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EL MOVIMIENTO DE LOS HERMANOS

Durante las dos primeras décadas del pasado siglo XIX, el Espíritu Santo produjo un avivamiento entre hombres y mujeres, que en el correr de los años recibirían el nombre de "Hermanos abiertos".

Las grandes denominaciones protestantes, Anglicanos, Luteranos, Presbiterianos, Bautistas, Metodistas y otras estaban establecidas y organizadas, formando compartimentos estancos, con poca comunión entre ellas.

Fue, en parte, como reacción a esa situación, que hermanos y hermanas de diferentes denominaciones volvieron a la sencillez del Nuevo Testamento, orando, leyendo la Biblia y más tarde, Partiendo el Pan juntos.

Esta situación se hizo simultánea en diferentes lugares, de forma que es difícil determinar exactamente donde empezó. El movimiento fue autóctono en Irlanda, Inglaterra, Suiza francesa e Italia. Rápidamente se extendió a América del Norte, Australia, Nueva Zelanda y luego a muchos países de los cinco continentes, entre ellos España.

Las Asambleas de Hermanos en la Suiza francesa se iniciaron a principios del siglo XIX y fueron el resultado directo del avivamiento que se produjo en la ciudad de Ginebra. La primera Iglesia independiente en la ciudad fue fundada en 1817 y tomó como nombre "Iglesia según la Palabra de Dios"; esta Iglesia reconocía a Pastores y Ancianos. En menos de diez años ya estaban establecidas doce o quince Iglesias semejantes en la Suiza francesa.

La fecha comúnmente aceptada como inicio del movimiento en la Gran Bretaña es entre 1825-28, aunque se encuentran claros indicios de su gestación en diferentes lugares en fechas anteriores.

En Italia, el movimiento fue autóctono, pero tuvo lugar con posterioridad y puede decirse que fue el resultado de volver a la sencillez del evangelio de algunos valdenses del Piamonte. En 1851 se convirtió el Conde Guicciardini, quien inició reuniones en Florencia. Por causa de la persecución tuvo que exiliarse en Inglaterra, donde fue recibido por las Asambleas de Hermanos. A partir del momento en que pudo regresar a Italia, las Asambleas en Italia guardaron una íntima relación con las de Gran Bretaña.

En aquellas primeras y sencillas reuniones, lo que importaba era el "nuevo nacimiento" de los que se reunían, sin tener en cuenta la denominación de la que procedían, ni la forma en que habían sido bautizados (por aspersión o por inmersión).

Se leía y estudiaba la Biblia sin los condicionantes de las escuelas teológicas, pero esto no quiere decir que esos primeros hermanos no tuviesen grandes y profundos conocimientos bíblicos.

Algunos de ellos procedían del "Trinity College" de Dublin , otros eran auténticos eruditos en griego y hebreo, otros ejercían profesiones liberales con títulos universitarios en diferentes materias.

Algunos pertenecían a la aristocracia y poseían títulos nobiliarios e importantes fortunas, otros eran obreros sin posesiones. Como su número iba en aumento empezaron a reunirse en garajes, en almacenes o en locales alquilados. Aunque no existía ninguna clase de organización que los aglutinase tenían rasgos comunes:

1. Un espíritu de comunión y fraternidad. Por encima de todo lo que humanamente podía separar, lo que prevalecía era la unidad en Cristo; todos los "nacidos de nuevo" eran hermanos en Cristo.

2. El leer la Biblia, orar y tener reuniones, sin necesidad de que fuesen presididas por un Pastor ordenado y con determinados estudios.

3. La gran importancia que se daba al libre ejercicio de los dones del Espíritu Santo, sobre todo a los de enseñanza, de pastoreo y de evangelización

4. El Partimiento del Pan que se realizaba todos los domingos y que era de libre participación para todos los hermanos.

5. El sacerdocio universal de todo nacido de nuevo, en la adoración, la oración y el testimonio.

6. El volver a las profecías de la segunda venida de Cristo, que habían quedado un tanto olvidadas.

7. La importancia de la Iglesia local. Las Asambleas tenían vida autónoma y estaban gobernadas por un Consejo de Ancianos. Rápidamente el único bautismo que se reconoció fue el de inmersión. Darby, antiguo pastor de la Iglesia Anglicana, fue la excepción, al seguir reconociendo el bautismo por aspersión.

