Església Evangèlica
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La espera del retorno de Cristo
(2P. 3:1-13)

por Pedro Puigvert


Anciano de la Asamblea de Hermanos de Barcelona Av. Mistral, 85-87 es Presidente y profesor del CEEB en donde enseña Hermenéutica Bíblica, Teología Sistemática (Bibliología, Cristología y Escatología) y Catolicismo Romano. Director de la revista de orientación bibliográfica Síntesis y colaborador de Edificación Cristiana". Diplomado en Teología por el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos (CEEB) es también Bachiller en Ciencias Bíblicas por el Centro de Investigaciones Bíblicas (CEIBI). Ha sido Presidente de la Alianza Evangélica Española; del Consell Evangèlic de Catalunya y Secretario General de la Unión Bíblica durante treinta años.


El tiempo de adviento fue pensado para recordar, no sólo el advenimiento de Jesús de manera humilde, sino también su regreso, puesto  que  abarca ambas venidas y de ahí que hoy hayamos leído un texto referente a su retorno glorioso que quisiera enfocar desde la perspectiva de la espera sin pasar por alto su encarnación. Aunque el origen de la celebración del adviento es incierto, hay testimonios del siglo IV que lo recogen   como un tiempo de preparación  para conmemorar el advenimiento del Señor Jesús a este mundo, así como de esperanza en su regreso glorioso.  
  En el mundo en que vivimos la mayoría de las cosas están marcadas por la inmediatez, todo lo queremos al instante, pero nosotros debemos recuperar el sentido del tiempo y de la historia y descubrir la importancia de la duración (v.9).El paso del tiempo  posibilita la maduración, es decir, la fidelidad. El cristianismo es un ejemplo de eso. La espera  del cumplimiento de la promesa  ha sido siempre uno de los pilares fundamentales  de la fe cristiana. Si nos remontamos a la iglesia apostólica, la esperanza en la venida final de Cristo es la que ha movido a los cristianos a dirigir su mirada hacia el futuro aguardando la  manifestación gloriosa del Señor.

