumación de todas las cosas. El contenido de los libros rechazados por apócrifos se ocupa más bien en fantasías milagreras,en lugar de la enseñanza de los principios del  reino. Algunos son composiciones a base de tomar trozos de los libros canónicos. Una lectura comparativa nos dará la medida del abismo existente entre ambas categorías de textos.

    5.4 Por sus efectos morales. Mientras la literatura producida por el hombre es un registro del pensamiento humano, la canónica transforma este pensamiento. Su poder para transformar vidas y sociedades enteras es una buena prueba de su inspiración. La lectura de los libros canónicos, no sólo es provechosa, sino que produce efectos de carácter espiritual por su enorme poder dinamizador.

    5.5 Por el testimonio histórico de la Iglesia. Aunque la Iglesia no fue la que produjo la inspiración del NT, su efecto moral está demostrado por la potencia que ha tenido en el Cristianismo. No obstante, no todos los creyentes de la iglesia primitiva disponían de un ejemplar del NT para leerlo asiduamente, pero era leído en el culto público con más intensidad de la habitual ahora entre nosotros. Por tanto, el efecto que producía en los creyentes, comparado con la manera de vivir del resto del mundo, señalaba las diferencias abismales que existían con los incrédulos.

    5.6 El testimonio interno del Nuevo Testamento. Está estrechamente vinculado con  la doctrina de la Inspiración en su aspecto normativo de la tradición apostólica, por cuanto los autores asumieron cierta autoridad canónica al escribir. Pablo afirma que su evangelio no era según hombre, sino por revelación de Jesucristo (Gá. 1:11-12). Definió su mensaje como recibido (1 Co. 11:23, 15:3) expresión que en el primero de los textos al ir sucedida de la preposición apo expone una derivación indirecta, es decir, de Cristo pero a través de otros, probablemente la tradición apostólica. Por otro lado, afirmó que su mensaje era Palabra de Dios (1 Ts. 2:9). Tenía plena confianza en la autoridad de su mensaje (2 Ts. 3:14). Pedro hace alusión a los escritos de Pablo como canónicos, al ponerlos en pie de igualdad con las otras Escrituras (2 P. 3:15-16).

    5.7 El testimonio externo del Nuevo Testamento. Tal como hemos señalado más arriba, la Iglesia no determinó el canon, sino que lo reconoció. Este axioma tiene a la Historia a su favor. Si la cualidad principal de la canonicidad es la Inspiración, ninguna iglesia, concilio o grupo hubiera podido crear el Canon, porque ninguno de ellos hubiera podido alentar o poner por escrito lo que ya estaba escrito. El testimonio o evidencia externa se divide en dos partes: el testimonio informal y el formal, a) El testimonio informal. Consiste en el uso casual hecho por los Padres de la Iglesia de los textos del NT. Las citas que tomaron evidencia tanto la existencia como la autoridad de los libros, porque si un libro no existe no puede citarse y la manera de citarlo demostrará si se recibe con autoridad o simplemente se alude de manera pasajera.

  • 6. Conclusiones sobre el Canon del Nuevo Testamento
    En vista de todo lo que antecede, llegamos a la conclusión que no todos los libros que están en el Canon del Nuevo Testamento, fueron conocidos o aceptados por todas las iglesias en los primeros cuatro siglos. Unos fueron reconocidos desde el principio, otros tardaron años antes de que se incluyeran en el Canon. Todo esto demuestra la escrupulosidad con que actuaba la Iglesia primitiva, lo que es una garantía para la Iglesia de los siglos posteriores. Es la evidencia de que a pesar de los interesados en comerciar con lo sagrado y de las supersticiones de su tiempo, los dirigentes de las iglesias no aceptaban cualquier manuscrito que apareciera con el nombre de un apóstol. En el desarrollo del Canon se descubren tres etapas:

  • 6.1  Los escritos se citan individualmente por autores que dan por entendida la fuerza  de su testimonio en lugar de sujetarla a debate.

    6.2  Los escritores que se empeñaron en la controversia, los apologistas, vieron la necesidad de definir la autoridad en que se apoyaban.

    6.3  El veredicto de los Concilios que trazaron la distinción entre canónicos y apócrifos. Esta distinción se recoge en los grandes manuscritos: Sinaítico (A, alef) y Vaticano (B, beta).
  • Los libros más generalmente discutidos y omitidos antes de su inclusión en el Canon fueron, sin lugar a dudas, Santiago, Judas, 2 Pedro, 2 y 3 Juan, y Filemón. El Canon, pues, no es el producto del juicio arbitrario de alguna persona, ni fue definido por la votación de un Concilio. El Canon del Nuevo Testamento fue el resultado de utilizar los diversos escritos que por dinámica interna demostraron sus méritos y su unidad. El hecho de que algunos fueron más fácilmente reconocidos que otros, no menoscaba el valor de los segundos ni le confiere más importancia a los primeros o le da el derecho que tiene cada uno de ellos a ocupar un lugar en la Palabra autorizada de Dios.

