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Guardarás el dia de reposo para santificarlo (Dt. 5:12-15)

por Pedro Puigvert
Sermones sobre los Diez Mandamientos

 
Después de exponer el cuarto mandamiento, algunos hermanos notaron que se habían quedado fuera algunos aspectos prácticos importantes y me pidieron que ahondara más con una exposición complementaria. Esto es lo que he hecho con mucho gusto porque las derivaciones de la ley moral son múltiples.
En la exposición que sigue consideraremos principalmente que cesar de trabajar un día a la semana es para santificarlo al Señor (Dt. 5:12), subrayando la aplicación práctica de la separación para dedicar el domingo a Dios.

  1. La preparación del día de reposo
    El domingo debería tener carácter de acontecimiento para el cristiano ya que debe santificarlo. Si es un día tan importante, tendríamos que prepararnos adecuadamente. El día de reposo judío empezaba a la puesta de sol del viernes hasta la puesta de sol del sábado.
    Nuestra preparación debería consistir ante todo en realizar la tarde del sábado todas aquellas labores que tenemos pendientes para que no nos obliguen a tener que hacerlas en domingo. Evidentemente no podemos caer en la esclavitud legalista de las prohibiciones, como hacían los fariseos del tiempo de Jesús, pero sí podemos sacarnos de encima las cargas evitables en domingo.
    No se trata de ponernos leyes, sino de vernos libres de ataduras del mundo para que tengamos tiempo para descansar , recordar y adorar. Por eso es bueno que hayamos hecho las compras y preparado la comida el sábado y abstenernos de las tareas domésticas en domingo. Los estudiantes deberían hacer sus tareas y ejercicios igualmente en sábado.

    El misionero presbiteriano escocés John Paton, que fue bendecido por el Señor con la conversión de la mayoría de indios de la isla de Aniwa en el Pacífico en el siglo XIX, explicó que la vida de las personas fue transformada de tal manera que los miembros de la tribu acabaron llamando al sábado el “día de cocinar”, ya que en sábado preparaban toda la comida para el domingo y así pasar más tiempo en adoración en el día del Señor.
    Esto no es nada nuevo, pues tenemos un ejemplo en Éx. 16:22-25. Otra forma de prepararse es descansar bien la noche antes y levantarnos el domingo con tiempo suficiente –para leer un texto y orar o quizás ver los programas evangélicos por televisión- y llegar a la iglesia con tiempo y sin prisas.
    Minutos antes de empezar el culto, estaremos en actitud reflexiva y orante porque la adoración que seguirá tiene que ser una experiencia inefable renovable cada primer día de la semana. Ir al encuentro del Señor sacando la papilla no es el mejor método para apodarle correctamente en el culto.

  2. La disciplina en el día de reposo (Lc. 4.16)
    El ejemplo de Jesús asistiendo a la sinagoga en el día de reposo debería ser un modelo para nosotros y la costumbre un hábito individual y familiar, no una rutina.

    Encontrarnos con el Cristo resucitado es todo un acontecimiento si lo esperamos con expectación (Matanatha). Solamente la enfermedad sería el impedimento de la costumbre, no el ocio, ni el placer o el cansancio (He. 10:25).
    Algunos creyentes no va a la iglesia cuando están de vacaciones o cuando reciben la visita inesperada de unos amigos o parientes. No es que estén ejerciendo la libertad cristiana, sino más bien les sirve de excusa para “tomarse el día libre”.
    Un argumento bíblico importante señala que guardar el día de reposo es una forma de estar anticipando la eternidad (He. 4:9-11). Los creyentes que peregrinan hacia la casa del Padre quieren estar cerca de todo lo que les recuerda que un día lo disfrutarán en su misma presencia y formar parte de aquello que les ayude a pensar en la eternidad.
    Pero lo contrario también es verdad. Los que no encuentran ningún valor en las cosas espirituales preferirán distraer la mente en otras cosas. En muchas iglesias la vida familiar se altera en domingo y los hijos ven menos a sus padres por estar involucrados en múltiples actividades.

    En estos casos, las iglesias harían bien en redefinir su programa de reuniones en función del triple propósito de reposo, conmemoración y adoración, y asegurarse que las familias tengan tiempo para estar juntas.

  3. Impedimentos para guardar el día de reposo
    Otro de los asuntos que me preguntaron fue en relación con los que tienen necesidad de trabajar en domingo y no pueden guardar el descanso.
    Quizás aquí conviene hacer una distinción entre los que prestan un servicio imprescindible a la sociedad y los que trabajan por ánimo de lucro.
    En el primer caso están los médicos y las enfermeras, los policías, los bomberos, los ministros del evangelio, etc., los cuales entrarían en la categoría de las palabras de Jesús: “misericordia quiero y no sacrificio, porque el día de reposo fue hecho a causa del hombre, y no el hombre a causa del día de reposo y mi Padre hasta ahora trabaja y yo trabajo” (Mt. 12:7, Mr. 2:27 ,Jn.5: 17).

    Sin embargo, estos profesionales tendrán un día de fiesta a la semana y este día deben santificarlo como si fuera domingo. En el segundo caso están aquellos que quieren trabajar en domingo porque ganan más dinero sin que nadie les exija que lo hagan.
    Entonces el móvil no es laborar a favor del prójimo, sino por amor al dinero (1 Ti. 6:10). En un tercer caso, la situación del mercado laboral no nos permite tomar la opción de rechazar un empleo que exige trabajar en domingo porque entonces podríamos quedarnos en el paro.
    En muchos lugares, los comercios ya han cerrado sus puertas a los cristianos que se niegan a trabajar en domingo. Otro aspecto es el turno en las industrias y en los servicios, y no toca más remedio que trabajar en el día del Señor o quedarse sin trabajo. Nosotros no vivimos en la teocracia de Israel en tiempos de Moisés cuando la sociedad se regía por las leyes divinas.

    Los cristianos del primer siglo tampoco tenían este privilegio, ya que el domingo era un día laborable y además estaban los esclavos creyentes que tenían amos paganos y no podían guardarlo. Otro problema actual es el de los ejecutivos que deben viajar en domingo para estar el lunes en algún lugar del mundo para hacer la labor que les exige su empresa.

    La casuística podría alargarse con múltiples ejemplos. De todas maneras debemos estar preparados para afrontar los impedimentos que nos obligan a elegir entre un empleo en que debemos trabajar todos o varios domingos al mes o quedarnos sin trabajo. La opción que adoptemos debe ser hecha en conciencia delante del Señor. Sin embargo, cuando podemos elegir entre trabajar en domingo o no, nuestro deber está claro.

Conclusión: Como hemos visto que ocurre en todos los mandamientos, el cuarto es para nuestro bien. No es un día para hacer lo que queramos, pues podemos actuar libremente siempre que lo que hagamos cumpla con el triple propósito de descanso, recuerdo y adoración. Necesitamos preparar el domingo, celebrarlo disciplinadamente y solventar los impedimentos en oración al Señor.