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Ayuda, servicio mútuo y gozo - Ga. 6:1-18

por Pedro Puigvert
Sermones sobre la Libertad cristiana

Llegamos a la recta final de la epístola en la que Pablo se dispone a aplicar la enseñanza general de la porción anterior (5:13-26) a situaciones más concretas. Si por un lado, se debe renunciar a la envidia mutua (v. 26) y a la provocación, por otro se debe promover la ayuda y el servicio mutuos. Empieza por citar la circunstancia de que un hermano hubiera cometido alguna falta o transgresión en la que hubiera sido sorprendido, un término éste cuyo sentido preciso es incierto: podría significar que un creyente se ve envuelto de forma inadvertida en algo incorrecto o que ha sido encontrado haciéndolo por otro sin esperarlo.

El pecado se incluiría entre las obras de la carne y a todas luces no estaría manifestando el fruto del Espíritu. No importe la forma que tome, el ofensor debe ser rehabilitado con espíritu de mansedumbre, un aspecto del fruto del Espíritu. El transgresor no es alguien que practica el pecado, sino un hermano que ha tenido una caída ocasional que le hace sentir culpable. Los verdaderos pneumatikoi (espirituales) son los que deben acometer la restauración, puesto que ellos viven vidas controladas por el Espíritu de Cristo. Quizás algunos se consideraban más espirituales que otros en aquellas iglesias, pues bien la prueba de si esto es verdad se verá en el modo en que ponen al que ha tropezado en el camino correcto. Reconocer fe la propia vulnerabilidad ante la tentación, prevendría de autojustificaciones en el trato de los que han caído, (v. 1).

  1. 1. Sobrellevar las cargas mutuas (vv. 2-6)

    1. Una obligación moral (vv.2,6).
      El imperativo sobrellevad incluye todo lo dicho en el v.1. La obligación de llevar la carga es recíproca, pero recae sobre los espirituales una responsabilidad especial para que lleven las cargas de los débiles (Ro. 15:1). Llevar las cargas de otros es una cualidad divina (Sal. 55:22) de la que encontramos un eco en 1 P. 5:7. Obedecer este precepto es asemejarnos a Dios. Algunos exegetas han visto aquí que Pablo anima a los miembros de la iglesia a que compartan una carga financiera común, como el mantenimiento de los misioneros y maestros (v. 6). El participar de toda buena obra al que lo instruye es un ejemplo de ayuda mutua: el maestro alivia la ignorancia del alumno y el alumno debería aliviar al maestro de preocupación por su subsistencia. Se trata de una manera de afirmar el principio de que "el obrero es digno de su salario" (Mt. 10:10,1 Ti. 5:18). El cumplir la ley de Cristo no se diferencia en esencia del mandamiento del amor al prójimo (5:14).

    2. Una advertencia solemne (vv. 3-4).
      Este dicho paulino tiene sentido en el marco de la situación por la que atravesaban las iglesias de Galacia, ya que se trata de un aviso contra el orgullo espiritual, porque el que se cree ser algo especial cuando es un cero a la izquierda cae en el autoengaño. Los gálatas no debían tener un concepto más alto de sí que el que debían tener (Ro. 12:3). Poner en práctica los principios del evangelio es la mejor forma para creernos superiores a los demás y por eso Pablo enfatiza la responsabilidad personal (v. 4). No es tarea del cristiano señalar o juzgar el ministerio de otro, cada uno responderá a Dios de sí mismo. El autoexamen cristiano se realiza a la luz de la ley de Cristo. No podemos medirnos a nosotros mismos comparándonos con otros, como hacía el fariseo de la parábola (Le. 18:11).

    3. Una máxima común (v. 5).
      Esta máxima es aplicable a gran variedad de situaciones. Pero en este contexto se refiere a la responsabilidad propia ante Dios. Porque cuando comparezcamos ante el tribunal de Cristo, cada uno dará cuenta de sí mismo (Ro. 14:12). La semejanza de este v. con el v. 2 es fortuita ya que no tiene el mismo sentido.

