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La Soberania de Dios y la oración (1Jn. 5:13-15)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los atributos de Dios

Cuando expuse el atributo de la Soberanía de Dios tuve que limitarme a dar una definición y a ver como se relacionaba con la creación y la salvación. Entonces dije que el tema había quedado incompleto y señalé algunos aspectos que faltaban. Como para algunos hermanos esta doctrina era prácticamente desconocida, me pidieron que hiciera otros sermones completándola y eso es lo que voy a hacer  con otro aspecto de la misma: su relación con la oración. Si Dios es soberano y hace su voluntad siempre, ¿por qué tenemos que orar? ¿Pueden nuestras oraciones cambiar las cosas al margen de la voluntad soberana de Dios? Si tenemos que hacer caso de muchos libros que andan por ahí, la respuesta sería afirmativa. Porque hay libros y sermones sobre la oración en que el elemento humano es el valor más importante: nos dicen las condiciones que nosotros tenemos que cumplir, las promesas que nosotros tenemos que "reclamar", las cosas que nosotros tenemos que hacer para que se nos concedan nuestras peticiones; mientras que lo que Dios dice, sus derechos y su gloria reciben muy poca atención.

Un autor ha expresado su queja ante un deplorable editorial que empezaba diciendo que "Dios en su soberanía ha ordenado que los destinos humanos puedan ser cambiados y moldeados por la voluntad del hombre", con estas palabras: "decir que los destinos humanos pueden ser cambiados y moldeados por la voluntad del hombre es pura incredulidad; no hay otro término para calificarlo. Si alguno discutiera esta calificación, le preguntaríamos si podría hallar un incrédulo en alguna parte que disintiera de tal forma de pensar, y estamos seguros de que no podría. El destino humano no lo decide la voluntad del hombre, sino la voluntad de Dios". En círculos evangélicos hay una frase que parece tener éxito: “la oración cambia las cosas”, pero lo que en realidad quiere decir es: "nosotros hemos de convencer a Dios con nuestras oraciones para que él cambie de propósito". Decir estas barbaridades es no conocer a Dios o reducirlo a un juguete en nuestras manos.

  1. ¿Por qué ha determinado Dios que oremos?
    ás alguien respondería: "para que podamos obtener de Dios lo que necesitamos". Si bien éste es uno de los propósitos de la oración, no es el principal porque se contempla desde el punto de vista humano y debemos analizarlo primero desde la perspectiva divina.

    1. La oración es un mandamiento para que Dios sea honrado (Is. 57:15).
      El Señor quiere que le reconozcamos cómo es verdaderamente: "alto y sublime, el que habita la eternidad". Dios exige que confesemos su poder sobre todas las cosas, como hizo Elías al pedir que lloviese, ya que declaraba que el Señor tenía el control sobre la creación entera; cuando pedimos la salvación del pecador reconocemos que la salvación le pertenece a él darla. Dios exige que le adoremos y la oración, la verdadera oración es un acto de culto, puesto que es un postrarnos ante él, invocar su nombre santo y grande, confesar su bondad, su poder, su inmutabilidad, su gracia; y al reconocer su soberanía manifestamos que nos sometemos a su voluntad. Asimismo, la oración redunda en la gloria de Dios, pues en ella reconocemos que dependemos de él.

      Cuando suplicamos humildemente, nos ponemos en sus manos y a disposición de su merced. De ahí que cuando acudimos a la reunión de oración, la primera intención no debe ser la misma que si acudiéramos al auxilio social en busca de beneficios, sino que vamos al encuentro de Dios juntamente con nuestros hermanos para honrarle, adorarle y darle gloria. Más que una reunión de pedigüeños, es un culto de hijos que quieren tener comunión con su Padre.

    2. Dios ha designado la oración como medio para crecer en la gracia (2 P.3:18). Cuando tratamos de aprender cuál es el propósito de la oración, deberíamos reparar siempre en este aspecto antes de pasar a considerarla como medio de obtener la satisfacción de nuestras necesidades. Primeramente Dios nos ha dado la oración para nuestra bendición espiritual; después para nuestra humillación al poner ante su presencia y la experiencia que su majestad produce en nosotros, el reconocimiento de nuestra nulidad e indignidad; en tercer lugar nos ha dado la oración para ejercer nuestra fe, una fe engendrada por la Palabra de Dios, pero ejercitada por la oración; en cuarto lugar la oración lleva al amor a obrar y por las respuestas otorgadas a nuestras oraciones, nuestra amor a Dios aumenta (Sal. 116:1).

    3. Dios ha mandado la oración para que busquemos de él las cosas que necesitamos (Mt. 6:8).
      La oración no tiene por objeto informar a Dios como si él no supiese las cosas, sino para reconocer que ya sabe de qué cosas tenemos necesidad. Por tanto, oramos porque nos manda orar (1 Ts. 5:17, Lc. 18:1). También declara la Biblia que la oración de fe salvará al enfermo y la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho (Stg. 5:15-16).

  2. ¿Cómo se relaciona la soberanía de Dios y la oración?
    Ante todo debe quedar claro que la oración no tiene por objeto alterar el propósito de Dios. Él ha establecido que ciertos acontecimientos tengan lugar, pero también ha querido que sucedan a través de los medios que ha designado para su cumplimiento. Por ejemplo, ha elegido a ciertas personas para ser salvas, pero al mismo tiempo ha establecido que lo sean por medio de la predicación del evangelio. El evangelio es un medio, la oración es otro para el cumplimiento de su consejo eterno.

    1. El propósito de Dios es que su voluntad se cumpla (Jn. 17:5).
      Y esto conforme a sus propias condiciones de la súplica y el ruego. ¿Acaso no sabía con certeza Jesús que después de su muerte y resurrección sería exaltado por el Padre? Claro que lo sabía, sin embargo, está pidiendo ser glorificado. Nuestras creencias sobre la oración han de ser revisadas y conformadas a las Escrituras. Una idea común de algunos es: me presento ante Dios, le pido algo que necesito y espero que me lo dé.

      Pero esta idea es rebajar a Dios a la categoría de siervo, hace lo que le decimos, cumple nuestra voluntad y concede nuestros deseos. Pero no es eso, orar es presentarnos ante Dios, contarle nuestra necesidad, encomendarle nuestros caminos y dejar que haga según a él le parezca mejor. Así someto mi voluntad a la suya, (no se haga mi voluntad sino la tuya).

    2. Dios ha limitado las promesas dadas a los que oran (1 Jn. 5:14).
      ¿Podemos pedir cualquier cosa que queramos? (Jn. 14:13). Sí, pero su promesa no da carta blanca a los que oran. ¿Qué es pedir en nombre de Cristo? Más que una fórmula para terminar la oración es solicitar algo a Dios Padre que ha de estar necesariamente de acuerdo con lo que Cristo es. Es pedir como si Cristo mismo fuera el que hiciera la súplica. La verdadera oración es comunión con Dios, de modo que habrá pensamientos comunes entre su mente y la nuestra. Es necesario que él llene nuestros corazones con sus pensamientos, para que sus deseos se conviertan en nuestros deseos y éstos vuelvan de nuevo a él. El punto de unión entre la soberanía de Dios y la oración cristiana es 1 Jn. 5:14: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad él nos oye”. 

Conclusión.
La oración no es tanto un acto como una actitud; una actitud de dependencia de Dios. Es la confesión de nuestra debilidad e impotencia y el reconocimiento de nuestra necesidad, la cual presentamos ante Dios.