    7. Los libros apócrifos del Nuevo Testamento
    La discusión sobre las cuestiones relativas al Canon del Nuevo Testamento no termina con la lista de los libros reconocidos por la Iglesia como normativos. Al margen de los libros canónicos había otros textos que fueron rechazados por no reunir los requisitos exigidos para ser reconocidos como Palabra de Dios. De la misma manera que en Israel se produjo una literatura no canónica con pretensiones de canonicidad, así también ocurrió en la Iglesia de los primeros siglos con la producción de una literatura apócrifa. El descubrimiento de la biblioteca gnóstica de Nag Hammadi ha reavivado el interés por el estudio del Canon del Nuevo Testamento, al igual que el hallazgo de los manuscritos de Qumrán reavivó el interés por el Canon veterotestamentario. El descubrimiento de la literatura apócrifa del Antiguo Testamento ha renovado el interés por la apócrifa del Nuevo Testamento. "Apócrifo" significa oculto, secreto, con referencia a escritos no admitidos en el Canon, a los escritos gnósticos o en sentido peyorativo a los libros heréticos. En cambio los gnósticos daban al término apócrifo un sentido positivo, considerando que estas obras secretas y ocultas eran demasiado sagradas para exponerlas a la divulgación general. Los apócrifos son libros que imitan las formas de estilo de los canónicos y aunque no llegaron a entrar en el Canon, tanto por el título como por las afirmaciones hechas en los mismos, tenían pretensiones de ser considerados canónicos.

  • EVANGELIOS HECHOS DE LOS
    APÓSTOLES
    CARTAS DE LOS
     APÓSTOLES
    APOCALIPSIS
           
    de los Hebreos de Juan Apócrifas de Pablo: de Pedro
    de los Egipcios de Pablo 3ª Corintios; de Pablo
    de los Ebionitas de Pedro a los Laodicenses; de la Virgen
    de la Verdad de Tomás Correspondencia
     de Pablo y Séneca
    de Tomás
    de Nicodemo de Andrés   de Juan
    de Felipe de Pilatos Apócrifas de Pedro: de Esteban
    de Tomás   Predicación de Pedro
    (Kerygmata Petrou)
    El Pastor de Hermas
    según Pedro      
    según Tomás      
    Apócrifo de Juan
      TRATADOS
    DOCTRINALES
     
    Papiro Egerton/w   La Didajé o Doctrina
    de los doce Apóstoles
     
    Protoevangelio de Santiago    
    José el carpintero      
    Historia árabe
    según Tomás
       
    Pseudo-Mateo      
    Tránsito de María      

  • 7.1 Evangelios apócrifos. Todos los que aparecen en el cuadro, tratan de recoger y transmitir, al igual que los canónicos, las enseñanzas de Jesús. Estos evangelios pretenden informar sobre todo aquello que la curiosidad popular echaba de menos en los canónicos: datos sobre María y José, sobre la infancia de Jesús y sobre los detalles de la pasión, aunque en menor grado. Fueron escritos entre los siglos III y IV d.C. Entre los eruditos, goza en la actualidad de gran aceptación el Evangelio de Tomás de Nag Hammadi, como se aprecia tras la lectura del libro Las parábolas de Jesús de Joachim Jeremías. Este autor llega a confiar más en este apócrifo que en los canónicos. "Hoy predomina más bien la opinión de que el Evangelio de Tomás depende de los evangelios canónicos. Si bien es cierto que el autor del evangelio gnóstico tuvo que haber conocido los tres sinópticos, las modificaciones que este evangelio introduce no son siempre de carácter gnóstico y, en ocasiones, parece ser más primitivo que la tradición sinóptica. Cabe decir que el Evangelio de Tomás contiene: 1) elementos de tradición auténtica, 2) elementos paralelos (aunque tal vez independientes) respecto a los evangelios sinópticos, pero correspondientes a un estadio posterior en el desarrollo de la tradición y 3) elementos derivados de los evangelios sinópticos[7] ".

    7.2 Hechos apócrifos de los apóstoles. Son escritos compuestos entre los años 160 y 230 d.C. Se trata de narraciones de un estilo popular, con un gran inventiva. A finales del iglo IV llegaron a formar una especie de corpus, que los maniqueos oponían al libro canónico de los Hechos de los Apóstoles. Proceden de Asia y Siria y presentan características gnósticas y se diferencian radicalmente de la obra de Lucas, tanto por la forma como por el contenido.