  1. La  parusía o venida de Cristo.
    1.   Significado del término parusía. La palabra que en nuestro texto ha sido traducida por  venida (vv.4, 12) en el original es “parusía”, pero ¿cuál es su significado? Además de venida significa también “presencia”.En su uso profano era un término que designaba la entrada solemne y triunfal de un soberano griego en una ciudad conquistada sobre la que en adelante iba a ejercer su poder. La comparación es fácil de hacer, los escritos apostólicos adoptan el término para designar el acontecimiento glorioso de la venida de Cristo como Señor al fin de los tiempos tal como dice Pedro (v.12).
    2.   La doble o triple  parusía de Cristo. A partir del siglo II, con Justino sobre todo se empieza a hablar de las dos parusías de Cristo: la primera humilde y sufriente ha sido la venida en carne; la segunda, aún por llegar, será en cambio majestuosa y celestial Más adelante surge la idea de una tercera que se coloca entre la primera y la segunda. Es un acontecimiento intermedio perceptible únicamente con los ojos de la fe. El Señor nunca deja de venir a nosotros por la Palabra de Dios y por el Espíritu (Jn. 14:23), pero de manera especial viene a la iglesia reunida en el culto del partimiento del pan en respuesta a la invocación del pueblo de Dios Maran-ata [¡Señor nuestro ven!] (1 Co. 16:22). En este tercer sentido la parusía del Señor es una morada permanente.
    3.   La espera de la parusía por la Iglesia. (v. 9). En la iglesia apostólica se vivía la espera del regreso de Cristo de manera apasionada, como deja entrever Pedro aquí por la tensión entre los que se burlaban de la tardanza y los que la esperaban. Los primeros credos de la Iglesia recogen esta doctrina con la frase que hace referencia a “Aquel que volverá glorioso a juzgar a los vivos y a los muertos. Esperamos  la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”.
  2. La parusía, una espera  siempre presente
    1.   La llegada del reino de Dios (Mr. 1:15).Por la encarnación o parusía en carne y la pascua de Dios el Hijo, el reino de Dios ha irrumpido en nuestra historia, la era mesiánica de la salvación y de la gracia ya ha empezado (Mr. 1:15). Notemos la frase: “se ha acercado”. El tiempo verbal nos dice que el acontecimiento ha ocurrido ya, pero que la acción perdura. Una nueva realidad está aquí, la victoria sobre la muerte y el pecado ha tenido lugar y el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones, pero falta la consumación o triunfo final. Jesús, con su venida  inauguró los últimos tiempos y ahora esperamos  su parusía o intervención final para cerrar este período de la historia.
    2.   La paradoja del retraso de la parusía (vv.8-9). Mientras por un lado el reino de Dios está presente en el mundo, al mismo tiempo sigue siendo una realidad futura. El mal sigue afectando nuestras existencias y nuestro mundo. A nosotros nos incumbe trabajar  por la justicia, el amor, elconsuelo y la vida. La gloria de Dios y de sus hijos sigue provisionalmente velada y diferida, aguardando el momento de la plenitud de su revelación (Ro, (:8:18) Se produce una tensión: la salvación es una realidad presente y a la vez futura, descrita admirablemente en una frase por Cullmann; “el ya, pero todavía no” y Pablo lo ilustra con un alumbramiento (Ro. 8:22-23). El cumplimiento de la salvación ya ha comenzado, pero persiste la espera de su culminación. Esta espera se halla reflejada en la segunda petición del Padrenuestro “venga tu reino”, un reino que ha venido, está viniendo y vendrá. Mientras tanto, el Señor, para quien un día son como mil años  y mil años como un día, no retrasa el cumplimiento de su promesa sino que usa la paciencia para que todos puedan obtener  la salvación. Desde esta perspectiva, el pretendido retraso de la parusía   no puede atribuirse a Dios, sino a los hombres, cuya lentitud en responder al evangelio “estorba” en cierto modo la manifestación final del reino de Dios. Como dijo Agustín: “Dios que te ha creado sin ti no te salvará sin ti”.
  3. La expectativa de la parusía (vv.9-14)
    La respuesta de Pedro a los burladores es que Dios no está retrasando el regreso de Cristo como si se hubiese olvidado de la promesa, sino que está esperando con el propósito de poder  revelar su amor, compasión y paciencia a los pecadores. Está dando lugar para al arrepentimiento y la conversión  ya que no desea que nadie perezca.
    1. Una expectativa para incentivar a una vida consagrada (v.11). Nuestra anticipación de la segunda venida  debe afectar la calidad de nuestra vida de maneras diferentes.
      1. La aparición futura  de nuestro Señor debe movilizarnos para ser fieles al encargo que Dios nos ha dado, como lo hizo Pablo con Timoteo (1 Ti.6:14).
      2. Si permanecemos en Cristo, estaremos confiados y no seremos avergonzados delante de él cuando aparezca (1 Jn. 2:28).
      3. El ser fieles y sabios administradores de lo que Dios haya puesto a nuestro cuidado es otro modo de mostrar que estamos listos para el retorno del Señor (Lc. 12:41-48).
      4. Nuestra expectativa del regreso de Cristo debe ser un incentivo constante a vivir por él y por su reino y a buscar las cosas  que con de arriba, no las cosas que son de la tierra. Muchos critican a la iglesia, a veces con  razón, porque según ellos esta expectativa conduce  al inmovilismo , pero por el contrario debe llevarnos no sólo a andar en santidad y a vivir piadosamente, sino a proclamar el evangelio de la gracia, porque la paciencia del Señor es para salvación (v15ª).

Conclusión
. Si aceptamos que el tiempo de la Iglesia es un tiempo de espera en la parusía y de los cielos nuevos y la tierra nueva en la consumación de los siglos, viviremos en esta expectativa. En el fondo todo se ha cumplido ya con el advenimiento del Hijo de Dios en la encarnación: Dios ha venido a habitar entre los hombres, ha revelado su amor y nos ha salvado. Pero todavía falta algo, porque ahora es Dios quien aguarda al ser paciente porque no quiere que ninguno perezca, sino que todos se arrepientan y sean salvos.