8. La obra social. Son universalmente conocidos los orfanatos de Jorge Müller y las escuelas que se establecieron en muchos lugares.

9. La obra misionera. No solo evangelizaban en sus ciudades y los alrededores, sino que muchos de ellos también fueron a países lejanos para llevar el evangelio a "todo el mundo" y a "toda criatura".

El nombre de "hermanos" fue dado desde fuera del movimiento, ya que llamaban "hermano" a todo aquel que era "nacido de nuevo". El llamarse "Hermanos", con mayúscula y como signo distintivo, provocó y aun provoca muchas reticencias, porque los que iniciaron el movimiento no pensaban crear una nueva denominación.

Dada la importancia que adquirió la Asamblea en la ciudad inglesa de Plymouth, que en quince años de vida llegó a tener más de mil miembros activos, al nombre "hermanos" se le añadió el apellido "de Plymouth": "Hermanos de Plymouth". Esta denominación ha quedado en desuso.

El último domingo de 1845, a los veinte años de iniciarse el movimiento, tuvo lugar un cisma que lo dividió en dos partes bien diferenciadas; los de "comunión abierta", que había sido una de las características distintivas, y los de "comunión cerrada", que decidieron que sólo podían participar del Partimiento del Pan los que fuesen miembros de su círculo.

John Nelson Darby (1800-1892), descendiente del Almirante Nelson, Pastor de la Iglesia Anglicana, a la que abandonó para incorporarse al "movimiento de los hermanos", fue un siervo de Dios de gran personalidad, erudición y profundos conocimientos bíblicos, aunque nunca llegó a renunciar al bautismo infantil por aspersión. Este siervo de Dios estuvo en la base y dio forma a los "Darbistas", "exclusivistas" o "Hermanos cerrados", tres nombres con los que se les conoce.

John Nelson Darby mantenía la doctrina de "la apostasía de la Iglesia". Sostenía que la Iglesia, sin apóstoles ni sucesores de éstos, carecía de capacidad para reconocer a sus ministros. Por lo tanto, los verdaderos creyentes debían reunirse al margen de toda institución o estructura. Estos grupos separados, no sólo impartieron disciplina sobre individuos, sino también sobre Iglesias. Todo miembro de otra iglesia que no formase parte de su grupo también quedaba excluido de la Mesa del Señor.

Así se formó el "circulo de asambleas", del cual Darby era la autoridad suprema y que como resultado de su extraordinaria firmeza se mantuvo unido hasta su muerte en 1882.

Su influencia se dejó sentir mayormente en Inglaterra, en la Suiza francesa, donde efectuó una traducción de la Biblia que lleva su nombre, y en Alemania, donde participó en una traducción la Biblia al alemán, la Traducción Elberfeld. En España también se establecieron algunas Asambleas "exclusivistas", aunque hoy están en vía de extinción.

Los "Hermanos cerrados" no crecieron. Recientemente, en Suiza y Alemania, bastantes de las Asambleas cerradas han vuelto a la comunión de las Asambleas abiertas. Así pues, nuestr 19-Ene-2015ate --> distinguirnos de los "Hermanos cerrados".

Después de la división, las Asambleas abiertas continuaron con su ímpetu evangelístico y misionero. Tan paradójico como el cisma producido por Darby, fue la aparición en muchos países de una tendencia "cerrada" dentro de los "Hermanos abiertos". Esta tendencia, aunque no es tan cerrada como el "Dar-bismo exclusivista", produce tensiones y pone en peligro la comunión dentro del grupo.

Al aceptar la etiqueta de "Hermanos abiertos", lo hacemos con profunda humildad, reconociendo que si continuamos, no es por ningún mérito propio, sino solamente por la fidelidad y la Gracia de Dios.

Junto con todos nuestros "hermanos", en minúscula, lleven la etiqueta que sea, proclamamos: "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre... a El sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén" (Ap. 1:5-6).

 

Fuente: Publicación conmemorativa del "125 Aniversario de las AA.HH. en Cataluña" - Església Evangèlica c/ Terol 22