    7.3 Cartas apócrifas de los apóstoles. Además de las mencionadas en el recuadro que llevan el nombre de un apóstol, hay que añadir una obra que algunos consideran como la más importante: Carta de los Apóstoles o Testamento de Nuestro Señor en Galilea escrita probablemente entre los años 140 y 160 d.C.

    7.4 Tratados doctrinales y morales. La Didajé es una obra de finales del siglo I o comienzos del II d.C. y el código eclesiástico más antiguo conocido. Desarrolla la doctrina de "las dos vías", el camino de la vida y el camino de la muerte, que se remonta a fuentes judías y ofrece puntos de contacto con el Manual de Disciplina de la comunidad de Qumrán.

    7.5 Apocalipsis apócrifos. Los mencionados en el recuadro son los que pertenecen estrictamente al género literario apocalíptico. Otras obras apócrifas llevan también este título, como por ejemplo, las dos obras que llevan el nombre de Santiago que fueron halladas en la biblioteca de Nag Hammadi, pero non escritos gnósticos. En cuanto al Pastor de Hermas, de comienzos del siglo II d.C, suele colocarse  a veces con los escritos de los Padres apostólicos, pero en realidad pertenece a los apocalipsis apócrifos. Debe mucho al judaísmo, aunque contiene también elementos helenísticos indudables.

    7.6 Escritos de los Padres apostólicos. Aunque no pueden considerarse apócrifos porque nunca pretendieron ser inspirados, sin embargo, tuvieron un alto reconocimiento por su cercanía con los apóstoles, porque algunos de sus autores fueron discípulos directos de ellos. Fueron escritos entre los años 90 y 150 d.C. Mientras el protestantismo señala la diferencia entre los escritos apostólicos canónicos y los de los Padres apostólicos, el catolicismo los tiene en alta estima porque encuentra en ellos tendencias catolizantes como textos de la Tradición. Destacamos los siguientes: las Cartas a losCorintios de Clemente de Roma, aunque la segunda no es de él (90 d.C). Las siete cartas de Ignacio de Antioquía a las iglesias de Asia Menor y Roma. Las cartas de Policarpo, habiéndonos llegado solamente la dirigida a los Filipenses. La Carta de Bernabé es un tratado teológico en forma de carta, de comienzos del siglo II d.C.

  • Conclusión
    La Iglesia  no puede colocarse por encima del canon ya que ella no es la autora del mismo, sino la que reconoce la autoridad de los libros que llevan el sello de la apostolicidad y recibe el canon. Sin embargo, en el catolicismo la Iglesia pretende ser la autora del canon y no sólo ha aceptado una serie de libros cuando el canon del AT ya estaba cerrado por los judíos, colocándonos físicamente en el centro de las biblias,  con el nombre de deuterocanónicos (segundo canon), sino que además ha dado autoridad a una Tradición que ha colocado al mismo nivel que los libros canónicos. Terminamos con unas esclarecedoras palabras de Herman Ridderbos: “El cierre del canon no forma parte de la historia de la Iglesia. Porque la Iglesia no hizo el canon, como tampoco el Evangelio fue obra suya. Tanto el Evangelio como el canon crearon a la Iglesia”[8] .     


    [1] Trebolle, Julio. La Biblia judía y la Biblia cristiana, Madrid: Editorial Trotta, 1993, p.159.

    [2] Trebolle, Julio. La Biblia judía y la Biblia cristiana, Madrid: Editorial Trotta, 1993, p.163.

    [3] Grau, José. ¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros? Terrassa: Clie, Unión Bíblica, 199, pp. 150-151.

    [4] Cf. Harrison,R.K. Introducción al Antiguo Testamento Vol. I, Jenison: Tell, 1990, pp.289-297 y Trebolle, Julio.La Biblia judíay la Biblia cristiana, Madrid: Editorial Trotta, 1993, pp.166-167.

    [5]   Grau José. Introducción a la Teología, Editorial Clie, Terrassa, 1973, pp. 226-230

    [6] Lemore, PabloE. ¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros? Terrassa: Clie/Unión Bíblica, 1999, pp.224-226.
    .

    [7] Trebolle, Julio. La Biblia judía y la Biblia cristiana, Madrid: Editorial Trotta, 1993, pp. 260-261.  

    [8] Redderbos Herman, Historia de la Salvación y Santa Escritura, Buenos Aires, Editorial Escaton, 1973.