  2. La necesidad de hacer el bien a todos (v.7-10)
    En esta porción tenemos una de las leyes naturales más repetidas por los cristianos: la ley de la siembra y la siega. Empieza con una advertencia negativa propia de Pablo: "no os engañéis" (1 Co. 3:18, 6:9) y sigue con una afirmación:

    1. Dios no puede ser burlado (vv. 7-8).
      En el original usa la expresión "mover el hocico" por burla o por desprecio y sólo se encuentra aquí en todo el NT. La burla o el desprecio de Dios se hallaba en el comportamiento de quienes pretendían ser cristianos perfectos y se jactaban abiertamente de su piedad (5:26), pero al mismo tiempo estaban segando de la carne. Se trata de una máxima que aplica una ley de la naturaleza a la conducta humana (Os. 8:7). Sembrar para la carne es practicar aquello que está incluido entre las obras de la carne; esta siembra no puede producir cosecha para el reino de Dios, sino la cosecha de la destrucción, como en la parábola del trigo y la cizaña (Mt. 13:24-30). Probablemente, Pablo pensaba en ciertas obras de la carne como las disputas y la envidia, a las que los gálatas eran propensos (5:15). Por otra parte, sembrar para el Espíritu, es cultivar el fruto del Espíritu y recoger vida eterna. Cualquiera que no creyera verdaderamente en esta cosecha o que pensara que la ley de la siembra y la siega podría ignorarse sin peligro, de hecho estaría tratando a Dios con desprecio.

    2. Exhortación a la perseverancia (w.9-10).
      Exhortaciones como ésta son comunes en los escritos paulinos (2 Ts. 3:13). La frase aparece precedida por una negación. Los cristianos debemos perseverar en una vida santa y no cesar de trabajar para hacer el bien, que equivale a sembrar en el Espíritu. Los que actúan sin desanimarse o cansarse recogerán la cosecha correspondiente a su debido tiempo, que es el tiempo del cumplimiento de las promesas de Dios en la consumación final. Por eso, en el tiempo presente, en que Pablo quizás tiene en mente la colecta para Jerusalén (2 Co. 9:6-9), el v. 10 describiría las contribuciones al fondo como una forma de sembrar que traerá a los donantes una cosecha de bendición eterna. Este pasaje, pues, puede que tenga una intencionalidad específica como exhortación a participar en la colecta para los santos de Jerusalén. Aunque debemos hacer el bien a todos, con mayor razón a los que pertenecen a la misma familia espiritual, en cualquier lugar y circunstancia.

  3. El gozo en la cruz de Cristo (vv. 11-17)
    Muchos se pueden jactar de sus logros, una referencia a los judaizantes, pero Pablo sólo quería gloriarse en la cruz de Cristo. Lo más probable es que el apóstol hubiera dictado la carta y ahora quería poner el sello de su propia letra con caracteres grandes debido a su problema de la vista.

    1. La jactancia en la carne (w. 12-13).
      Mientras Pablo se preocupaba por la vida espiritual de sus convertidos, a los judaizantes les importaba más una señal externa producida en la carne para ganar adeptos. El verbo griego traducido por "agradar" significa literalmente "dar un bonito espectáculo". Con la obligación   de circuncidarse, trataban de evitar la persecución de los fanáticos judíos. Pero ni   ellos que estaban circuncidados guardaban la ley, ¿cómo querían imponerla a los demás?

    2. El gloriarse en la cruz de Cristo (14-17).
      Es difícil para nosotros captar el significado de estas palabras porque la cruz se ha convertido en un símbolo sagrado, pero en el siglo I era un instrumento repugnante que producía horror, hasta el punto que obviaban pronunciar la palabra cruz y decían de los crucificados que "estaban colgados de un árbol infeliz". Con estas palabras Pablo trastrocaba todo el orden de valores de aquella sociedad. El término "mundo" tiene el
      sentido del poder que se opone a Dios y se contrapone al Espíritu. En este "mundo" dominan el pecado, la muerte y la ley, y estar crucificado al mundo forma parte del estar crucificado con Cristo. La cruz es la obra redentora de Cristo, tal como el apóstol la ha explicado a lo largo de toda la carta. Consecuentemente, la circuncisión no tiene ningún valor, sino la nueva creación que es la nueva vida en Cristo de todos aquellos que han creído en él y han sido justificados.
      Los que siguen esta regla son "la nueva creación" y el Israel de Dios es una referencia a la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios. Cierra su argumento pidiendo que nadie se inmiscuya en su vida porque es un esclavo que lleva en su cuerpo las marcas de Jesús, es decir, en contraste con la marca de la circuncisión él lleva el signo de los padecimientos por Cristo en su labor misionera.

Conclusión (v. 18). En la bendición final repite la "gracia" del saludo inicial. (Flm. 25). Con vuestro espíritu es una variante de Ro. 16:20 "sea con vosotros".